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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Dave Bainbridge - To The Far Away 2021

 Dentro de interminables viajes por la “red musical profunda” uno acaba casi siempre desilusionado a la búsqueda del santo grial porque todo hay que decirlo, mi paciencia ya no es la de aquel chaval cargado de entusiasmo que veía la música como la única redención posible de los actos deleznables del entrañable ser humano. El inmenso almacén de mediocridad musical actual en prácticamente todos los estilos hace imposible el disfrute de una audición sensata y agradable. 



Convencido de que en realidad al igual que todos tienes que participar del club de la comedia para no “cantar demasiado” y para alegrar en lo posible el inestable ir y venir cotidiano, uno intenta poner cremita relajante para facilitar la evacuación intestinal y ofrecer sonrisa de anuncio televisivo.

La ventaja es que llegada una edad la risa y el cinismo no hay que declararlos (de momento) en hacienda y que además dependes de la farmacia si o sí para que esa alegría no acabe en amargura. Finalmente, en un acto de lucidez extrema te das cuenta que estar pagando durante años un seguro de decesos teniendo el contenedor de basura cerca de casa como alternativa final es la grandilocuencia sinfónica por excelencia y un ejemplo visionario de alto nivel.

A pesar de que según pasan los años dejas de creer en todo, siempre queda algún extraño atisbo de lucidez en alguna parte del mundo. Un rara avis, diría. Esto sirve de medicamento en la broma pesada en la que estamos inmersos y por eso afirmo siempre la importancia del humor negro tirando a marrón que en realidad es un sustitutivo vital de la rabia y la impotencia.

Esto viene cuando sin esperarlo encuentras algo bueno, en este caso la música que por casualidad aparece en tu vida y de alguna forma “te da una patada” para seguir adelante. Estos momentos son tan escasos y extraños que sin quererlo toman un valor importante al que te agarras a ellos como a una tabla de salvación. Incluso te lamentas de no haberlo descubierto o experimentado antes. Todo con medida para no acabar en ese mar snob de lo “superficial” e interminable. 

En música como en tantos otros asuntos hay muchas cosas a las que no les prestas atención y a veces por lógica, pasan inadvertidas pero que solo son importantes siempre y cuando te sean útiles. Lo demás es perder el tiempo. Creo que acapararlo todo, aparte de imposible, es algo enfermizo propio de coleccionistas. Tenerlo todo: “mi tesoro” para no saber en realidad de nada y tener una ilusión de vanidad superficial y distorsionada. Al final la mayoría de las veces, siempre diría: menos es más. Quien mucho abarca, poco aprieta.

Objeción aparte, esto me ha ocurrido con este señor llamado Dave Bainbridge. Compositor, guitarrista y teclista que formó parte de una banda de folk celta llamada Iona. Es cierto que los conocía de nombre desde hace muchos años pero no había entrado y es raro porque a la par del progresivo y desde muy joven siempre he estado muy interesado en la música folk británica en gran parte de sus vertientes y principalmente en el aspecto céltico. Iona fue una banda donde sus miembros provenían de diferentes partes del Reino Unido ya fuesen Irlanda o Escocia etc. El problema con esta banda era que se les etiquetaba como “rock folk cristiano” y eso era un freno para mí por mi aversión natural a todo tipo de creencias religiosas. Conste que intento separar la música de las creencias y las ideologías, pero reconozco que esto para un racionalista como yo resulta complicado y a veces hasta repelente. Ciertamente estoy escuchando a Iona con mayor atención. Lo cual me alegro porque fueron una banda excelente

No puedo evitarlo. Siempre me ha resultado complicado separar al artista de su obra. Hay gente que le da igual si le gusta su obra, pero a mí me resulta difícil si el personaje me cae mal. Por poner un ejemplo el compositor clásico austriaco Antón Bruckner es uno de mis sinfonistas preferidos que dedicó todas sus enormes sinfonías a dios todopoderoso. Este señor era un cristiano básico humilde obsesivo y radical al borde de la paranoia, con costumbres truculentas y morbosas sin ninguna autoestima personal y según fuentes biográficas cercano a lo ridículo, sin embargo, su música, que no es de este mundo, fue y es probablemente lo más grande, espiritual y grandilocuente que se ha creado. Anécdotas de la vida.

Descubrí hace unos días a este compositor llamado Dave Bainbridge y no me avergüenzo de recocer mi ignorancia hasta ahora. Cuanto más crees que sabes más ignorante eres. Sí que me pena no haberlo hecho antes. Después de su experiencia con los citados Iona y con un bagaje de 7 discos en 26 años de vida, mantuvo desde 1998 una carrera paralela tanto en solitario como en colaboraciones con otros músicos de su misma banda así como con otros, dejándonos otros nueve álbumes de estudio que una vez descubiertos y analizados (todavía sin profundidad) me parecen auténticas joyas entre la denominación del sinfónico prog y y el folk celta y que me ha dejado sin duda con un interés que rara vez tengo ya en los tiempos que corren. Bienvenido sea desde luego.

Bainbridge nació en 1959 en Darlintong UK. Desde 2015 colabora también con los legendarios Strawbs. Estudió música en el Leeds College of Music y fue graduado con honores. Lo cual después de escuchar su forma de tocar la guitarra y los teclados no me extraña en absoluto. Vaya nivel. Tanto técnico como emocional porque esa combinación para mí es esencial en la música. Piano desde los 8 años y guitarra desde los 13. Aparte de compositor también es profesor de música. Vaya carrera lleva este señor.

Hablar largo y tendido sobre este personaje me llevaría varios artículos y necesitaría más tiempo para estudiarlo en condiciones y poder desarrollar una crítica que no sea demasiado anticipada y procaz que dé lugar a errores o falta de reflexión por mi parte. Todo lleva tiempo y prefiero recomendar de forma algo anticipada alguno de sus discos como “To The Far Away” de 2021 que me tiene enganchado desde hace pocos días.

Da igual que este señor toque la guitarra o los teclados. No sé sinceramente en cual de estas facetas es mejor. Muy importante destacar que las voces por norma en todo su recorrido son femeninas y en este caso me encuentro con la agradable sorpresa de Sally Minnear, hija a su vez del teclista de Gentle Giant, Kerry Minnear. Familia de músicos de los de verdad. Maravillosa voz y maravillosas composiciones que abarcan un amplio abanico de estilos folk y progresivos con una fuerte base sinfónica. No son discos para escuchar a la ligera, por lo cual no quiero anticiparme pero si decir, que si te gustan los Camel de Andy latimer del Harbour of Tears, aquí tienes a una gente que son perfectos compañeros de batalla musical. Añadiría que en esta liga estarían los Cyan y los Magenta de Robert Reed y ya tenemos el perfecto jardín de las delicias.

La música de Dave Bainbridge es altamente emocional. Cuando toca la guitarra te acuerdas inmediatamente de los grandes del género y lo mismo pasa cuando sus manos se ponen el teclado, sea piano o sintes o cualquier instrumento que se le ponga por delante. A su lado están un buen número de músicos de alta calidad interpretativa como Troy Donockley a los instrumentos tradicionales gaita etc. Al baterista Fran Van Essen que para colmo toca el violín y la viola con una técnica impresionante y por supuesto la maravillosa voz de Sally Minnear.



La calidad instrumental de la música es la de los clásicos de siempre. 71 mtos de elevada música. A años luz de las aburridas y monocordes modas prog del presente. Con más tiempo y conocimiento de su obra hablaré en un futuro de este señor porque realmente se lo merece.

Alberto Torró






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