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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Camel Live Royal Albert Hall 2018

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 La música siempre ha servido a grandes rasgos generalmente para dos cosas y es importante captar la sutil diferencia en ambas.  Por una parte, está principalmente “para llenar el tiempo” y por la otra “para usar ese tiempo” porque se supone que todos entendemos lo que es decorativo visual y aquello que abriendo sus puertas nos ofrece un mundo dentro de sí mismo. Por lo general toda la música y el arte en concreto ha ido perdiendo ese “mundo interior” para cambiarlo por ese objeto funcional “que está ahí” pero no tiene ninguna función aparte de llenar un espacio vacío. Al igual ocurre con la música actual que solo tiene el propósito de romper el silencio y molestar lo más posible para evitar toda respiración y calma. Porque un mundo sin ansiedad ni estrés no es bueno para ningún negocio.  A poco que uno use la “atalaya” que llevamos encima de los hombros se habrá dado cuenta que todo está pensado y orientado para “no pensar” “no sentir” y por supuesto no “cuestionar” porq...

Bateristas en la sombra IX: Antonio Moreno El Tacita

 En un lugar que hace un tiempo estaba destinado a ''auspiciar'' al culto, al silencio, al recogimiento, sentó cátedra de percusionista Antonio Moreno El Tacita, quien en el año 1978 ya había forjando una carrera artística de primer orden. 



Su propuesta era llamativa, entregada, radical y honda desde el primer asomo. Era capaz de hacer ritmo con unas varas blandidas al aire y unas bolsas llenas de piedras en las caderas. Su espíritu creativo no conocía límites en las siempre sobresalientes alas de la libertad. Antonio Moreno era percusión en su todo su contexto expresada con botellas, vasos, mesas, suelos, tambores, marimbas, baterías... Y por supuesto el cuerpo, estilizado siendo puro nervio como el de los bailaores potentes, un territorio sonoro de inmensas posibilidades. El cuerpo como objeto de deseo y percusión, con detalles que recuerdan a Israel Galván en un intento de baile y una entrega absoluta a la ejecución, incluso de forma facial. 

Éste Dr. Flamenco fue el pulso de fenómenos sonoros como; Tartessos, Nuevos Tiempos, Alameda, Camarón, Kiko Veneno, Radio Futura, Luis Eduardo Aute... Y un longevo suma y sigue de nombres. Estuvo acompañado, y muy bien, por Agustín Jiménez, joven dotado de una serenidad, seguridad y técnica impecables. Su minera de Paco de Lucía, con el vibráfono, sonó a gloria en un marco tan divino como humano. Y, en el cante, por Juan José Amador. Era impresionante su planta de flamenco, extraordinario su eco, su lección, su sabiduría. Hizo saeta, taranta o fandango, pero sobre todo nos sedujo por soleá, acompañado frente a frente, en una mesa, por los golpes de Antonio. Así no canta cualquiera.

Antonio no dejó nada por golpear. Todo sonaba a flamenco.


Todo un Doctor en “Estudios avanzados de flamenco” que sigue teniendo mucho que decir y que golpear. El título académico se le otorgó en el marco del programa de la Universidad de Sevilla. Decir Doctor en flamenco, como en el programa de mano, es una reducción coloquial. No obstante que no quepa la menor duda de que como artista y ser humano también lo es.


Actualmente es profesor en el conservatorio de Sevilla y probablemente, pueden ser muchos los que podrían contar numerosas historias sobre el propio Antonio, pero ninguna va a ser tan significativa y emotiva a la par, como la que él mismo nos relata cuando ejecuta la batería.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente






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