Entrada destacada

TONY BANKS - Still (1991 / Virgin)

Imagen
 Me parto y me mondo siempre que escucho los álbumes "malos" de Genesis. Reconozco que son unos de mis muchos "guilty pleasures". Pero es que un tendero con muy mala uva me los regalaba para joderme la vida. Resulta que tengo todos, incluidos maxis. Vuelvo al tema, decía que me río cuando escucho a Tony Banks en esos discos, porque el hombre es absolutamente incapaz de ser simple, pop o comercial, aunque lo intente. Antes muerto que sencillo. Simplemente,  no le sale. Y es ése factor el que hace que esos ramplones discos, tengan algo de miga, enjundia y significado. Al menos para mí. Comprendo al que los aborrezca. Está en su derecho. En una reciente conversación con un amigo de toda la vida, salió este disco. Que yo ni estaba seguro de tenerlo, luego resultó que sí.   Le vamos a dar un paseo turístico por Rockliquias conmigo de guía,  en esta visita guiada. Tercero en su carrera en solitario, y como siempre bien acompañado. Fish, Nik Kershaw (luego repescado po...

CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Jon Anderson and The Band Geeks - Live Perpetual Change 2025.

 No sé cuanto tiempo le quedará de cantar a este señor de 82 años que siempre ha vivido en ese mundo paralelo de hadas, duendes y seres mágicos sin querer salir de una extraña senil- adolescencia y una anacrónica actitud positivista de un mundo feliz que casi se parece a un cruce entre Walt Disney y Steven Spielberg (terrible la última revelación). Sinceramente no sé cómo definir a personas que lograr construirse una burbuja de bondad e idealismo llegados a la edad del cansancio y el desengaño, en medio de un mundo tan agresivo asqueroso falso y repelente. También tengo mis dudas si esto se lo toma en serio o ya es una pose y producto de una imagen de personaje artificial perfectamente calculado en ese lado místico trascendental cursi setentero del mundo imaginario symphonic prog tan ingenuo como enternecedor del que algunos clásicos del género alardearon décadas atrás y que mantienen como recordatorio de nostalgia y utopía.



Intentar vivir en un mundo anacrónico lejos de la realidad es un mecanismo de defensa que muchos de nosotros ya sea de manera consciente o no hacemos. Tiene su lógica pero también parte de la impotencia y desesperación. Principalmente los que estamos en ese lado del progresivo más amable e imaginativo. Adorable conducta sin duda aunque con los años tengo que admitir que “esa forma de vida” como etiqueta que se nos coloca a los que la música ocupa la mayor parte del tiempo, está bien siempre y cuando no se tome demasiado en serio o no se convierta en una patología que afecte la salud mental. 

Admitámoslo… ya pasó el tiempo de ser coleccionista compulsivo maniático de la arqueología sonora buscando siempre esa edición inédita de vinilo con incrustaciones de escarabajo doradas editado en la época del antiguo Egipto que incluye en la cara B una flatulencia melotrónica del faraón Amenhotep III. 

Parece una broma y no lo es.

A todos o casi, nos gusta una parte muy concreta de la música, casi de manera exclusiva me atrevería decir- Los más mayores se nos acusa de vivir en una “zona de confort” y de no asumir riesgos. Es cierto. 

Explicar esto a los que en música necesitan estímulo constante y búsqueda insaciable atrapados en la vorágine estresante en una carrera sin fondo en acumulación novedosa de sensaciones al minuto, es tarea imposible. Llega un momento en que hay que bajar de ese tren de alta velocidad de los fanáticos de la música y el arte en general. Llenar las 24 horas del día en estímulos y novedades sin una respiración y sin un silencio no tiene ningún sentido lógico salvo alimentar la ansiedad y la agresividad del día a día. Depresión asegurada a corto plazo salvo que te contraten para el club de la comedia y te paguen bien y aún así.

