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LITTLE TRAGEDIES - The Sixth Sense (2006)

Casi a la par que el anterior aparece este “sexto sentido” lo que da una idea del nivel de trabajo que la banda rusa llevaba esos años. Teniendo en cuenta la complejidad de su propuesta y la elaboración de su música es fácil deducir que andaban sobrados de conocimiento y agilidad técnica. 


En los 70´s un grupo famoso se pegaba meses para grabar un disco entre interminables tomas, ensayos y sesiones de estudio. Naturalmente la tecnología era otra. Hoy la cosa va más rápida y la claridad de sonido es perfecta. Pero debemos dejar cada época en su sitio histórico con lo bueno y con lo malo. Por lo general en el pasado había buenas ideas y mucha imaginación lógicamente adaptadas a los “aparatejos” de la época. Hoy tenemos una tecnología muy superior para grabar un disco. Es indudable incluso para los que nacimos “analógicos” y con preferencias por el “sonido antiguo” y que no es lo mismo que la “lógica anal” de hoy porque en el tiempo presente no tenemos ideas originales ni imaginación. Resulta chistoso, pero es así. Este es un viejo debate de polémica entre los que pensamos que la música no ha avanzado para bien en absoluto y los que opinan lo contrario. Partiendo de la base de que prácticamente en la composición musical está todo inventado, al menos debemos pedir que lo que se haga se realice con un mínimo de calidad y una aceptable dosis de honestidad e inteligencia. Para encontrar música decente actual hay que perder mucho tiempo en la red. Son como pepitas de oro entre montañas de fiemo y basura. La mediocridad, lo previsible y el aburrimiento, lo invade todo en prácticamente todos los estilos de música y desde luego el hoy mal llamado “prog rock” no se libra de ello. Yo intento y probablemente no siempre lo consiga, hablar de lo que creo merece algo la pena. Luego están los gustos de cada uno que esa es otra cuestión. Cada generación defiende su época, sus gustos y sus recuerdos y eso es perfectamente comprensible.


Las tragedias soviéticas y su sexto sentido fue lo primero que escuché de ellos y aunque me resultó ciertamente denso pero interesante, no le presté una inmediata atención. Esto es fácil que ocurra la mayoría de las veces. Contrariamente cuando algo entra a la primera tampoco hay que fiarse mucho. Es cierto que la voz en ruso poético-narrativa de Gennady Ilyin me frenó en seco y algo parecido me pasó en su día con las lindas voces de las cantantes japonesas. Choque cultural y necesaria apertura de mente. Superado esto y es posible que no lo logres, el carril es más fluido y cómodo. Como ya he dicho en otra ocasión no es fácil meter trompetas y saxofón en un disco de rock sinfónico, salvo que estén integrados en la composición y asuman un papel en la estructura global del sonido. El quinteto ruso consigue esto sin problemas. Por lo demás la avalancha épica está servida. La guitarra eléctrica de Alexander Malakhosky va a dar el punto rock preciso ante el inagotable virtuosismo del teclista Ilyin y la fuerza espectacular que la música de las tragedias ya anticipó en esa bestialidad que fue el Faust. 


Las largas piezas de las 12 que componen la historia, son de una grandiosidad elocuente y que más queremos los denostados y orgullosos sinfónicos de que así sea. Con dos cojones o media docena si son pequeños que igual sirven. “Bird” nos trae descaradamente al Floyd lunático pero ojo que estos rusos no son tan simples y lineales como los Pink en acordes y melodía y pronto el piano solo y los ritmos quebrados y complejos lo demuestran. La pieza despista al principio, pero tela con el desarrollo posterior. ¡Wow! o ¡my god!, que diríais los anglófilos. Me encanta que la música tenga riqueza expresiva, aditamentos, arreglos, detalles y mil cosas más y aquí tenéis todo eso y más. “En la orilla del mar” se reparte el sentimiento fatídico melódico con una parte central donde el sinte solo despierta con rabia. Son curiosas las formas compositivas de esta banda, las alternancias, los sobresaltos sonoros caprichosos y la peculiar forma clásica de entender la música progresiva en plena extensión de la palabra. “El hijo pródigo” es un perfecto ejemplo de concebir la forma tradicional de la melodía clásica rusa. Es como poner letra y voz a Rachmaninov o a Tchaikovsky. La melodía es maravillosa y con ese peculiar sentido satírico-teatral de un desarrollo instrumental exuberante. El saxo como os decía antes es un instrumento de conjunto y no ejerce de solista al uso previsible sino de entramado arquitectónico y cuando ocasionalmente se queda solo pura melodía, al igual que lo haría en una orquesta sinfónica. Porque en realidad si prestas atención estás escuchando una orquesta clásica en todo momento. 

Una perfecta combinación de estilo atemporal. La voz para muchos será un obstáculo, soy consciente de ello, pero por otra parte, también es el sello distintivo del estilo del grupo y acabas por cogerle el gusto. Es música elegante, hermosa, alejada de modas. Es música con mayúsculas. Lo demás como siempre depende del oído de cada cual y de la educación musical que se tenga.
Alberto Torró




Temas

1 The Sixth Sense 8:28
2 Bird 9:24
3 On The Seashore 10:31
4 Prodigal Son 12:37
5 Consolation 4:24
6 Dream 3:18
7 Bonding 1:50
8 Turkey 4:26
9 I Am Polite With Modern Life ... 3:46
10 Pre-Memory 7:07
11 You And I 7:44
12 I Haven't Lived, I've Suffered Through It... 3:51








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