CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA. The Enid Lives 2011-2012
Live Town Hall Birmingham y Live With The City of Birmingham Symphonic Orchestra
Creo recordar haber hablado ya en más de una ocasión de esta singular banda británica completamente diferente a todas otras del llamado rock sinfónico. A The Enid siempre he dicho que le sobra la palabra rock aunque algunas veces han hecho bromas en directo tocando algún cover como diversión o como parte del siempre peculiar humor inglés.
No voy a repetir por enésima vez la historia de este grupo, pero sí recomendaros las grabaciones más interesantes en los finales de su existencia que hasta hace poco aun dio sus últimos coletazos.
Robert John Godfrey fue diagnosticado con Alzheimer hace ya unos diez años, aunque siguió en activo hasta 2018 celebrando su 70 cumpleaños en una actuación la Union Chapel a modo de despedida. Ya no se nada más de él aunque en 2019 apareció un último álbum de estudio llamado escuetamente “U” y participando en alguna aparición esporádica.
Godfrey es uno de los personajes más pintorescos y a la vez más peculiares de lo que significa el estilo sinfónico en el progresivo. Tan amado como odiado, incluso ridiculizado por los de siempre y por los que odian el lado más extremo del prog que es generalmente la música clásica. Personaje erudito y culto y con cierta tendencia a lo esotérico, orientalista y a los poetas malditos del simbolismo. Individuo incorruptible tan extraño como encantador vivió siempre en un mundo musical neo romántico imaginario más dentro de la clásica y estética literaria cultural de finales del XIX que cualquier otra cosa. Una especie de Mahler y Elgar en tiempos progresivos. Un rara avis inclasificable. Tiene 78 años y nació en Kent y poco se sabe actualmente de él salvo alguna actuación esporádica y algunas informaciones que podéis consultar en su blog “Enidi”.
The Enid fue una de las bandas más extremas del sinfonismo rock. Las otras dos podrían ser Renaissance y por supuesto ELP. En los tres casos odiadas por la mayoría de los críticos de rock y evidentemente por el contrario y lógica recalcitrante, ninguneadas y no tomadas en serio por el rígido mundo académico clásico.
En música como en muchos otros aspectos sociales y evitando siempre la asquerosa equidistancia comparativa, el estar “en tierra de nadie” es lo que a mí personalmente me genera mayor respeto y curiosidad. Cuando el aprecio y el odio en música son tan distantes y antagonistas en términos generales, algo se está haciendo correctamente. Lo peor en todo es la mediocridad y el consiguiente aburrimiento. Todo aquello que genera indiferencia. Lo inocuo, convencional, previsible y tedioso raramente genera sentido del humor y por consiguiente entretenimiento.
Cuando algo se ama o se odia diametralmente crea una reacción en el comportamiento humano porque lo que nos va desde que Darwin y Jung se dieron cuenta de lo impresentables, egoistas y mezquinos que somos, es el caos y lo inestable. Raramente la tranquilidad y el equilibrio, la lógica y lo racional tienen cabida en nuestro mundo y realmente sería lo deseable, aunque por otra parte no haríamos tantas risas y no disfrutaríamos de eso tan maravilloso que es la ironía, el sarcasmo y el cinismo. La idiotez y la estupidez generalizada en las creencias fue en cierta manera una bendición y la motivación del sentido del humor.
Algo que parte del error casual como es la existencia humana determina esta reflexión.
La música de The Enid crea ese revulsivo en el mundo del rock que siempre es fascinante y provocador como la épica, lo grandioso y lo excesivo y además nos permite a los amantes del estilo la auto-parodia y las risas que es una extraordinaria forma de tocar las narices y molestar.
Entre el 2011 y 2012 la banda de Robert John Godfrey editó dos grandiosos testamentos sonoros en directo a raíz de su último trabajo en estudio de 2010 “Journeys End” después de un largo silencio.
El primer doble CD de fue grabado originalmente en el Town Hall de Birmingham en abril de 2010 con una banda completamente reformada y la inclusión de su viejo compañero de inicios Francis Lickerist y el segundo con pocos meses de diferencia en la edición final ya en octubre 2012 incluyó una orquesta sinfónica y coros de la misma localidad. Con un set list bastante similar. Ambos trabajos autofinanciados gracias a su club de fans.
