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Ticket – Awake (1972)

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 Auckland, Nueva Zelanda, 1970. Unos jóvenes, quizás los primeros, deciden tocar rock and roll. Un rock and roll inspirado en el hard rock, la psicodelia o incluso algo más experimental, o una mezcla de todo, como Jimi Hendrix, Cream o Black Sabbath. Los sonidos que retumbaban en la escena rockera de aquella época. No sabían que, con esa determinación, se convertirían en los pioneros del rock en Nueva Zelanda. ¿Pero rock en Nueva Zelanda? Sí, existía una escena, aunque pequeña, con muy pocas bandas; a lo sumo, lo que se veía o se oía eran grupos de pop, con un enfoque más comercial, inspirados en los Beatles de los años 60. Siempre digo lo mismo: el universo del rock es vasto e inexplorado. La música es universal, por eso es fuerte y perdura en el tiempo. Y descubrir y escuchar a una banda neozelandesa es un verdadero privilegio. Pero volviendo a la década de 1970 en Auckland, esa ciudad sería testigo del nacimiento no solo de una banda, sino quizás del rock en todo el país. Me ref...

THE BAND - Moondog Matinee (1973, Capitol)

 En la década de los 50 sólo un locutor radiofónico podía ser reconocido por su audiencia como “The King of the Moondoggers”, el único que se atrevió a romper con la pegatina de “música racial” llevando dicha corriente, el caliente rock & roll, a los transistores de un incontable número de hogares norteamericanos: Alan Freed. Desde aquel primario r&b que consiguió meter con calzador en la WJW de Cleveland hasta ser reconocido en Europa gracias a sus cameos en la pantalla grande, o aterrizar en la neoyorquina WBAC 770 AM para al poco revolucionar la Big Apple. Sus espectáculos en directo reuniendo a la flor y nata del cotarro llevarían el nombre de The Moondog Coronation Ball y su arrojo como promotor de la disciplina guitarrera le llevaría a declarar en la radio que la policía no quería que los jóvenes se divirtieran –afirmación rebelde que le lleva a ser detenido en 1958 por incitar disturbios–. 


 The Band, formación canadiense-americana que en escasos cuatro álbumes concentran el latir del terruño, del corazón de Estados Unidos de América, son para 1973 reverenciados cual quinteto de referencia. Su labor junto a Ronnie “The Hawk” Hawkins o Bob Dylan, para los cuales trabajaron como banda de apoyo, tampoco cayeron en saco roto. Llegaba por tanto el momento de editar un punto de inflexión, esa hora en la carrera de todo grupo de la época en la que una grabación en directo siempre es bien acogida.

Pero Levon Helm, Rick Danko, Richard Manuel, Garth Hudson y Robbie Robertson no eran un combo del montón, por lo que su respuesta fue grabar nuevamente en estudio algunas de esas piezas de rock & roll con las que habían crecido mientras bajo las sábanas apoyaban su infantil oreja sobre sus radios caseras. Y qué mejor que homenajear al hombre que había puesto en boca de tanto adolescente blanco nombres como Chuck Berry o Fats Domino. 




Por ello, y a excepción de “Third Man Theme”, en el que visita la banda sonora del largometraje de Carol Reed, The Band construye una lista encomiable en la que dar nuevos soplos de vida a canciones cual “I’m Ready”, “Promise Land”, “The Great Pretender” –imborrable acierto de Buck Ram que encandiló a las listas en las voces de The Platters– o el “Saved” de Leiber/Stoller. Tres años antes de que The Band publicase su debut Music From Big Pink (1968), Alan Freed fallecía de una cirrosis hepática hundido en el desprestigio al que le había llevado el escándalo Payola, caza de brujas en pos de dar con todos los locutores que cobraban por pinchar en sus programas a los artistas del momento.  

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com



 








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