CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Rick Wakeman - Live At The London Palladium 2023
Inauguro nueva sección que de nuevo no tiene nada. Más bien se trata de un ejercicio de nostalgia por mi parte y de ver con inmensa alegría como todo se va acabando cada año que pasa. El recurrir a esos “trenes de largo recorrido” y como van acabando sus viejos wagones olvidados en las estaciones término es una especie de “epifanía” o revelación de que esto se acaba. Como una lamentación póstuma de comprender que aquel tiempo pasado fue mejor.
Os explico un poco por encima:
Este ya no es el tiempo para muchos de nosotros. Me consta que es una conciencia colectiva de aquellos que ya hemos traspasado la edad de jubilación. La música actual incluso la “supuestamente buena” aburre a un alto porcentaje de mí generación. No se identifica ya con personas de más de seis décadas de vida y salvo aquellos que se crean que todavía son Peter Pan o Wendy, síndrome por cierto acuñado en psicología en los años 80, entenderán lo que quiero decir. Ley de vida y antagónico choque generacional.
En este primer tramo del siglo XXI todo carece de emoción, sorpresa y atractivo. La melodía ha muerto incluso en su sentido alegórico. La imaginación repite clichés o sencillamente está ausente. Hemos cambiado el libre pensar y la capacidad neuronal por un celular de bolsillo. Por la fácil inmediatez y la consecuente incapacidad creativa. El criterio colectivo de masa en detrimento del criterio personal. A los que hemos dedicado toda la vida a la música y somos reacios a los cambios se nos acusa de desfasados, chapados a la antigua incluso conservadores y rígidos.
No hablo en términos socio políticos. Hablo en términos de intelecto cultura y arte. Hemos pasado de Berlanga y Buñuel a Torrente Presidente. Creer que Rosalía es lo más vanguardista cool y complejo en música o incluso decir que Salvador Dalí fue un jugador del Rayo Vallecano o incluso Orwell un humorista del club de la comedia. Hemos cambiado las bibliotecas y museos por Tik Tok, “X” o Instagram. A considerar la mediocridad en todas las disciplinas como genialidad y modernidad. Este es el mundo real en que vivimos hoy. No es una broma, ya me gustaría que al menos lo fuese.
Se critica a la ciencia, se niega la degradación del planeta, aumentan las creencias religiosas, se anima a la gente desde las redes sociales a que no se lea ningún libro y se hagan burradas peligrosas para conseguir likes y que con la inteligencia artificial ya no es necesario el librepensamiento. Se venera a los malos y los tontos que dirigen el planeta y la estupidez es una tendencia en alza. Un plan inteligente sin fisuras. Esto podría parecer una broma de mal gusto, pero es la realidad actual. Entonces para que cojones vamos a escribir de arte y hablar de música y cultura si ya prácticamente a nadie le interesa. Solo nos queda la risa y el humor.
Pero a lo que vamos. Lo normal sería adaptarse a los cambios musicales como muchos hacen, pero para eso los cambios deberían tener algo que ofrecer de inteligencia, interés y calidad. Los que estamos en ese “living in the past” constante no lo hacemos por gusto. Lo hacemos porque no queda otra. No hay alternativa posible.
En este siglo hay más bandas que nunca y más grabaciones que nunca, más estilos que nunca. Hay incluso más saturación de todo. Lo que no hay es música y todo a favor de una creciente disminución progresiva neuronal hacia la estupidez sin retorno. Así de dramático y así de simple.
En las siguientes entregas y si definitivamente no me puede el hastío, que es muy probable, voy a comentar grabaciones, en algunos casos póstumas, de los que se resisten a desaparecer o que de alguna forma están ofreciendo su recta final. No todo alcanza la excelencia y a veces ni siquiera pasa lo aceptable. Eso a estas alturas ya casi es lo de menos. En cualquier caso, son intentos o una forma de decir aquí estoy o estamos todavía. Es como decir que una mierda entrañable huele mejor que otra impostada y eso siempre es preferible.
En el 2023 Rick Wakeman dio el que podría ser su último gran concierto entre los días 22 y 23 de Febrero en el London Palladium reuniendo los trabajos que más fama le dieron: Las Seis Esposas de Enrique VIII, El Viaje al centro de la Tierra y Los Mitos y Leyendas del Rey Arturo más una selección de Yes. El paquete editado en 2024 es una caja de cuatro CD´s reuniendo como no, a su English Rock Ensemble coros incluidos.
