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Lurrie Bell – The Blues Caravan Live At Pit Inn (1983)

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 Todos conocemos la historia (o leyenda) de Robert Johnson, quien vendió su alma al diablo en un cruce de caminos (crossroads). Lurrie Bell quiso romper ese mito con su disco The Devil Ain't Got No Music («El diablo no tiene música»). Para él, el blues es puramente espiritual y celestial.   Lurrie Bell nació en 1958 en Chicago, Illinois. Es hijo del legendario armonicista de blues Carey Bell. Creció viendo a Muddy Waters, Eddie Taylor y Sunnyland Slim ensayar en su propia casa. Con seis años comenzó a tocar la guitarra y a los ocho se trasladó a vivir a Misisipi con sus abuelos. A los 17 años volvió a Chicago y formó Sons of the Blues junto a Billy Branch y Freddy Dixon (hijo de Willie Dixon). Durante la década de los 80 cayó en severas adicciones y problemas de salud mental que lo llevaron a vivir en la indigencia. En 1989 publicó su primer disco, Everybody Wants To Win. En los 90 resurgió de sus cenizas lanzando Mercurial Son (1995). De su amplia discografía, de casi una vei...

FIREFALL - Firefall (1976, Atlantic Records)

 Podrían ser de Boulder, Colorado, pero se notaba que los Firefall, aunque provenían del centro del país, ya era un centro que tiraba a la costa oeste; a esa mitificada west coast de preciosas voces y excelente melosidad soft rock. Éste, su primer elepé, databa de 1976, dos años tras su fundación. Los miembros de la banda venían de baquetearse junto a gente como Gram Parsons o Chris Hillman (algo que se nota de sobra); de hecho, el baterista Michael Clarke había servido con honores junto a The Byrds y The Flying Burrito Brothers. Este álbum de debut, que se inicia con una versión de uno de los temas del Manassas de Stephen Stills y compañía (“It Doesn’t Matter”), es una auténtica piedra preciosa del género. Delicado contenido para los que aman los vientos californianos.



La historia de Clarke, Mark Andes, Jock Bartley, Rick Roberts y Larry Burnett como Firefall se inicia por medio de una maqueta de tres temas que el propio Chris Hillman produce. Cuando los cazatalentos de Atlantic Records los vieron sobre un escenario, no tuvieron la menor duda: Firefall será nuestro nuevo fichaje. Por lo que gracias a la demo y a su buen hacer en directo, el quinteto se vio firmando un contrato para varios discos de estudio. Así que acto seguido meten al conjunto en el Criteria Studio A de Miami y le asignan a Jim Mason para las labores de producción. La autoría del tracklisting, a excepción de la revisión al principio nombrada, se la dividen entre Burnett y Roberts; es decir, cinco estarán firmadas por el primero y cuatro por el segundo. Rick, de los dos, parece siempre el que mayor querencia tiene por el sonido que popularizasen los America en la primera mitad de los años 70; aunque la verdad es que las creaciones de uno y otro se combinan con naturalidad para que el desarrollo de los minutos tenga la coherencia esperada.



Sus tres sencillos de presentación, repartidos sobre el tapete radiofónico entre 1976 y el año siguiente, iniciaron a los ya acólitos a lo softy a un nuevo nombre en la escena que continuaría con los movimientos cadenciosos en su pronto en llegar Luna Sea –otro acierto que incluso les consiguió mejores puestos en las listas estadounidenses–. Y es que las tres carabelas de Firefall, que no eran otras que los singles “Livin’ Ain’t Livin’”, “You Are The Woman” y “Cinderella” –ante todo el segundo–, les permitieron salir de gira con nombres ya establecidos como The Doobie Brothers, la ELO, Fleetwood Mac o The Band.

por Sergio Guillén

https://sguillenbarrantes.wordpress.com



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