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BATERISTAS EN LA SOMBRA XXXIX: -Desde el río Piles al barrio de la Calzada en Gijón

En ésta nueva etapa de bateristas en la sombra, hacemos un alto en nuestro recorrido para centrarnos en rememorar aquellos años de esplendor ofrecidos por algunos de los bateristas y sus destacados más proyectos en Asturias. Este trayecto abordará un recorrido que desde el delta del río Piles nos conducirá al dinámico y explosivo barrio de la Calzada, donde el arte sonoro latía con fuerza desde la fase final de los años ochenta hasta la recta final de los noventa


Gijón disfrutó de su pletórico momento de energía eléctrica desde la fase final de la década de los setenta, cuando el nerviosismo expresivo de bandas como Alcotan persuadieron la conexión directa con las sensaciones de una generación embadurnada de olor a salitre, carbón, y siderurgia. 

Alfredo Fradejas, el baterista que esbozó inicialmente el proyecto Géminis cuya desembocadura llegaría a las enérgicas aguas de Alcotan, fue uno de los músicos poliédricos avalados por el entusiasmo expresionista en su apuesta de poner en marcha un proyecto musical que sin desvincularse de elucubraciones accesibles para los oídos de la pereza, establecieron un lenguaje que en el año 1979 impuso un carácter tan retrospectivo como vanguardista. Para hacerlo posible, fue necesario cimentar una formación tan sólida como consecuente para desempeñar el papel preciso en el contexto más adecuado. Y junto al baterista Alfredo Fradejas, de esta labor se hicieron cargo otros músicos del barrio gijonés de la Calzada como Ángel Rodríguez (voz), Jesús Ardura (guitarra), Ángel Morán (bajo y coros), Víctor Manuel Morencia (teclados y coros) y Roberto Martínez (saxos y flauta).


Para Alcotan no fue preciso definir un coloquio expresivo de bautismo Pop Rockero que poseía otros saludables nutrientes procedentes del Folk, para recorrer prados dentro del ritualismo festivo asturiano de la época, e inclusive, para llegar a otras regiones limítrofes como León, Palencia o Burgos, en las que inclusive los oídos más receptivos, al igual que los más opacos de los santos inocentes que custodiaban nidos de Cigüeña sobre los campanarios de la Iglesia de San Froilán de las Ascuas, pudieran valorar la propuesta de unos Alcotan que desprendían energía orgánica  marcada por la precisión del Groove de Alfredo Fradejas (Fredo), cuya pegada y sutileza en la aplicación de golpes dobles y simples, o la orquestación de un feel en el cierre compases, requiere de ser un conocedor nato en la aplicación de un preciso fraseo lineal.


En mayo de 1985 entran a los estudios Eolo de su Xixón más incrustado en sus almas que en el corazón de la exploración,  para registrar el destino de un máster hacia la Sociedad Fonográfica Asturiana, su única referencia discográfica oficial. Un Maxi Single de título homónimo compuesto por los temas como: Chica de discoteca, Indecisión, El baldeo y Don Pelayo. Este impulso fue producido por ellos mismos y exponía la efervescencia hilvanada sobre un carácter musical tan inocuo como necesario en Asturias, en un momento en el que romper fronteras para abordar otros países era crucial. Y precisamente sin ser héroes de pelayesca leyenda dieron conciertos en la Europa Continental, llegando hasta Suiza en septiembre de 1987, donde tocaron para los emigrantes astures quienes, por supuesto, los recibieron calurosamente como embajadores musicales de la tierra. Iruña y Barricada compartieron escenario con los creadores de Don Pelayo. 



Alfredo Fradejas, Fredo, como artista dual, se ocupaba de la batería y la voz. Y a pesar del punto y final de Alcotan sucedido en el año 1992, puso en marcha el Grupo Trapecio cuyo proceso de vigencia concluir en el año 2019, ocupándose al mismo tiempo de desempeñar labores técnicas en el proyecto municipal ‘Distrito música’ que trataba de acercar diferentes propuestas sonoras a los centros municipales integrados de Gijón.

