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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Rick Wakeman - Live At The London Palladium 2023

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 Inauguro nueva sección que de nuevo no tiene nada. Más bien se trata de un ejercicio de nostalgia por mi parte y de ver con inmensa alegría como todo se va acabando cada año que pasa. El recurrir a esos “trenes de largo recorrido” y como van acabando sus viejos wagones olvidados en las estaciones término es una especie de “epifanía” o revelación de que esto se acaba. Como una lamentación póstuma de comprender que aquel tiempo pasado fue mejor.  Os explico un poco por encima:  Este ya no es el tiempo para muchos de nosotros. Me consta que es una conciencia colectiva de aquellos que ya hemos traspasado la edad de jubilación. La música actual incluso la “supuestamente buena” aburre a un alto porcentaje de mí generación. No se identifica ya con personas de más de seis décadas de vida y salvo aquellos que se crean que todavía son Peter Pan o Wendy, síndrome por cierto acuñado en psicología en los años 80, entenderán lo que quiero decir. Ley de vida y antagónico choque generac...

ROZ VITALIS - Compassionizer (2007)

Seguimos avanzando en la discografía de estos señores mientras el confinamiento domiciliario se ha apoderado de nuestras vidas y no se sabe por cuanto tiempo. Ahora es momento de ver el comportamiento humano a nivel general. De ver el grado de prudencia y sentido común y también de comprobar a parte de los políticos, el porcentaje amplio de descerebrados a nivel mundial.


 Ahora hay tiempo y mucho, casi demasiado, para la reflexión. No importa. Decía medio en broma que no había experimentado tanta sensación de tranquilidad y paz como en estos días de reclusión. La ventaja de no ver a nadie. Para las personas acostumbradas a “socializar” esto es difícil de entender, pero para los que en su momento en el pasado “socializamos” demasiado esto es como una bendición. La relación humana cansa mucho conforme te haces viejo y aun a sabiendas de que tanto educación, como empatía y amistad son monedas de cuño falso, aprendes a utilizarlas convenientemente.

Conforme me adentro en la discografía de esta gente hay sentimientos encontrados. Por una parte, tienen “su cosa” que es como decir de forma inexacta que por una parte me gustan por la otra los estamparía contra una pared. Este ejercicio de comentar músicas que no conoces previamente y lo haces mientras lo escuchas tiene el peligro de apresurarte y dar opiniones subjetivas. No obstante, toda crítica musical es subjetiva. Siempre. Esto es fácil de deducir. Yo no soporto músicas que a otros les encantan y viceversa. El concepto de que la música une y que tiene un componente emocional solidario es falso. Nadie escucha de la misma forma de la misma manera que no siente por igual. Se consideró el rock como un movimiento unitario generacional y esto es cierto siempre que se haga desde una perspectiva superficial. Generalmente la música va con el carácter y la personalidad de cada uno, pero curiosamente como ya apunté y lo repito hoy: cara a la galería no nos mostramos como se deduciría por la música que oímos. Muchas veces impostamos una máscara por la misma manera que necesitamos socializar para no romper el equilibrio de la relación humana.

Ivan Rozmainsky / keyboards, recorders, percussion, samples, virtual synth Sydius / guitars Yuri Verba / clarinets es la acreditación de su álbum número cinco. No aparecen voces “humanas” lo cual agradezco y mi oído también. Ya de entrada “Destino Trágico” tiene una pinta diferente. Es muy experimental, pero hay una actividad que no existía en anteriores pasajes más monótonos y por lo tanto previsiblemente aburridos. Las alusiones a una forma de música sacra contemporánea como dislocada en tempo y de-construida como se diría en términos gastronómicos se impregna constantemente. 

En “Otoño de Hipocresía” podemos escuchar un piano académico que hasta resulta agradable, aunque no por ello se olvide de la atonalidad y disonancia que es algo que siempre molesta y mola a la vez. Teclados retorcidos por doquier y bastante pesadilla sonora que en ocasiones alterna con misticismos y ritualismo étnico. La frivolidad del tema título con pianola y guitarra eléctrica y percusiones electrónicas, se mezcla con cierto sarcasmo sonoro y la locura habitual de residencia psiquiátrica. La música es bastante difícil. Más que antaño, pero a la vez más interesante. 

“Bondad Esquiva” es algo más sensato y equilibrado melódicamente entre sus pianos y percusiones afinadas. El resto parte de esta combinación que vamos escuchando bastante más estructurada que en tiempos pretéritos mostraban. Una vez escuchado el disco compruebo que la cosa ha mejorado considerablemente. La música tiene más aristas, más contrastes, más diversidad. Lo que se deduce en que es más entretenida. Hay algunos trabajos de Roz Vitalis por venir. Comprobaremos si la cosa va en alza o volveremos a necesitar protector gástrico. 
Alberto Torró





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