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VANILLA FUDGE - Renaissance (1968, ATCO Records)

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 Mark Stein And The Pigeons, o lo que es lo mismo, Mark Stein, Tim Bogert, Vince Martell y Joey Brennan, poseían un elepé psicotrópico conocido como While The Whole World Was Eating Vanilla Fudge. Cuando toman las dos últimas palabras del título para nombrar a su futuro proyecto, otro cuarteto en el que mueven ficha contratando al explosivo baterista Carmine Appice en sustitución de Brennan, el caldero de ideas se transforma en un guiso psicodélico de enjundia.  Tras revisar éxitos de aquella década sesentera en decenas de institutos, pubes y variopintos bares, estos instrumentistas con más recursos que una navaja suiza toman canciones de The Supremes, Sonny Bono o The Beatles, entre otros, para extenderlas y reinventarlas en el apabullante álbum homónimo que les haría debutar en oficialidad. Cuando abandonan 1967 y se visten de 68, el productor Shadow Morton les mete en The Beat Goes On, un vinilo tan delirante como desafortunado. Pero esto no hunde el talento ahora herido de Vanilla

HAPPY THE MAN - Death´s Crown (1974-1999)

Hemos entrado de nuevo en los años 20 un siglo después. A Aquella época de entre guerras que EEUU nos quiso vender como felices, terminó con el crack del 29, la ley seca, crimen organizado y filas de miseria. Poco después llegarían las guerras. Primero la nuestra como ensayo del horror. En realidad en aquella década loca, no fueron tiempos nada agradables salvo para los millonarios que disfrutaron de la llamada “Belle Epoque”. 


Un siglo después, pretenden vendernos la misma película en un ejercicio de estupidez digital sin parangón. Al menos en 1920 la música fue estupenda, el cine era arte, la literatura innovadora y la arquitectura espectacular. La culminación modernista que dio lugar al “Art Nouveau”. El nuevo 2020 y los años que le sigan son impredecibles, pero de seguro no será nada bueno debido a la degradación social y política a la que hemos llegado por listos y espabilaos. No me da ninguna pena. Los nuevos 20 serán de todo menos felices. 

Y hablando de hombres felices que ya no existían como grupo en 1999, la Cuneiform Records tuvo la gentileza de editar un trabajo inédito de ellos que data de finales de 1974 y que fue grabado en su propio local de ensayo. Lo sorprendente es que la “Corona de la Muerte” es una composición de 38 mtos que se pensó interpretar con narrador, coreografía y actores en una especie de musical prog multimedia en una época donde las temibles y aberrantes “óperas rock” estaban de moda. Todo se quedó en solo música afortunadamente. Otras piezas que acompañan el programa son “La suite de los sueños de Nueva York” de 8.45 m y “Merlín de lugares altos” grabada ya en 1976 de 7.10 m. Bueno se trata de un buen complemento para los “Beginnings” de la semana pasada. 


Todas las composiciones tienen el nombre de Frank Wyatt. El cerebro “sinfónico” del grupo ya que las formas de Kit Watkins o Stan Whitaker probablemente tiran más hacia la fusión jazz-rock. Los créditos aseguran que esta grabación se hizo de forma un tanto casera, como una demo, aunque no suena mal todo sea dicho de paso. El caso es que este ambicioso proyecto no llegó a ver la luz en condiciones óptimas o profesionales, pero menos es nada. En esos tiempos el cantante era Dan Owen, que quiero pensar que es el mismo tipo que colaboró con Anthony Phillips en el álbum “Sides” y también estaba por esa época el peculiar estilo del batería Mike Beck. “Death´s Crown” se subdivide en 11 partes en un estilo original más “sinfónico” que los discos oficiales de 1977-78 donde la banda ya había definido su estilo de fusión prog. Su comienzo en las dos primeras tracks es siniestro, dramático y algo teatrero. El sonido discreto influye en el potencial que podría haber tenido en el caso de una grabación profesional, pero es lo que hay. El tercer corte nos presenta la fantástica guitarra solista de Whitaker y las rapidísimas escalas de Watkins. El sonido tintineante y fantasioso crea una atmósfera entre épica y recogida a la vez. Pena da que no hubiese sido una grabación brillante insisto. Toda la pieza es un viaje ensoñador para prestarle atención porque es música de detalles y recovecos con mucha percusión afinada y bonitos detalles melódicos. La suite de Nueva York se encuentra aquí en otra versión anterior a la aparecida en su primer disco oficial pero ya prefigura la línea fusión que desarrollarían posteriormente. En cuanto a “Merlin of the high places” se trata de un amable paseo inicial llevado por una melodiosa flauta y unos atractivos pasajes cambiantes entre guitarra, moog y piano eléctrico con una atmósfera que puede recordarnos al mejor Genesis época Selling England infectado de jazz-rock en una curiosa alquimia. 


Este trabajo de los primeros Happy The Man es sumamente refinado y para degustarlo sin prisas. El sonido algo opaco no ayuda a un pleno disfrute sonoro pero la música aquí contenida es de una calidad superior.
Alberto Torró






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