Alfredo Fradjeas sigue siendo uno de los bateristas más influyentes del Asturias, y algunos de sus discípulos, (de los que hablaremos a continuación) predicaron con su ejemplo desde finales años ochenta hasta adentrando el cada vez más dislocado y artificial siglo XXI.


En este mismo barrio de La Calzada se fundó la banda Kashmir en el año 1988, inicialmente como una formación de versiones de Deep Purple, hasta que fueron evolucionando y metiendo sus manos en harinas de composiciones propias llegando a desfilar por el certamen que a modo de concurso, la sala Canciller de Madrid ofrecía a la escena de las bandas noveles de toda España. Fue sobre el escenario del añorado sótano de la calle Alcalde López Casero de Madrid, donde Kashmir logró enmudecer a un público hambriento de sensaciones de extensión eléctrica natural. El lenguaje de Kashmir empleaba un modo coloquial de Hard Rock sui generis de carácter melódico, que comulgaba con el Rock Progresivo y con el atrevimiento épico practicado en el Heavy Metal de aquellos años. Y eso fue precisamente lo que Kashmir encapsuló en su primer esfuerzo discográfico, un trabajo que habían prometido a sus fieles, y que de manera inexorable adoptó el título de Promised Land, puesto en circulación en el año 1992. La aceptación de esas promesas que no se quedaron flotando sobre el aire, les sirvió para que en el año 1995 pusieran la banda sonora del filme El Efecto Mariposa de Fernando Colomo.

Cuatro años después de que para muchos  pasase de puntillas, a pesar de estar dotado de AOR, Hard Rock con guiños hacia el Air Metal y las ineludibles influencias del Neo Prog británico, publican en 1996 el EP: Hard Times, un trabajo aromatizado por guiños hacia los ineludibles Deep Purple, en el que como su antecesor Promised Land, el baterista Manu Maroto manifestó con claridad, que la precisión del tempo, los silencios y la interpretación exclusivamente por y para la canción son el deber por excelencia de un buen baterista. Con Hard Times, Kashmir no lograron cruzar el puerto de Pajares en busca del auspicio del reconocimiento, pero en Julio del año 1997, se ‘’Hard-Taron’’ de satisfacer a los devotos de los teutones Scorpions, dado que los de Gijón jugaban en casa y dejaron ver con toda claridad, quién mandaba en aquel entonces en el Principado del Rock. Los responsables de éste EP y su escasa presencia en directo, fueron el mencionado Manu Maroto, junto al inigualable y lamentablemente fallecido, Alejandro Espina en el Bajo, sumados al distinguido guitarrista Tony Berdi, el excepcional vocalista Fernando Martínez y un no menos disciplinado teclista como Emilio Gutiérrez (a pesar de que éste último no participó en la grabación de la primera carta de presentación de la banda, cuya misión desempeñó Federico Pardo). 

En 1998 cuando graban su tercer álbum titulado Balance (que no se puso en circulación hasta el año 2020),  ésta gran banda rebosante de calidad, comienza a difuminarse hasta su completa disolución. De sus integrantes, el guitarrista Tony Berdi se instala en Madrid para trabajar en el campo Audiovisual en funciones de composición, y a su vez, para poner en marcha otros proyectos musicales de alto octanaje. El lamentablemente fallecido bajista Alejandro Espina pasaría a formar parte de Ilegales, mientras que el vocalista Fernando Martínez fundaría su empresa de sonido y el teclista Emilio Gutiérrez se centra en tareas como agente de ventas en una tienda de instrumentos de Gijón Por su parte el formidable batería Manu Maroto, se zambulle sin prisas en el proyecto No Old, que al margen de su nula actividad, esta banda cuenta con el notable groove de Maroto, en el que siempre se han atisbado influencias que transitan desde Ian Paice hasta los efluvios de Neal Peart hasta llegar a las majestuosas aportaciones de Gregg Bissonette



Y si Alcotan con Alfredo Fradejas le daban inicio a éste nuevo capítulo de bateristas en la sombra que discurre desde el río Piles hasta el barrio de la Calzada en Gijón, el baterista José Martínez ‘’Josín’’, ya apuntaba maneras cuando los propios Alcotan le concedían un hueco en el escenario siendo un joven y atrevido ‘’guaje’’para explayarse en el contexto musical de los propios Alcotan.

