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CAL - Cal (1980 - 2026 / 5 Lunas)

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 Que el éxito incontestable de Triana en toda la península abrió puertas, es algo indiscutible. Gracias a su auténtico fenómeno social, las compañías grandes y pequeñas se afanaron en buscar su fichaje similar. Algunos con más fortuna que otros.  Cal lo hizo desde una humilde disquera, Cardisc, y eso siempre pasa factura.  Sin embargo, su calidad era probada y su valía demostrada en su único álbum de 1980. Una banda de Sevilla, que con toda la pureza del rock andaluz, grabaron este ya legendario álbum entre la Semana Santa y la Feria de ése año. Más denominación de origen,  imposible. Ellos eran Alberto Toribio (piano, Rhodes, Mellotron, sintetizador, voz). Ex-teclista de Goma, nada menos. Pepe Fernández (guitarra, voz). Paco Muñoz (bajo, voz solista). Y Juanjo Muñoz (batería, voz). Lo que salió fruto de esas sesiones en los sevillanos  Estudios Gema, ha sido buscado ávidamente por coleccionistas de todo el mundo. Solo lo editaron en vinilo. Ahora por primera ve...

FIREFALL - Firefall (1976, Atlantic Records)

 Podrían ser de Boulder, Colorado, pero se notaba que los Firefall, aunque provenían del centro del país, ya era un centro que tiraba a la costa oeste; a esa mitificada west coast de preciosas voces y excelente melosidad soft rock. Éste, su primer elepé, databa de 1976, dos años tras su fundación. Los miembros de la banda venían de baquetearse junto a gente como Gram Parsons o Chris Hillman (algo que se nota de sobra); de hecho, el baterista Michael Clarke había servido con honores junto a The Byrds y The Flying Burrito Brothers. Este álbum de debut, que se inicia con una versión de uno de los temas del Manassas de Stephen Stills y compañía (“It Doesn’t Matter”), es una auténtica piedra preciosa del género. Delicado contenido para los que aman los vientos californianos.



La historia de Clarke, Mark Andes, Jock Bartley, Rick Roberts y Larry Burnett como Firefall se inicia por medio de una maqueta de tres temas que el propio Chris Hillman produce. Cuando los cazatalentos de Atlantic Records los vieron sobre un escenario, no tuvieron la menor duda: Firefall será nuestro nuevo fichaje. Por lo que gracias a la demo y a su buen hacer en directo, el quinteto se vio firmando un contrato para varios discos de estudio. Así que acto seguido meten al conjunto en el Criteria Studio A de Miami y le asignan a Jim Mason para las labores de producción. La autoría del tracklisting, a excepción de la revisión al principio nombrada, se la dividen entre Burnett y Roberts; es decir, cinco estarán firmadas por el primero y cuatro por el segundo. Rick, de los dos, parece siempre el que mayor querencia tiene por el sonido que popularizasen los America en la primera mitad de los años 70; aunque la verdad es que las creaciones de uno y otro se combinan con naturalidad para que el desarrollo de los minutos tenga la coherencia esperada.



Sus tres sencillos de presentación, repartidos sobre el tapete radiofónico entre 1976 y el año siguiente, iniciaron a los ya acólitos a lo softy a un nuevo nombre en la escena que continuaría con los movimientos cadenciosos en su pronto en llegar Luna Sea –otro acierto que incluso les consiguió mejores puestos en las listas estadounidenses–. Y es que las tres carabelas de Firefall, que no eran otras que los singles “Livin’ Ain’t Livin’”, “You Are The Woman” y “Cinderella” –ante todo el segundo–, les permitieron salir de gira con nombres ya establecidos como The Doobie Brothers, la ELO, Fleetwood Mac o The Band.

por Sergio Guillén

https://sguillenbarrantes.wordpress.com



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