TANGERINE DREAM - Live at the Victoria Palace Theatre, 1974 - The Virgin Recordings 1973 - 1979 - (2019 / Virgin)
Hora de darse una vuelta por la zona de confort. Ja. De eso nada.
Al contrario que otras bandas-franquicia, que se venden como "la experiencia real", cuando te están metiendo una banda tributo, (Foreigner, Kansas....), en Tangerine Dream todavía hay un pase. Porque aunque ya no haya nadie ni remotamente original o histórico, sus miembros se dedican todavía a crear e improvisar como en los tiempos gloriosos. No son una copia carbón, una clonación con idénticas canciones y arreglos. Aquí todavía hay creatividad, Arte. Claro que directamente inspirado de la etapa clásica, con la trilogía sagrada, Franke-Froese-Baumann.
"Live at the Victoria Palace Theatre" no es un disco suelto. Pertenece a la box-set, "In Search of Hades" (The Virgin Recordings 1973 - 1979). Pero lo tienes en la red sin problema.
1974 fue el año de "Phaedra", y algo ocurrió a partir de entonces en la música progresiva electrónica. El primer concierto de aquella apretada agenda, es éste que hoy traemos.
Virgin tuvo la brillante idea de grabarlo profesionalmente y sacarle brillo en The Manor. Se trata de dos largas suites improvisadas. "Part 1" (46'54) y "Part 2" (28'16). Más un encore de 13 minutos.
Escuchando ahora grabaciones como ésta, se llegan a interesantes reflexiones.
Primero, que toda esa morralla tóxica que invade Internet como "Berlín School", no es más que flatulencia IA, y desvirtúa y miente en su raíz a aquel movimiento. Una puta mentira. Mierda pura.
Bien es cierto que esto sucede porque la información suministrada como alimento para las com-PUTA-doras, procede a su vez de mucho disco actual "berlinés", ( o eso dicen!), creado por el hombre. Algo alejado totalmente del verdadero sonido, actitud y filosofía.
Actualmente "lo Berlín School" es una parodia. Una simplificación hasta lo infantil. Un secuenciador que suene molón, unas melodías cyber-smooth prefabricadas y simplonas, y una estructura casi de canción pop al uso. Vale. Ahora escúchate esto. La cosa real. Verás como no tiene mucho que ver con ésa miriada de sintetistas de dormitorio, que se autoproclaman "berlineses" por el puto morro. Porque la investigación, lo experimental y la improvisación, brilla por su ausencia.
Lo que consiguieron Peter Baumann, Chris Franke y Edgar Froese, fue una absoluta comunión mental, psíquica y espiritual entre tres cerebros interconectados. Inteligencia Natural. Sólo comparable con las ardientes y narcóticas jams del be bop de los años 50, de los grandes monstruos del jazz. Un milagro.
Además, cada concierto suyo era distinto. Un álbum hecho in situ, en vivo, para la parroquia (o Catedral, como en Reims). Feligreses que escuchaban con veneración sectarista y adoración pagana. Algo digno de ser vivido, sentido, experimentado. Eso y la pureza de las drogas psicodélicas de entonces, era como un portal dimensional. Puro Stargate.
Tres chamanes desde su altar, exhibiendo poder sonoro parapsicológico de muy alta efectividad hipnótico-cerebral.
Se ha perdido aquel aura de malignidad. De ambient malsano, maldito. Hecho casi a mala hostia. De lo siniestro. Del misterio. Aquel que enamorara a William Friedkin para "Sorcerer". Que reinaba en la exploración cósmica, como una sonda mental que perforaba el alma.
Todo eso lo encuentras en "Part 1" de este concierto, en dosis generosas. Y en todo su oscuro esplendor. Algo de esto han retomado los revivalistas del "dungeon synth". Pero más bien, pienso, por su pasado dentro del metal extremo. Tangerine Dream no admitía postureos de moda ni snobismos fatuos. Era gente que escuchaba a Cage, Stockhausen o Ligeti.
Únase a todo lo dicho el instrumental utilizado. Armatostes de genuina analogía 70s. Modulares prototipo, potencia sónica de primera generación de síntesis. Sagrados Mellotrones en constante agitación y conflicto. Universos inexplorados que, reescuchados hoy, se perciben todavía vírgenes. Porque se han quedado las nuevas generaciones con la forma light, fofa, blanda y simple. Y han perdido por el camino, el fondo de tenebrismo y convulsión psicológica que excitaba neuronas. Pero no, no hay que "molestar" al oyente. Un oyente que experimentaba con esta música. Digámoslo claro, que le hacía pensar. Era una droga en sí misma.
Así que hoy no analizo este disco como habitualmente hago. Prefiero que sea escuchado, con tiempo y atención. Está al alcance de todos.
Juzguen qué queda en la llamada "Berlín School" actual, de aquel pozo oscuro y ominoso sin fondo, de creatividad y sabiduría.
No me cabe duda. Porque volver a la "zona de confort", en realidad y en este caso, resulta ser todo lo contrario.
J.J. IGLESIAS
¿Te gusta Rockliquias?
Suscríbete a nuestro boletín para no perderte ninguna joya musical.
Suscripción

Comentarios
Publicar un comentario