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BATERISTAS EN LA SOMBRA XXXV: Antolín Olea Barriga

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 El ilustre músico vallisoletano acumula más de treinta años de experiencia como baterista. Antolín fue aducido en la fase media y la recta final de la década de los ochenta por el elenco de sucedáneos del Air Metal, lo que supuso para el castellano leonés una inyección de adrenalina cautivadora que a modo de impulso, le conduce pocos años más tarde a Madrid para formarse en la disciplina de la batería y la percusión con Pedro López, un baterista que deambulaba por la escena del Jazz de la capital durante los años setenta, hasta llegar a desembocar en otros horizontes sonoros más vanguardistas y arriesgados con los que Pedro López, llegó paulatinamente a ir esfumándose de la escena profesional.  A lo largo de la trayectoria de Antolín como profesional, su férrea apuesta por especializarse en la defensa y la práctica de un género concreto le han convertido en un músico versátil cuyas devociones se engloban en el Jazz clásico y contemporáneo, el Rock expansivo y ¿Cómo no?. ese r...

TOPO - La Jaula Del Silencio (2000, Pies Records)

 Cuando en el Madrid de los 70 se quiso probar eso del rock progresivo sin perder el carácter urbanita y crítico, algunas formaciones musicales arriesgaron con lo experimental dándole un carácter más cercano, olvidando excesos no siempre convenientes. Uno de los primeros nombres que vienen a la cabeza es el de Asfalto, banda de la que partirían José Luis Jiménez y Lele Laina para establecerse bajo la capa de Topo. Paso a paso, y por medio de cuatro LPs de estudio, el combo se quita la corbata de arreglos sinfónicos para sentarse en el taburete de un pop rockerizado siempre a pie de calle y periódicos matinales. 



Por ello, de Topo a Ciudad De Músicos –otro disco para inquietos que durante años pareciese deglutido por el olvido y que finalmente Leyenda Records, en un acto de justicia, reeditó en CD– se huele singular propuesta, liderada entonces únicamente por Jiménez. Entre medias de la ruptura y su regreso en 2000 les golpearía la muerte de Terry Barrios (campechano y barbudo baterista de sus primeros tres vinilos), Lele y José Luis regresarían de forma puntual a Asfalto (El planeta de los locos) y un fichaje por Pies Compañía Discográfica sacaría al reformado cuarteto del descanso –ahora con Sergio Cisneros y Roger Castro–. 

A pesar del horrendo diseño de empaque propuesto para la obra, firmado por Raúl Blázquez, y del mal trato que recibirían de su nueva disquera, que a la postre acabó hundiendo La Jaula Del Silencio, este disco compacto es una gratificante grabación que recoge el espíritu de los Topo de siempre. Sus letras manejan la familiaridad del vecino o la noticia radiofónica diaria, disfrutando de continente espaciado si nos referimos a “Dime qué precio pagarías por tu libertad”, “Un duro de amistad” o “Quemar las banderas”. Sus intenciones como seres humanos libres quedan cristalinas en “Trotamundos” y “Soy una montaña”. 



Guiños a “Mis amigos dónde estarán” en los últimos compases de “El bar” –que igualmente tiene esa cara de barrio reflejada en “Plaza Vieja” (parte del Ciudad de músicos editado en el 86)–, y continuación cogiendo la mano a “Cruce de caminos” de una de sus bazas fundamentales firmadas para Marea negra, “Cantante Urbano”. “La vida” nos demuestra que el bucle diario puede ser menos, como las penas, sólo que gracias al amor y no necesariamente al pan. Incluso se dan comba para acercarse a las nuevas tecnologías con un puntito de humor ácido (“Cibernecio”). ¿Para cuándo una continuación?

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com


 

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