Por eso entiendo perfectamente que a veces entres en tu templo-habitación llena de vinilos, Cd´s, libros, souvenirs y extraños incunables inconfesables y de repente te entre una irascible necesidad pirómana con grito reprimido y llanto contenido de deshacerte de una vez por todas de la pesadilla. Me consta qué como toda adicción, esto se le ha pasado por la cabeza a más de uno.

Descubrir, aunque sea tarde, la necesidad de la “lentitud” en la vida adulta, la respiración, el silencio y la importancia de las cosas sencillas y simples, es posiblemente el momento de la lucidez. No me confundáis esto con ir de “guru majadero” Iluminado o de gilipollas experto “mindfullness” de los que abarrotan TikTok o el YouTube algunos con el gorrito de aluminio en la cabeza. Nada más lejos. Llegado el momento y no tomarte ya nada en serio es una completa liberación. La vida está llena de idioteces innecesarias. Nada en absoluto es importante o imprescindible. Tan solo de intentar estar lo mejor posible y si para ello hay que tirar lastre, adelante.

Hace unos días salió “Aurora” lo último de Steve Howe y sus muchachos y aunque algo mejor que los anteriores insisten en esa línea geriátrica inocua y aburrida que la franquicia Yes lleva años tomando desde que Benoit David y Oliver Wakeman se fueran o más probablemente los echaran. Una pena porque lo hacían bastante mejor. Hoy la incapacidad que tienen de encontrar una línea musical o melódica que atrape lo hace todo cansino y me deja completamente indiferente.

Pero bueno. A lo que vamos. Que el rock sinfónico nos siga alegrando el día de vez en cuando, aunque sea con “falsos positivismos imaginarios” me parece estupendo. Para pisar mierda ya tenemos las calles, los tugurios, y toda la esplendorosa basura sonora e infecta información digital en las redes. Soñar, de momento no tiene copago administrativo. Así que bienvenido sea este doble trabajo de nuestro “yerbas” favorito que ha encontrado la banda perfecta para tocar al menos con la “dignidad” y clase la música que los propios Yes de Steve Howe hoy son incapaces de realizar. Hacerse viejo es sinónimo de desgana en la mayoría de los casos.

Como digo Jon Anderson ya en sus años de señor muy mayor ha podido encontrar un vehículo más respetuoso de su propio legado. Aquel que su propia banda le negó al echarlo (algo que en los tiempos de Squire hacían sin contemplaciones) por problemas de salud al igual que hace una vulgar empresa que solo mira por el negocio en regulación de empleo. El señor Anderson se recuperó y no perdió esa visión idealista de seguir cantando aquellas magníficas epopeyas sinfónicas de los setentas. No puedo decir lo mismo de su irregular carrera en solitario y ocurrentes colaboraciones esporádicas, porque esa es otra historia.

Ciertamente ya lleva unos años con los Geeks del Richie Castellano, que no solamente es que lo hacen bien, sino que superan con creces la abulia sonora de la banda madre del señor Howe y cia.

Después de un montón de giras con sus nuevos amigos por fin apareció en el pasado 2025 este estupendo doble en directo “Perpetual Change” que de alguna manera los viejos seguidores estábamos esperando. Todo sea dicho, la verdad es que el producto no defrauda lo más mínimo. Efectivamente los viejos sinfónicos nos agarramos a la eterna zona de confort, pero lo hacemos por puro pragmatismo. Llega un momento que el “entre medias”, las aproximaciones o las medias tintas, dejan de interesar. No quedan alternativas decentes a las que agarrarse y no estoy justificando en ningún momento una estúpida y rancia actitud elitista. 

Aunque pueda parecer evidente y sospechoso, los Band Geeks no son una mera copia del Yes clásico. Escuchándolos fuera de prejuicios y comparativas se enfrentan a piezas tan complejas como por ejemplo Close To The Edge o “Gates of Delirum” con una frescura y limpieza renovada. Como una efectiva reforma de una casa antigua al que se le ha dado un nuevo enfoque, pero respetando el plano original. En el caso que nos ocupa, evidentemente no se le puede pedir a una persona que tiene 82 años que cante como cuando tenía 25. Es imposible y eso se nota en esta grabación, aunque afortunadamente mantiene el tipo en proyección y ajuste de la tonalidad.