Josin, un músico forjado a base de disciplina, la investigación auditiva y de sonoridades de carácter expresivo libre, no tardó en comprender qué requisitos que un músico debe de aplicar a su lenguaje y concepción del mismo en calidad de baterista. Un factor primordial que le hizo desfilar de oca a oca por un Gijón sometido a un movimiento musical que en aquella fase media de los años noventa, en pleno auge del movimiento paralelo cultural Xixón Sound, lo que provocó que éste baterista nativo del barrio de la Calzada, formase parte de otro de los buques de la armada pesada del Rock más creativo, que adopta placenteras influencias de otros referentes europeos y norteamericanos de la época, para forjar una extraordinaria fusión del Rock y Funk, extrayendo como jugó un Cóctel muy apetecible para un público sediento de criterio. Fue así como se germinó el proyecto Dr. Lecter. Una banda que resultó ser ganadora del concurso Imaginarock a nivel regional, organizado por Cadena 100 Asturias, lo que les permite ir a Madrid para militar en la final de su fase nacional, celebrada en la sala El Sol de Madrid con gran éxito de público y buena aceptación por parte de la crítica, aunque finalmente el premio de estas benditas imaginaciones lo alzaron finalmente los valencianos Estatuas De Sal, pero… La suerte, fue, ha sido y continuará siendo esa prostituta que viste de verde y elige al azar el catre menos firme para embaucar a base de desfogue al pretendiente equivocado. 

El centro de operaciones de Dr. Lecter se hallaba en el barrio del Natahoyo, donde compartían local de ensayo con el grupo Los Cohetes. Su debut en directo, se produjo en un Bar del gijonés barrio de La Arena, con gran afluencia de público. Seguidamente se suceden las actuaciones en otros locales de esta ciudad y en diferentes puntos de Asturias, sumadas a las primeras apariciones en la Radio y en eventos como la Semana Negra, que inclusive en la actualidad no deja de ser una semana de referente de culto para los fieles de Gijón. 

También especialmente reseñable el concierto ofrecido por Dr. Lecter en el frontón de Cangas de Onís a mediados de aquella década de los noventa junto con el de la sala La Fábrica, donde llegaron a compartir cartel con las bandas Hamlet y Tierra de Nadie.


Tras el concurso Imaginarock, y coincidiendo con la salida de del bajista Eloy González y la entrada de Alejandro Espina (Ilegales, Kashmir), quedaron finalistas de la VII edición de concurso de rock Villa de Bilbao, lo cual supuso un empujón importante para la banda. Es entonces cuando se plantean grabar su primer disco. Un álbum que a petición de un productor de Madrid, sería posteriormente grabado en castellano, aunque ninguna de las dos versiones del mismo vieron la luz. Sin embargo, sí fue publicada su actuación en directo en la final de la 1ª edición del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo (que hoy en día rinde homenaje, precisamente, al desaparecido Alejandro Espina),  Esta grabación está disponible a través de Spotify y otras plataformas digitales.

Fredo Fradejas (Alcotan), Manu Maroto (Kashmir) y José Martínez ‘’Josín’’ (Dr. Lecter), han sido, son y seguirán siendo en Asturias tres distinguidos y memorables bateristas, que a pesar de ser muy diferentes entre sí, sostienen el mismo nexo común, que no es otro más que el de preservar su exuberante concepto de transducir la energía orgánica en eléctric y su destacado potencial creativo. Una realidad que les ha guiado a ser tan representativos como influyentes en su tierra a pesar de que hoy, largos años después de aquel manifiesto de calidad, tesón y fuerza, estos tres sobresalientes músicos se hallan cobijados por esa sombra que injustamente les arrincona en el olvido.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente







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