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LA ESCENA DE CANTERBURY 12: Henry Cow

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 No todo en la llamada escena de Canterbury es simpático, agradable, melódico, interesante o entretenido porque en las músicas que quieren ser “diferentes, arriesgadas y únicas” siempre hay aspectos que yo denomino “hacerlo raro es inmune a la crítica” para atrapar al snob y conseguir una especie de “élite intelectual superior avanzada en el tiempo”. Dejad que me explique o al menos lo intente.  No habéis oído alguna vez eso de “no sé si es una mierda o una obra maestra”. Pues todo arte de los últimos cien años se puede denominar así. Lo voy a poner más sencillo. Cuando en los años de la primera mitad del siglo XX se llegó a la conclusión de que los conservatorios y los estudios académicos determinasen la “libertad de formas” y que había que profundizar en el estudio de la música atonal, serial y aleatoria y sus caprichos electrónicos ya fuesen orgánicos o artificiales, de alguna forma hicimos algo bastante habitual en los humanos: complicar innecesariamente el orden natural d...

FIREFALL - Firefall (1976, Atlantic Records)

 Podrían ser de Boulder, Colorado, pero se notaba que los Firefall, aunque provenían del centro del país, ya era un centro que tiraba a la costa oeste; a esa mitificada west coast de preciosas voces y excelente melosidad soft rock. Éste, su primer elepé, databa de 1976, dos años tras su fundación. Los miembros de la banda venían de baquetearse junto a gente como Gram Parsons o Chris Hillman (algo que se nota de sobra); de hecho, el baterista Michael Clarke había servido con honores junto a The Byrds y The Flying Burrito Brothers. Este álbum de debut, que se inicia con una versión de uno de los temas del Manassas de Stephen Stills y compañía (“It Doesn’t Matter”), es una auténtica piedra preciosa del género. Delicado contenido para los que aman los vientos californianos.



La historia de Clarke, Mark Andes, Jock Bartley, Rick Roberts y Larry Burnett como Firefall se inicia por medio de una maqueta de tres temas que el propio Chris Hillman produce. Cuando los cazatalentos de Atlantic Records los vieron sobre un escenario, no tuvieron la menor duda: Firefall será nuestro nuevo fichaje. Por lo que gracias a la demo y a su buen hacer en directo, el quinteto se vio firmando un contrato para varios discos de estudio. Así que acto seguido meten al conjunto en el Criteria Studio A de Miami y le asignan a Jim Mason para las labores de producción. La autoría del tracklisting, a excepción de la revisión al principio nombrada, se la dividen entre Burnett y Roberts; es decir, cinco estarán firmadas por el primero y cuatro por el segundo. Rick, de los dos, parece siempre el que mayor querencia tiene por el sonido que popularizasen los America en la primera mitad de los años 70; aunque la verdad es que las creaciones de uno y otro se combinan con naturalidad para que el desarrollo de los minutos tenga la coherencia esperada.



Sus tres sencillos de presentación, repartidos sobre el tapete radiofónico entre 1976 y el año siguiente, iniciaron a los ya acólitos a lo softy a un nuevo nombre en la escena que continuaría con los movimientos cadenciosos en su pronto en llegar Luna Sea –otro acierto que incluso les consiguió mejores puestos en las listas estadounidenses–. Y es que las tres carabelas de Firefall, que no eran otras que los singles “Livin’ Ain’t Livin’”, “You Are The Woman” y “Cinderella” –ante todo el segundo–, les permitieron salir de gira con nombres ya establecidos como The Doobie Brothers, la ELO, Fleetwood Mac o The Band.

por Sergio Guillén

https://sguillenbarrantes.wordpress.com



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