En lo que respecta al desarrollo instrumental del bajista y líder Richie Castellano, el teclas Rob Kipp, el otro teclas Chris Clark , el guitarra Andy Graciano y el drummer Andy Ascolese, se puede decir que están a un nivel que no he escuchado en otras bandas tributo a Yes en ningún momento. No imitan, reinterpretan con soltura a su manera natural y suena freso y sumamente agradable de escuchar. Sin forzar o complicar el asunto innecesariamente. Naturalidad y limpieza. Para conseguir que una banda suene así de “fácil” y directa hacen falta, aparte de técnica y estudio, un buen planteamiento y claridad de ideas. Claro ejemplo de cuando los alumnos superan al maestro. 

En temas tan enrevesados como Heart Of The Sunrise, donde las dinámicas y la estructura siempre me parecieron liosas y caprichosas, parece existir un mayor orden que incluso que en la banda original. Las conversaciones y entrelazamientos de guitarra y bajo suenan mucho más claras y fluidas que el original. Los interludios vocales y respuestas instrumentales que cambian de tempo constantemente en esta pieza parecen mejor definidas. Escuchar el sinte de fondo apoyando a la voz de Anderson y los silencios precisos entre los constantes cambios, subidas y bajadas de la pieza y la claridad de separación de instrumentos lo encontramos mucho mejor hecho aquí. Naturalmente los avances tecnológicos de grabación de las épocas actuales son superiores.



“And You and “I suena tan hermosa y precisa como se esperaría de ella y lo mismo sucede con el resto. La selección de estas diez piezas son el mejor ejemplo del mejor Yes. Sus mejores temas. Quizás yo echo en falta algo del Tales topográfico, pero ya es pedir demasiado seguramente.

Una grabación imprescindible si todavía crees que aquellos tiempos musicales fueron mejores y que es bueno que el presente los siga recordando.

Alberto Torró


Temas
01 Yours Is No Disgrace   9:56
02 Perpetual Change   9:31
03 Close To The Edge   18:23
04 Heart Of The Sunrise   11:43
05 Starship Trooper   10:43
06 Awaken  16:03



¿Te gusta Rockliquias?

Suscríbete a nuestro boletín para no perderte ninguna joya musical.

Suscripción







Comentarios

  1. Pues sí que está bastante bien este directo. Lo que más me sorprende es la voz de Anderson al que vi hacia unos 20 años en solitario y fue bastante penoso. No sé si le habrán pasado multitud de filtros, pero realmente sorprendente que mantenga la voz también cuando ya digo hace 20 años la tenía fatal.
    Ya no suelo escuchar Rock, de vez en cuando algo de King Kingson, Van der Graf o de Zappa. Pero esta semana he estado escuchando también el último de Yes y ahora este. A ver al contrario de lo que dices Aurora creó que está bastante bien, desde luego mucho mejor que los anteriores de Yes. Con un Howe impresionante, haciendo nuevas cositas en la guitarra que no le había escuchado y una producción muy bien hecha. Además Davidson tiene la voz mucho más madura.
    La verdad es que estoy disfrutando bastante estos dos últimos productos de la saga Yes

    ResponderEliminar
  2. Alberto: Siempre me encantaron tus reseñas, desde los tiempos de Lunar Suite. Sigue siendo un placer leerte. Magnífica reseña. Enhorabuena. Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Lo cierto es que a Yes desde el 90125 en adelante y salvo discos puntuales les he cogido una manía probablemente injustificada. Parecen más una franquicia rutinaria o una empresa de trabajo temporal que una banda que disfruta de lo que hace. Yo tampoco escucho rock salvo que encuentre algo sinfónico progresivo fuera de lo común. Prefiero los clásicos de la primera mitad del siglo XX. Efectivamente Anderson tuvo serios problemas de voz hace ya varios años y además es asmático. Pero bueno ahí sigue el tío. Gracias por leernos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

anuncios multiplex