Dentro de interminables viajes por la “red musical profunda” uno acaba casi siempre desilusionado a la búsqueda del santo grial porque todo hay que decirlo, mi paciencia ya no es la de aquel chaval cargado de entusiasmo que veía la música como la única redención posible de los actos deleznables del entrañable ser humano. El inmenso almacén de mediocridad musical actual en prácticamente todos los estilos hace imposible el disfrute de una audición sensata y agradable. Convencido de que en realidad al igual que todos tienes que participar del club de la comedia para no “cantar demasiado” y para alegrar en lo posible el inestable ir y venir cotidiano, uno intenta poner cremita relajante para facilitar la evacuación intestinal y ofrecer sonrisa de anuncio televisivo. La ventaja es que llegada una edad la risa y el cinismo no hay que declararlos (de momento) en hacienda y que además dependes de la farmacia si o sí para que esa alegría no acabe en amargura. Finalmente, en un acto d...
Desde Oviedo saludan el cuarteto formado en 2016, Holy Mushroom. En ese mismo año ya editaron su prometedor homónimo estreno discográfico. Siendo "Moon" lo más reciente, editado en éste pasado mes de febrero. A pesar de que lo bautizan como "EP", no me parece a mí que una grabación de cerca de 45 minutos sea llamada como tal. Siendo la duración estándar de todo vinilo que se precie.
Que en mi pueblo esto es un álbum con todas las de la ley, vaya. La banda está compuesta por Alex Castro (bajo), Alberto Arce (guitarra), Pablo Argüelles (batería) y Enol Cuesta (teclados). Y fue muy bien grabado en Asturcon Studios, por Berto del Mazo y Boniel Llaneza. Su agenda de directos es ágil, habiendo compartido escenarios con White Hills, Colour Haze, Orange Goblin, Elder o Kikagaku Moyo. No está nada mal.
"Moon" comienza con los etéreos sonidos y susurros de "La Caverna" (6'34), tarjeta de presentación netamente psych rock, con ecos floydianos en etapa de "Ummagumma". Blues espacial con floreciente wah wah que guiña un ojo a Gilmour, pero con la fuerza de la actualidad como aliada. En la parte final acelera esquemas y toda la banda nos obliga a prestar atención a su tremendo potencial. Excelente sección de ritmo, caballeros.
Estrategia similar utiliza "Birdwax Blues" (7'24), aunque la explosión sónica se adelanta aquí antes, con órgano de olor a sótano ( y a holy mushroom), y esencias psych 60s casi garage. Hasta que la elegante estela eléctrica de la guitarra, aunada al piano, nos arropa con una stoned voice (ignoro de quién), en un blues perezoso y antigravitatorio. Que igual nos los sitúa por palos Kraut de Can, que por otros West Coast a la Quicksilver Messenger Service.
"The Preacher" (12'34) da más lentos pasos por esa Luna de portada, llena de ruinas que nos callan y esconden, en otro trip lisergico para perderse gratamente y no volver. Pompeya reagrupada en una cava de jazz llena de niebla-nicotina (qué tiempos), con sabroso piano eléctrico y crujiente - hendrixiana guitarra explotando por Robin Trower. Un bajo fuzz a la Hugh Hopper nos muestra otra "monster band" como las que él tocaba.....Esto es inmenso, señores.
"Eufrates" (8'11) ya salió como single el año pasado, por tener entretenida a la parroquia. Una intro arpegiada con efectos nos introduce en las aguas de tan histórico río, a base de cosmic blues de intensidad Nova y momentazos de ralea similar a Gila, Jane, My Solid Ground, Krokodil o Tiger B. Smith.
Terminando, "Grand Finale in the Blind Desert" (8'59), conserva el misterio constante de su música, en base a teclados de enigmáticos fondos, melodías orientales, entramados rítmicos aracnidos y cáustica eléctrica de ilimitado buen gusto. Embryo, Mcchurch Soundroom, Out of Focus (hay saxo invitado), e Imán Califato Independiente en alegre jam fumeta exigiendo más respuestas al oráculo del otro plano astral, y ofreciendo a cambio excelsa música psico-progresiva. Sin mucho rival, a pesar de la creciente competencia, por éstas latitudes.
Una joya obligada a ser valorada en su justa medida.
Comentarios
Publicar un comentario