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Rick Wakeman & The English Rock Ensemble – Return To The Red Planet (2026 / Madfish)

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 Fue una fatalidad que " The Red Planet " apareciera en el fatídico 2020. Un año nada propicio para iniciar proyectos. Y un álbum que como era de esperar, pasó bastante inadvertido. Aún a pesar de contener logros evidentes. Una vuelta al prog por todo lo alto, que ya comenzara con aquel excelente "Out There" (2004), también de temática conceptual sci-fi. De aquel "The Red Planet" permanecen en The English Rock Ensemble el bajista extraordinario,  Lee Pomeroy (Anderson/Rabin/Wakeman).  Y el guitarrista Dave Colquhoun. Ahora con Adam Falkner en la batería y la vocalista (importante detalle éste), Mollie Marriott. Toda la música es obra del jefe, que está espléndido a lo largo del disco, sin perder forma a pesar de su edad. "The Jezero Crater" (6'56) inicia pompa típica wakemaníaca, en un tema dividido en cuatro partes. El factor grupo, como en el álbum anterior, está muy definido. Rick es el líder,  pero deja hacer a una banda sólida y de bombá...

PETER GABRIEL - Peter Gabriel 1(1977, Charisma)

 No hay duda de que el primer trabajo solista de Peter Gabriel tenía que ser algo fuera de lo común, algo realmente especial que marcara un antes y un después de su publicación. Bien, tal vez ese punto de fractura lo trajera realmente su segundo 2, pero lo que está claro es que aquí Gabriel rompe con todos los clichés y expectativas que sus seguidores habían guardado durante la segunda mitad de los 70. Él, un artista convertido en showman, un genio que ponía su creatividad y sus aires histriónicos al servicio de uno de los conjuntos más relevantes del movimiento sinfónico-progresivo inglés, Genesis, parecía creerse lo suficientemente seguro para mantenerse solo ante el temporal que en muchas ocasiones puede suponer el inicio de una carrera en solitario. 



Peter se acerca sin reparos al pop rock pero, como no podía ser de otra manera, siempre experimentando, aportando matices y planteamientos hasta aquel momento difíciles de hallar en dicha corriente –llámalo art pop, art rock o creatividad sin ataduras, y en cualquiera de los casos acertarás–. De una forma descarada pero segura se atreve a mezclar bajo esa base apetecible y fácil de digerir los más variopintos juegos musicales: ramalazos bucólicos de folk evolucionado, guiños de vodevil con raíces –probablemente inspirados por unas andanzas ya iniciadas por los primeros Queen con temas como “Lazing On A Sunday Afternoon” y “Seaside Rendezvous” o los también british Mr. Big de “For The Fun To Find”– o arranques de rock artístico imparable. 

Para llevar a buen puerto un transatlántico musical de estas características, Gabriel, en un alarde de extravagancia inaudito, pone toda su escuela inglesa en las manos de un productor norteamericano, Bob Ezrin, que terminaría por matar la originalidad de ciertos pasajes de la obra. De hecho, y aunque este dato en su momento se pasó por alto, Robert Fripp no encontró en los surcos del disco todo el protagonismo que el cantante le había prometido al proponerle participar en el álbum. Y no es que Fripp quisiera convertir Peter Gabriel 1 en un trabajo marca de la casa King Crimson, pero sí llegó dispuesto a aportar ciertas ideas que Bob Ezrin no tardaría en descartar. 



En cualquier caso, tanto Gabriel como Fripp salieron ganando: el primero se llevó de calle las listas con su single “Solsbury Hill”, mientras que el guitarrista y compositor tuvo la posibilidad de conocer al multiinstrumentista Tony Levin, músico que terminaría siendo una pieza clave en su banda madre, los King Crimson.  

por Sergio Guillén 



 

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