Con la marcha definitiva de Wyatt diremos adiós al sonido “naif-caprichoso-inventivo” de la banda que se meterá al estudio para grabar en una línea “jazz-free-fusión” perfecta para escuchar en una cámara frigorífica a menos 21 grados centígrados o en un viaje interminable en el trans - siberiano sin calefacción. También será el último disco del extraordinario Elton Dean. En esta ocasión será Phil Howard y John Marshall los encargados de sacudir los parches y repicar platos uno en cada cara del vinilo. El bajista ex-“Delivery” Roy Babbington entrará también a formar parte del elenco tocando el contrabajo acústico en un par de piezas. Este trabajo tendrá división de opiniones. En mi caso fue de los primeros discos que tuve de Soft Machine y le tengo aprecio, aunque reconozco que necesitas abrigo estufa y pasamontañas para escucharlo. El volumen five es un témpano de hielo. No hay lirismo ni piedad. La sensación de estar ante un cuadro abstracto sonoro sin saber dónde agarrarte. Pare...
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Stealers Wheel - Stealers Wheel (1972, A&M)
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En 1971, y apoyado por más de diez músicos invitados, Gerry Rafferty publica el premonitorio Can I Have My Money Back, más de un quinquenio antes de que viera la luz aquel City To City en el que se contenía el hit “Baker Street”. Ese larga duración del 71 significaría el basamento idóneo para que un año después (casi dos atendiendo a los meses de publicación) se presentara ante el gran público el primer disco homónimo del quinteto Stealers Wheel. Una agrupación que llegaba con unas credenciales irreprochables, y es que mucho se valoraba que un álbum escondiera tras sus labores de producción al tándem Leiber/Stoller.
Los recién nacidos parecían balbuceo como respuesta a Crosby, Stills, Nash & Young, algo similar a lo que había gestado también por aquellos días el trío America. Aunque algo había de cierto en dichas pretensiones, hay que dejar claro que con su carta de presentación el combo enseguida mostró unas maneras que les distanciaban bastantes metros del folk rock y les aposentaban sobre un trono creado a base de melodías pop, guitarras rock y desarrollos de ese soft rock tan característico de los 70 y en definitiva deudor de la psicodelia amable.
De esta forma, y recorriendo las diez canciones que conseguían rebosar el redondo, el oyente queda ensimismado por seudo baladas de alta carga vocal (“Late Again”, una gema por descubrir, o “You Put Something Better Inside Me”), pasajes de rock marcado y cercano a los inconmensurables Free de Paul Rodgers (“I Get By” o “José”), sin olvidar el buque insignia “Stuck In The Middle”, una tonada que les dio el éxito masivo a los dos lados del Atlántico en 1973. Una creación simple pero efectiva, con un estribillo directo, paradigma del sencillo pop, una apuesta con la que era casi imposible hundirse en el océano de las listas.
En noviembre del citado 73 saldría a la venta el segundo trabajo de Stealers Wheel, un Ferguslie Park que demostraba a todas luces que el conjunto era verdadera propiedad de la pareja compositiva formada por Gerry Rafferty y Joe Egan, ya que tanto el baterista Rod Coombes, como el guitarrista Paul Pilnick y el bajista Tony Williams, dejaban el barco para jamás volver a enrolarse.
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