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BATERISTAS EN LA SOMBRA Cap. 50: Jordi Colomer, el pulso elegante de Iceberg y uno de los grandes bateristas olvidados del rock progresivo español.

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 La historia del rock progresivo español no puede comprenderse plenamente sin detenerse en la figura de Jordi Colomer. Aunque su nombre nunca alcanzó la popularidad de otros músicos de su generación, su trabajo con Iceberg constituye una de las aportaciones más refinadas y musicales de la batería progresiva española de los años setenta. Jordi Colomer nació en 1949, en Tarragona, y falleció el 10 de abril de 2025, a los 75 años, en su ciudad natal, tras una larga enfermedad crónica. Su desaparición supuso la pérdida de uno de los bateristas más elegantes, musicales y técnicamente sólidos que ha dado el rock español. Los comienzos Antes de incorporarse a Iceberg, Jordi Colomer ya era un músico profesional. Formó parte de grupos como The Riders y posteriormente trabajó como batería de la banda de acompañamiento de Luis Aguilé, experiencia que le proporcionó una gran disciplina profesional y una extraordinaria capacidad para adaptarse a diferentes estilos. Más tarde coincidió con Max S...

CHICK COREA -The Leprechaun (1976/ Polydor)

 Curioso que todavía no hubiéramos traído a nuestra sección de sintetizadores al gran Chick Corea (se le hizo obituario). Durante una época,  su característico toque al MiniMoog creó escuela junto a grandes del rock progresivo. Pero él venía del jazz. Ayudó a establecer el jazz rock con sus Return To Forever, y todavía andaba con ellos cuando editó el fabuloso "The Leprechaun", noveno en solitario de su carrera.



Su esposa Gayle Moran (voz), Eddie Gómez (bajo acústico), Joe Farrell (saxo, flauta), Steve Gadd (batería) o Anthony Jackson (bajo) como algunos de los colaboradores destacados. Había más al violín,  viola, brass section u orquesta de cámara. Pero los protagonistas absolutos son los teclados : Fender Rhodes obligado, Hohner Clavinet, ARP Odyssey, Yamaha Organ, MicrominiMoog, Moog Model 15 Modular synth....... Todo al servicio de un conceptual álbum donde las hadas, gnomos y demás fauna friki del bosque compartían fantasía musical desorbitada.

"Imp's Welcome" (2'55) se inicia con sinte puro Corea, de irreal tonalidad y enriquecido por sutiles percusiones, describiendo el frondoso y mágico paraje encantado. Borbotean los moogs y es un paraíso para cualquier enamorado del sintetizador analógico. El piano acústico,  otra virtud enorme en Corea, surge para "Lenore" (3'25), con todo su aroma Bill Evans pasado por el filtro precioso de la innata sensibilidad Corea. Pronto le responde el miniMoog con calidez y efusividad. Suenan mágicos y mediterráneos,  con ésa sección de ritmo de auténtico lujo, por entonces de las mejores del mundo. Todo muy en nuestra onda laietana. Aparecen los primeros gorgoritos de la Moran, dándole un aspecto muy Canterbury.

La corta "Reverie" (1'56) es una reflexión al piano/voz de bella cadencia romántica. 

En "Looking at the World" (5'29) las hadas cantan al Leprechaun en lo profundo del bosque. Cada pieza lleva una pequeña explicación como guía. Gayle Moran está acertada en su frágil voz, que suena perfecta para éste cometido. Los cambios prog en el entorno jazzístico se suceden con espectacularidad colosal. Otra andanada de sintes con rabioso bajo funk trae "Nite Sprite" (4'31), en potencia de desarrollo instrumental extraordinaria. Esto parece Iceberg con Kitflus en plena posesión infernal.

Con romántico juego de cuerdas se inicia el lado B con "Soft and Gentle" (5'08), un canto de amor de la Reina Hada hacia el Leprechaun. Gayle Moran reparte ternura y la música de cámara ayuda a ésa sensación. 



Torna en alegría el "Pixieland Rag" (1'10), un actualizado ragtime que es intro al enorme "Leprechaun's Dream" (13'03). Música camerística de corte contemporáneo,  brass section y ronquidos Moog como paso previo. Agilísimo piano acústico y voces de fondo a lo Hatfield/National. Onirismo de total credibilidad. Rhodes ensoñador, necesario aquí.  Como el electric be-bop con dominante flauta travesera de progresivo liderazgo. El sonido Canterbury nunca estuvo tan reflejado en una obra de Corea. Y ésta pieza estrella es un fabuloso catálogo de su genio inmenso en los mediados 70. Una obra excepcional, de mis favoritas en su extensa y aprovechable discografía. Reivindicable ad infinitum y más allá. 

J.J. IGLESIAS



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