Entrada destacada

OAKFARM - Oakfarm (2024/ Pink Tank)

Imagen
 Supongo que un año tan inactivo como el 2020 tuvo que dejar algo de bueno. Se rompieron bandas, pero también permitió germinar nuevas. Fue el caso de los alemanes Oakfarm. Power trío sudoroso y setentero hasta la médula. Dueños de la Máquina del Tiempo. Que me han sorprendido por su fidelidad sonora hacia ésos vetustos e inolvidables cánones. Inmortales, por otra parte. Además de por canciones hard prog blues de mil pares. Tobias Lemberger (guitarra, voz solista, procedente de Sons and Preachers), Dennis Oelze (batería) y Arne Dőpper (bajo, ex-Bone Man). Describen su debut como si fuera "un disco perdido de los 70, olvidado en un viejo almacén polvoriento". Casi que te lo crees al escucharlo. Lo clavan. Comenzar con acústicas y efectos (electrónicos?), en "What If" (4'20) los sitúa en un área cercana a ediciones nacionales 70s de Bacillus, Brain o Pilz. Nada de distorsión aquí. Amplis a pelo. Sonido en bruto, directo y limpio. Vintagismo galore con un percusion

PETER GABRIEL - Peter Gabriel 1(1977, Charisma)

 No hay duda de que el primer trabajo solista de Peter Gabriel tenía que ser algo fuera de lo común, algo realmente especial que marcara un antes y un después de su publicación. Bien, tal vez ese punto de fractura lo trajera realmente su segundo 2, pero lo que está claro es que aquí Gabriel rompe con todos los clichés y expectativas que sus seguidores habían guardado durante la segunda mitad de los 70. Él, un artista convertido en showman, un genio que ponía su creatividad y sus aires histriónicos al servicio de uno de los conjuntos más relevantes del movimiento sinfónico-progresivo inglés, Genesis, parecía creerse lo suficientemente seguro para mantenerse solo ante el temporal que en muchas ocasiones puede suponer el inicio de una carrera en solitario. 



Peter se acerca sin reparos al pop rock pero, como no podía ser de otra manera, siempre experimentando, aportando matices y planteamientos hasta aquel momento difíciles de hallar en dicha corriente –llámalo art pop, art rock o creatividad sin ataduras, y en cualquiera de los casos acertarás–. De una forma descarada pero segura se atreve a mezclar bajo esa base apetecible y fácil de digerir los más variopintos juegos musicales: ramalazos bucólicos de folk evolucionado, guiños de vodevil con raíces –probablemente inspirados por unas andanzas ya iniciadas por los primeros Queen con temas como “Lazing On A Sunday Afternoon” y “Seaside Rendezvous” o los también british Mr. Big de “For The Fun To Find”– o arranques de rock artístico imparable. 

Para llevar a buen puerto un transatlántico musical de estas características, Gabriel, en un alarde de extravagancia inaudito, pone toda su escuela inglesa en las manos de un productor norteamericano, Bob Ezrin, que terminaría por matar la originalidad de ciertos pasajes de la obra. De hecho, y aunque este dato en su momento se pasó por alto, Robert Fripp no encontró en los surcos del disco todo el protagonismo que el cantante le había prometido al proponerle participar en el álbum. Y no es que Fripp quisiera convertir Peter Gabriel 1 en un trabajo marca de la casa King Crimson, pero sí llegó dispuesto a aportar ciertas ideas que Bob Ezrin no tardaría en descartar. 



En cualquier caso, tanto Gabriel como Fripp salieron ganando: el primero se llevó de calle las listas con su single “Solsbury Hill”, mientras que el guitarrista y compositor tuvo la posibilidad de conocer al multiinstrumentista Tony Levin, músico que terminaría siendo una pieza clave en su banda madre, los King Crimson.  

por Sergio Guillén 



 

Comentarios