Lo cierto es que muchos discos del grupo de los 80´s y los 90´s son inclasificables en cuanto estilo y forma y despistan completamente al oyente sinfónico acostumbrado a sus trabajos de los 70´s. A Godfrey y su entonces colega Stephen Stewart les dio por experimentar con aparatitos y electrónica y algunos trabajos resultaron chocantes como “Salomé” o “The Spell” y lo mismo ya en los 90 con los estrafalarios “Tripping the Light Fantastic” o “Sundalier” donde tonteaban con la música tecno bailable de una forma un tanto surrealista que casi suena a parodia. Con todo siempre eran sumamente originales e imposibles de clasificar.
En “Journeys End” se mezclan diferentes etapas entre clasicismo extremo y sonidos medio disco-soul electrónicos que pueden parecer aberrantes, pero cuando menos divertidos y chocantes. Cuantos menos prejuicios tengas con esto mejor y elige lo que quieras por eso digo lo de auto-parodia y no tomarse en serio las cosas.
En el Town Hall la banda interpreta su último disco en estudio y como no sus clásicos de siempre. El juicio Final, En la tierra de las estrellas de verano, Childe Roland, The lovers y la impresionante suite Fand. Para los que no estéis familiarizados con la música clásica de finales del XIX y principios del XX, será sin duda un trabajo y una escucha irritante y cuesta arriba, para el resto y por supuesto seguidores del grupo, un trabajo emocionante y lírico a partes iguales. Ni más ni menos. Decir que las formas vocales son también peculiares y necesitan atención. Si eres nuevo en esto date una oportunidad y luego decides. Si eres un amante de las estéticas clásicas neo-románticas años 20 y el arte modernista no hace falta que te diga nada.
En el siguiente doble CD de 2012, Godfrey cumpliría su sueño de que la música de The Enid se interpretase con una orquesta sinfónica real que en realidad es la manera orgánica y natural de escuchar su música. Naturalmente este disco ya no tiene nada que ver con lo prog en el propio sentido del término, aunque banda eléctrica y orquesta clásica y coros compartan el proyecto y el resultado y compenetración hacen por la propia forma compositiva que se hermanen perfectamente. De hecho, este producto al menos la primera parte, podría editarse sin problemas por cualquier sello discográfico exclusivamente clásico y no supondría un dislate como suele ocurrir cuando otras bandas puramente rockeras de hard o metal echan mano de orquestas sinfónicas algo que suele terminar en un aquelarre sonoro ruidoso e indigesto cuando no en una infame horterada. Históricamente los intentos de acoplar grandes orquestas con bandas de rock han sido un híbrido terrible y salvables solo en el caso de que las bandas fuesen exclusivamente de rock sinfónico y a veces, aún así, la complementación y ajuste sonoro no ha sido nunca perfecta.
Vayamos por partes. El primer CD contiene: Judgement, In the Región of the Summer Stars, Childe Roland, The Mirror of Love y Fand. Perfecto programa para la orquesta sinfónica y para los amantes de Gustav Mahler, Edward Elgar, Prokofiev o cualquier otro compositor de principios del siglo XX. Piezas como el Dies Irae que es en realidad una adaptación de Judgement, la encantadora Región de las estrellas en verano o la siempre impresionante suite de Fand se engrandecen de forma formidable en una épica sonora indiscutible. Los que conozcan bien esta historia estarán de acuerdo en lo que digo.
Está bien ser valiente y la segunda parte del programa lo dedica a sus últimas producciones como el “Journey´s End” difícilmente clasificables sea el camino que utilices para etiquetar. El estilo clásico rancio mahleriano-bruckner-wagneriano de sus primeros discos desaparece y da paso a un extraño híbrido electrónico-sinfónico mucho más percusivo-ritual con extrañas voces operísticas y paisajes cercanos al ambient cinematográfico. La música es muy diferente al primer pase del programa siendo más cercano a los experimentos de los 90´s tipo “Sundalier” etc pero manteniendo esa épica extraña. Infumable y denso para unos, interesante y atractivo para otros, pero siempre en ese inclasificable “terreno de nadie”. En su página web parece que siguen activos incluso tenían programado algún concierto en el pasado año 2025. Sea como fuere ya solamente son un recuerdo en el pasado y como dijo una vez Frank Zappa los compositores actuales se resisten a morir. Aun a riesgo de terminar siendo una caricatura de sí mismos.
Alberto Torró


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