¿Conoces esas bandas con las que desarrollas una conexión emocional? ¿Una conexión que va más allá de la música? ¿Un cariño que se extiende más allá del sonido, pero donde el sonido sirve como hilo conductor de ese sentimiento? Puede parecer extraño, un poco descabellado e incluso contradictorio, pero la banda de la que hablaré hoy representa una especie de "piedra angular" del rock alemán en mi vida como audiófilo, una de esas que conforman el lado oscuro y olvidado del rock alemán. Es evidente que, como tantos otros fans de este género, conoces a la mundialmente famosa banda Scorpions, que fue y sigue siendo una importante "exportación" alemana, pero este país, que siempre ha respirado contracultura, tenía y tiene mucho más que ofrecer, ¡y el rock siempre ha formado parte de este movimiento rebelde! ¡El krautrock es un auténtico ejemplo de esta subversión! Y no se debe solo a la situación política y económica de la Alemania de posguerra, sino también a la audaz m...
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Stealers Wheel - Stealers Wheel (1972, A&M)
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En 1971, y apoyado por más de diez músicos invitados, Gerry Rafferty publica el premonitorio Can I Have My Money Back, más de un quinquenio antes de que viera la luz aquel City To City en el que se contenía el hit “Baker Street”. Ese larga duración del 71 significaría el basamento idóneo para que un año después (casi dos atendiendo a los meses de publicación) se presentara ante el gran público el primer disco homónimo del quinteto Stealers Wheel. Una agrupación que llegaba con unas credenciales irreprochables, y es que mucho se valoraba que un álbum escondiera tras sus labores de producción al tándem Leiber/Stoller.
Los recién nacidos parecían balbuceo como respuesta a Crosby, Stills, Nash & Young, algo similar a lo que había gestado también por aquellos días el trío America. Aunque algo había de cierto en dichas pretensiones, hay que dejar claro que con su carta de presentación el combo enseguida mostró unas maneras que les distanciaban bastantes metros del folk rock y les aposentaban sobre un trono creado a base de melodías pop, guitarras rock y desarrollos de ese soft rock tan característico de los 70 y en definitiva deudor de la psicodelia amable.
De esta forma, y recorriendo las diez canciones que conseguían rebosar el redondo, el oyente queda ensimismado por seudo baladas de alta carga vocal (“Late Again”, una gema por descubrir, o “You Put Something Better Inside Me”), pasajes de rock marcado y cercano a los inconmensurables Free de Paul Rodgers (“I Get By” o “José”), sin olvidar el buque insignia “Stuck In The Middle”, una tonada que les dio el éxito masivo a los dos lados del Atlántico en 1973. Una creación simple pero efectiva, con un estribillo directo, paradigma del sencillo pop, una apuesta con la que era casi imposible hundirse en el océano de las listas.
En noviembre del citado 73 saldría a la venta el segundo trabajo de Stealers Wheel, un Ferguslie Park que demostraba a todas luces que el conjunto era verdadera propiedad de la pareja compositiva formada por Gerry Rafferty y Joe Egan, ya que tanto el baterista Rod Coombes, como el guitarrista Paul Pilnick y el bajista Tony Williams, dejaban el barco para jamás volver a enrolarse.
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