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Steve Harley And Cockney Rebel. La otra faz del glam rock británico

 El poeta y novelista madrileño Eduardo Haro Ibars describía de la siguiente manera en su estudio musical Gay Rock a la agrupación de Steve Harley: «Cockney Rebel es el conjunto inglés encuadrado dentro del gay rock que, detrás de David Bowie, tiene mayor interés. A pesar de ello ha tenido una corta vida pues se han separado en septiembre del 74, tras haber grabado tan sólo dos álbumes, y en pleno éxito». Hay dos puntos muy llamativos analizando estas frases desde el futuro conmovedor del ahora. El libro del que se extraen sus palabras se editó en 1975, a pocos meses de la disolución de los Cockney Rebel originales que liderase Steve Harley.

 


Es lógico preguntarse por la disposición de las claves que en pleno 2021 se encuentran sumidas en el texto del desaparecido cronista de La Movida. La primera parte rondaría el contradictorio hecho de encontrar a una formación en el estrellato británico que con los años, y ya refiriéndonos a nivel mundial, poco ha marcado a generaciones más allá del sencillo “Make Me Smile (Come Up And See Me)”. Lo que en los 70 resultó oro en el nuevo siglo pareciese latón de no ser por algún que otro anuncio televisivo que rescató la tonadilla de marras. 



En la segunda mitad de la aseveración encontramos la lógica incomprensión por parte de Ibars al verse extinguir la flameante vida de una bestia maravillosa cuya fama no terminaba de digerir. Pronto descubriría, al igual que el resto de los acólitos a Steve Harley, que el cantante tenía pensada una cuidada carrera como solista que en el Reino Unido le ha mantenido como uno de sus padrazos pop underground. Pero únicamente hay que echar un vistazo a aquella sesgada visión para comprobar que ya en nuestro país se veían con relevancia los tirabuzones escénicos de este muchacho natural de Deptford.

 Aun así, y aunque bajo su nombre ha escalonado cuatro álbumes en casi tres décadas, cuando realmente salta al respaldo unánime de crítica y público sería ya en su reformado combo que, si en el 74 moría, un año después estaba vivito y coleando ahora como Steve Harley And Cockney Rebel. La fricción en la mutación sirvió para reposar al vocal y hacerle acreedor de una facha a la moda, más bohemia y bastante menos transgresora como la exagerada en cualquier evento realizado por los primeros Cockney Rebel. 



Los miembros de aquella banda que en 1973 editasen el sencillo “Sebastian” y el LP The Human Menagerie trabajan en directo para sacar todo el jugo escénico a un Harley melodramático. El artista juega cual Quasimodo frente a su público, transmite degradación, duda y amor por el desarraigo de los desheredados con vida en los bajos fondos. El fuego de su dialéctica, deudora sin duda de The Velvet Underground, se potencia con escenas vibrantes en las que Steve se parte la camisa en dos y se enfrenta a sus músicos con aire de sentenciado a muerte.

 


En el 74 de su fractura primera, The Psychomodo se emparentará con su ascenso y caída en la desaparición momentánea. Su glam se enorgullece de la intelectualidad entre naïf y arrabalera, algo que pasa a convertirse en elegancia sutil y de cóctel cuando se reforma el combo poniendo delante el nombre de su hacedor. A partir de aquel The Best Years Of Our Lives, Harley y compañía dignifican a su manera el legado reciente de contemporáneos que van dejando los Roxy Music.


 


La pandilla de Harley no es necesariamente “Make Me Smile (Come Up And See Me)”, y sin embargo le deben todo su reconocimiento en los años 90. Se reeditó dos veces, una en 1992 y otra en 1995, llegando en ambas ocasiones a sustentar puestos de lo más apetecibles en los charts. Igual de rejuvenecedor resultó para el sencillo ser incluido en una ingente cantidad de largometrajes, entre los que destacan Velvet Goldmine y Full Monty. 


Hasta el precioso y sentido solo original que caracteriza a la creación tiene una anécdota que lo guarda; el mismo guitarrista Jim Cregan se lo sacó de la manga en unas pruebas de sonido, momento en el que desde la mesa alguien con oído despierto decidió grabarlo en una pista y guardarlo por si las moscas. Al final resultaría salvación para el meridiano de la tonada. Pero existían otras vidas discográficas tras The Best Years Of Our Lives (1975). Love's A Prima Donna no alcanzaría el escalón número 18 de su antecesor, aunque las listas le ofrecieron un 28 la mar de respetable.

 



Hay que dar la razón a aquellos que veían en Steve Harley un artista versátil ya que, si con anterioridad manejó la imagen arty de Brian Eno en los Roxy Music, ahora no dudaba en aceptar el ofrecimiento de Alan Parsons para participar como estrella invitada en el vinilo I Robot. Estamos en aquel 77 en el que Parsons sube a las nubes del progresivo amable, más art rock que otra cosa, y el cabeza pensante de Cockney Rebel se deshacía del lastre que hasta el momento parecían materializar sus escuderos de escena. 



Algún repaso a ciertas estrofas de The Phantom Of The Opera, ingenio en adaptación de operística pop por parte de Andrew Lloyd Webber (Harley le chupó la sangre a una de sus canciones editando un single), y finalmente a vivir durante los primeros 80 de sus pelotazos de glam inesperado ya editados con los Rebel. En los últimos recodos de los 70 se envalentonó sin convencer con dos retoños como solista en formato LP que al menos le tuvieron sonando en las radios británicas.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com








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