Mi relación con la música de Rick Wakeman no ha sido nunca algo especial o preferente y conste que es el miembro de Yes que mejor me cae. El más simpático y con a veces delirante sentido del humor.
En lo musical reconozco que es un tío con una técnica teclística deslumbrante pero, y no es solo una ocurrencia mía, que adolece mucho como compositor y ahí está el problema. Tiene más de cien discos editados y son salvables una escasa cantidad de los mismos. Perdió miserablemente el tiempo sacando soporíferos trabajos de la llamada new age y se embarcó en proyectos y encargos comerciales mediáticos terribles. Algo parecido a lo que hizo Keith Emerson fuera del trío aunque Keith tiene muy poca producción discográfica en este caso comparada con el de las capas brillantes.
Wakeman en Yes fue fundamental. Sin él el llamado “rock sinfónico” no sería igual pero su carrera en solitario a menudo, por no decir casi siempre ha traspasado los límites de lo ridículo y exagerado. Yo diría que él es incluso consciente de ello pero que por alguna extraña razón y típico humor inglés esto le divierte y le da igual. Vayamos al contenido.
Disco 1: Las seis esposas de Henry VIII al completo.
Editado originalmente en 1973 éste podría considerarse el más serio y razonable de toda su producción y afortunadamente instrumental y ya explicaré el por qué en los siguientes.
Estas producciones épicas de trasfondo histórico se repetirán en toda su andadura como músico, pero aquí al menos las composiciones tienen una excelente calidad y atractivas melodías. Esta versión en directo hace gala de ello y el plantel de músicos cumple su cometido. Las esposas tienen temas mejores que otros y Ana Bolena es uno de ellos. La técnica prodigiosa de arpegiado al piano de este señor es inconfundible y la versión aquí desarrollada es altamente emocional y efectiva. El cambio a mitad con la entrada de moog es antólogica y marca de la casa. Otra de mis favoritas Ana de Cleves es un derroche de solos sintetizados y buen pulso rítmico. Lo mismo de la bonita y nostálgica Catherine Howard y su famosa melodía. En el sexteto que lo acompañan encontramos a su hijo Adam y al bajista Lee Pomeroy que ha conseguido cierta reputación acompañando a otras viejas glorias del progresivo en los tiempos más recientes. Hay muchas versiones de esto en los últimos 50 años de su carrera pero esta es muy recomendable.
El siguiente CD de este programa será una nueva versión del Rey Arturo con las aburridas narraciones habituales. El disco de estudio apareció en 1975 y fue ridiculizado y vilipendiado por la crítica con toda razón: la inclusión de orquesta, horrendos vocalistas y composiciones rozando lo kitsch y lo cursi más su hortera puesta en escena eran para ruborizarse. Eso sí las parte solistas de sintes y teclados eran estupendas. Con los años las interpretaciones posteriores fueron mejorando, pero las voces no.
En esta versión, mucho mejor naturalmente, tampoco la voz femenina, demasiado ruda y brusca lo arregla en esta ocasión, pero al menos lo instrumental es bastante entretenido.
En el tercer acto nos encontramos con una selección de temas de Yes: Roundabout, la suite compuesta por The meeting-Wonderous Stories-Southside of the Sky, el And You and I y como no Starship Trooper que siempre formaba parte del set list live al cabo de los años.
En lo musical y técnico las versiones son estupendas y los teclados tienen mucho más protagonismo que en las originales de la banda de Jon Anderson, pero la voz femenina a lo Tina Turner style se me hace desagradable y lo arruina. En otro estilo de música habría valido. Aquí no. Una verdadera pena con las maravillosas cantantes líricas que podría haber escogido para la ocasión. Lo salva todo, la maraña teclística que es excelente. La suite central es más apañada con coros incluidos. And You and I siempre fue, es y será una de las mejores composiciones de Yes pero volvemos a lo mismo la voz tan agresiva no pega en absoluto aunque está perfectamente interpretada. En Starship Trooper Rick vuelve a explayarse a gusto y los que somos unos maniáticos de los moogs y sintes analógicos lo agradecemos.
La cuarta entrega del programa no es otra que una larga versión del Viaje al centro de la tierra de cincuenta minutos muy entretenida si no fuese por la narración y la voz solista para variar. Si tenéis algún medio tecnológico para extraer exclusivamente la música sería algo estupendo.
En definitiva una caja-legado muy interesante en lo instrumental y si se pudiesen eliminar voces y narraciones sería ya perfecta.
Alberto Torró




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