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Diabolus - Night Clouded Moon (1971 - 2026 / Bright Carvings)

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Hay productores que han pasado a la historia inmerecidamente. Más por su fama de tiranuelos y prepotentes. Y porque tenían el poder necesario. Que no por logros extraordinarios. Simplemente,  estaban ahí. En el momento oportuno. Y me estoy acordando ahora mismo de Phil Spector o......Shel Talmy. Menudo figura, éste melón. Seré yo un destrozamitos, pero para mí,  fueron gente de la industria con más ruido que nueces.  En el caso de Talmy tenemos aquí un nuevo ejemplo de incompetencia. Los británicos Diabolus estaban inmersos en la onda progresiva de su tiempo. Algo que al endiosado productor ya le venía grande. Y claramente, no comprendió. El manager de la banda consigue que Talmy financie una sesión en los De Lane Lea Studios, (luego los Kingsway, propiedad de Ian Gillan). Mal hecho ya, por parte del manager. No era el productor adecuado. Los mozos de Diabolus hacen su cosa y la presentan ilusionados. El otro entra en cólera porque aquello "no era suficientemente comercia...

ONE - One (1969)

 La concepción de este álbum fue fruto de un grupo de músicos que se dedicaron en su mayoría a realizar sesiones y trabajos en estudio para otras bandas, algo que ya hemos encontrado en la historia en más de una ocasión. Recuerdo por ejemplo el disco de BRAM STOKER, ejemplar único confeccionado por músicos de sesión, ya comentado en el blog y no volvería a saberse más de aquella agrupación.



La grabación se llevó a cabo en los estudios de Fontana, un sello situado en pleno corazón del Soho londinense, donde se tramaron proyectos raros y únicos. ONE estaba compuesto por músicos de ascendencia india, hijos cuyas familias habían buscado fortuna en Inglaterra, y por amigos de la infancia de algunos de ellos.

Alan Marshall tocaría con Peter Bardens en los 70's , Norman Leppard estuvo integrado en la banda de Aynsley Dunbar y Conrad Isadore el más prolífico de todos tocó con gran variedad de artistas

Poco más se sabe de este sexteto que basó su estilo en un soul cargado de rock progresivo, blues, algo de funky y también psicodelia. Se puede decir que es un compendio de muchas tendencias mezclado y batido en una coctelera con un resultado irrepetible, que rezuma libertad en su música, con grandes dosis de interpretaciones inspiradas en la improvisación de algunos de sus instrumentos que arrastran al resto. Sus temas son escogidos de miembros del panorama de entonces con predilección por las creaciones de Richie Havens, quien copa con 3 cortes de 5 existentes. Extensas jams que giran en torno a los mismos riffs y que ellos se encargan de desgranar con improvisaciones que le dan muchas veces un aire de free jazz propulsado sin piedad por una base rítmica aplastante. Fenómeno que le da un vigor y una fuerza a las melodías que los convierte en gran parte del éxito y del protagonismo, una maquinaria engrasada donde batería y bajo se entienden a las mil maravillas, metiéndonos el ritmo en el cuerpo que nos impulsa a mover los pies.

La paleta de instrumentos es diversa, topándonos con secciones de metal muy propias del soul que hacen coros en frases de temas como Don't listen to me y Stop pulling and pushing me. El descanso necesario para volver a la carga lo tenemos en Cautiously, una pieza extensa y tranquila en la que la flauta se erige en figura destacada con desatados movimientos muy libres. La melodía poco a poco va creciendo para introducir otros instrumentos como el violín , el chelo, etc. alcanzando un status que bien podría considerarse obra de unos KING CRIMSON de la 1ª época con el piano singular de Keith Tippett e Ian McDonald en sus filas.

La estrella del álbum es Run, Shaker life, una suite de Richie que se alarga más allá de los 15 minutos con un ritmo que nos bombardea desde el primer momento y en el que la sugerente voz de Alan da paso a una melodía que poco a poco se va deformando para convertirse en un lienzo en el que cada instrumento va dibujando todo aquello que considera más apropiado, entrando y saliendo entre ellos según el grado de inspiración. La flauta lanza destellos psicodélicos, el órgano profundiza capas ambientales hasta que da señales de vida y nos ofrece pasajes psicodélicos y progresivos, de la misma manera que la guitarra eléctrica se muestra fuerte, suave, psicodélica o entra en fase funky.


Todo un conglomerado de energía y creatividad sin límite, difícil de clasificar, pero que atrapa el oído del público con su ritmo contagioso y su variedad en la forma de expresión libre, y por supuesto su profesionalidad, con una producción y arreglos en la que colaboran dos de sus miembros.

Juan Carlos Rustarazo



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