Existen bateristas capaces de marcar el tempo. Otros poseen una técnica tan deslumbrante que convierten cada interpretación en una exhibición de virtuosismo. Y luego están aquellos músicos que consiguen algo mucho más difícil: transformar la batería en un instrumento narrativo. Barriemore Barlow pertenece a esta última categoría. Nacido como Barrie Barlow el 10 de septiembre de 1949, en Birmingham (Inglaterra), fue rebautizado por Ian Anderson como "Barriemore", un nombre que encajaba con el humor surrealista y la estética teatral de Jethro Tull. Aquel pequeño cambio de nombre acabaría formando parte de la mitología del grupo. Aunque nació en Birmingham, pasó buena parte de su juventud en Blackpool, donde conoció a quienes acabarían siendo compañeros fundamentales de su carrera: Ian Anderson, John Evan y Jeffrey Hammond. Aquellos años estuvieron marcados por la explosión del beat británico y el nacimiento de la llamada British Invasion. Como muchos jóvenes de su generación, ...
En cualquier parte del mundo crece la semilla progresiva. Pero sigue siendo chocante que en Austin, Texas un grupo de piraos por Zappa, Magma, Henry Cow o Cardiacs ponga en marcha un combo en 2013. Estamos hablando del prog más rarito, extravagante y maravilloso conocido.
El gurú de ésta "secta" se llama (o algo) Mohadev Egg Helmet, y no era nuevo en ésta juerga. Ocho álbumes le avalan como creador de mundos fantásticos majaretas en formaciones de frenopático como Call Debauche, Earth Size Diamond o Terraformation. En Stop Motion Orchestra es el encargado de guitarra, sintetizadores, piano, composición, grabación y mezclaje. Sam Arnold (bajo, acústica y banjitar .....banjo + guitar!), Charlie Duncan (batería, percusión), Henna Chou, ex-My Education, (cello, teclados), Leila Henley (saxo) y Alden Doyle (violín). Prog de cámara en todas sus acepciones y exquisitas locas formas, ofrecen en su segundo ataque de nervios, "Lightworks". Siendo su estreno el degustable "Instant Everything" (2014).
En el de hoy nos dan la bienvenida con "Serafin's Cat" (6'14), y la impresión de estar oyendo un viejo disco de Henry Cow o Gong es instantánea. No exenta de elegantes formas compositivas, que chupan de la sabia savia contemporánea, y como unos Frank Zappa alumni, se aplican con devoción para desquiciar placenteramente al más centrado. Aplaudo la moción. Crimson fx no puede faltar en el cóctel, así como sus amados Cardiacs. Un "max-mix" de radical prog que entra a las mil maravillas. Violín y saxo crean una importante fuente de sonido que caracteriza su comunidad ruidosa.
Extravagantemente deliciosos, como no podía ser de otro modo, e instrumentalmente del todo convincentes.
"Way to Sarov" (8'49) puede tener hasta cierto sabor a tiempos soviéticos, o ésa es una de las caras de una moneda de infinitos lados. Voz como instrumento, King Crimson etapa "Starless / Larks", sombríos suspiros magmáticos, aciertos heredados de Isildurs Bane. ....Un mundo no tan extraño para iniciados, pero alienígena para fans de Marillion o Periphery. A buen entendedor.....
Con cierto dramatismo cinemático de película de Fellini se desarrolla el comienzo de "Nerve Hurdle" (5'03), asaltado por polirrítmicos arrebatos jazz rock y guitarra de paladeable competencia del tal Mohadev. Pasajes dadaístas no exentos de su propio sinfonismo casi hackettiano. Precioso trabajo. La breve "Metal Pants" (2'32) huele a Canterbury extremo, Henry Cow encabezando la lista. No deja de tener una base casi hard rock, ( muy sui generis, los metaloides me quemarían por hereje), para una pieza que daba para mucho más. Me cago en la brevedad. Finaliza el desbarre de imaginación con "Océano de Leche" (7'22), que no sé si están pensando en la vaquería de Henry, o en guarros bukakkes. Pero el resultado, que puede centrarse en el Zappa de "Overnite Sensation / Apostroph", es pletórico Y sensacional. El fumador empedernido del mostacho puede estar satisfecho en el otro plano, con alumnos como los tejanos......Armadillo Brillo. La riqueza de texturas de todo el instrumental involucrado maravilla. Alegra encontrar personal con tan buenas intenciones estéticas. Retorcidos de cojones, pero esto es así, tómalo o déjalo. Antes muertos que sencillos.
El único "pero" gordo es la brevedad del álbum. 34 minutos es una duración estándar de los 70 , pero la joya que supone "Lightworks" se me hace inaceptablemente corta. A veces, se hace necesario tirar del "más es más", porque existe gente cualificada para el desfase temporal. No me hubiera importado que fuera un cd de 80 minutos como en los 90!
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