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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Camel Live Royal Albert Hall 2018

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 La música siempre ha servido a grandes rasgos generalmente para dos cosas y es importante captar la sutil diferencia en ambas.  Por una parte, está principalmente “para llenar el tiempo” y por la otra “para usar ese tiempo” porque se supone que todos entendemos lo que es decorativo visual y aquello que abriendo sus puertas nos ofrece un mundo dentro de sí mismo. Por lo general toda la música y el arte en concreto ha ido perdiendo ese “mundo interior” para cambiarlo por ese objeto funcional “que está ahí” pero no tiene ninguna función aparte de llenar un espacio vacío. Al igual ocurre con la música actual que solo tiene el propósito de romper el silencio y molestar lo más posible para evitar toda respiración y calma. Porque un mundo sin ansiedad ni estrés no es bueno para ningún negocio.  A poco que uno use la “atalaya” que llevamos encima de los hombros se habrá dado cuenta que todo está pensado y orientado para “no pensar” “no sentir” y por supuesto no “cuestionar” porq...

HUMBLE PIE - Smokin’ (1972, A&M)

 Mientras Peter Frampton se buscaba las habichuelas por su cuenta, Humble Pie no necesitaba de bebedizos prodigiosos para hacerse crecer pelo en el pecho. Sólo hubo que añadir a Clem Clempson a la suma y Smokin’ estaba listo para cortar con cuchillo de carnicero. Humble Pie, el combo de rock que el ex Small Faces Steve Marriott se había inventado años antes tirando del talento del ex The Herd Frampton, podía sobrevivir en el 72 a su reconocimiento imparable sobre las tablas, obra de una grabación del calado de Performance Rockin’ The Fillmore, publicada en noviembre de 1971. 


Greg Ridley y Jerry Shirley, como fundamental espina rítmica que recorre de punta a punta el sonido de los de Essex, dotaron de una lengua funky que mojaba el boogie caliente y los contados escarceos con el gospel (“You're So Good For Me”) incluidos en Smokin’. “Hot ‘N’ Nasty” como sucesión de guitarrazos pletóricos de ambición pulidos con las teclas de un Hammond restallante, “The Fixer” tan Free, “Old Time Feelin’” en las escalinatas de una fonda sita en Nueva Orleans y “Sweet Peace And Time”con Jerry y Greg vibrando a su palpitar. 

La versión de “Road Runner” es medianamente reconocible, por mucho funk que se apodere de ella, cosa que no pasa con un “C’mon Everybody” casi hard, tocante con la mala leche de Blue Cheer. “30 Days In The Hole” sería su batalla especialmente victoriosa por encima del resto de contiendas ganadas en este LP, canción que se abría con toda la banda entonando a cappella el título de la canción, algo parecido a lo que hacían los Eagles antes de salir a escena. Un ritual que les dio resultado. 


El ahora nuevo cuarteto dejaba que su antiguo compinche Peter se montara su propia base de acólitos, esa masa de seguidores que alzarían al primer puesto de las listas estadounidenses y canadienses su directo del 76 Frampton Comes Alive! No importaba, Humble Pie habían vuelto en 1972 y eso era lo importante; de hecho, nunca se habían marchado. 

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com


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