LA ESCENA DE CANTERBURY 15: Clearlight
Una de las bandas asociadas al círculo de Steve Hillage Gong fueron sin duda los franceses Clearlight y curiosamente casi nadie los incluye con el movimiento. En realidad, todos los implicados formaban una especie de asociación de músicos y como dije ya en las primeras páginas la situación geográfica británica solo fue el punto de partida porque los realmente autóctonos de Kent fueron unos pocos. La leyenda tomó esa denominación más por familiaridad que por un estilo si bien es cierto que todos incluso los más alejados comparten algunas líneas compositivas y desarrollos afines al movimiento.
Esta banda fue creada en 1973 por el teclista y compositor francés Cyrille Verdeaux y aunque estuvo siempre en las proximidades del círculo asociativo de los músicos de Gong, desgraciadamente no gozó de la fama y reconocimiento de ese ambiente creativo tan sugestivo de la época. Evidentemente no son una banda que compartiese demasiado los principios anárquicos y de locura patafísica del lado más radical y gamberro de la llamada escena de Canterbury. En absoluto. Pero como vengo diciendo los “invitados” y los “que pasaban por ahí” de alguna u otro forma se vieron implicados.
Siendo precisos es conveniente decir que Clearlight son en realidad una banda más cercana al rock sinfónico y a la electrónica progresiva que a las habituales mezcolanzas híbridas de jazz-rock-psicodelia-avantgarde del resto del paquete que forman el archivo del estilo. De hecho, poseen una “seriedad” y disciplina más acorde con lo que sería una banda de rock progresivo de la época.
En 1975 esta banda francesa fue de las primeras en ser fichada por la compañía británica Virgin Records. A pesar de ser un sello fuerte esta banda no tuvo un éxito comercial masivo y es una pena porque casi todos sus nueve discos editados poseen excelente música de prog sinfónico con un filo electrónico casi “planeante” y partes instrumentales realmente complejas e interesantes. Verdeaux es un músico que estudió en el conservatorio de Paris y el de Niza, de amplia formación clásica y académica. Aunque él y su banda tuvieron cierto renombre en su momento, no pasaron nunca al recuerdo ni a las listas del progresivo. Rara vez veo reseñas en los medios sobre ellos y desde luego es injusto.
En algunos círculos se asocia a este compositor con la meditación y la nueva era. Imagino que por sus también innumerables trabajos en solitario que nada tienen que ver al parecer con la banda que presento. No los he escuchado y tampoco creo que tenga interés en ello, así que hablaremos de su proyecto Clearlight que es lo que nos interesa.
La “Sinfonía de la luz clara” de 1975 fue como digo el primer producto francés editado por Virgin. Dos movientos de 20 mtos por cara no era una cosa muy vendible y solo un privilegiado como Mike Oldfield pudo permitírselo. Otro sello discográfico evidentemente no habría cometido semejante locura. Acertar con uno ya es un logro muy difícil con más ni te cuento. También tiene su lógica porque tras los primeros minutos de piano romántico y mellotrón en amables sinfonismos la pieza se adentra en vanguardias clasicistas disonantes y atonales con una salvaje guitarra eléctrica de mister Hillage completamente desatado. Siguen tramos que pueden recordar a Jean Michel Jarre o incluso a unos Jade Warrior en la segunda suite con esquemas oldfianos un tanto más discretos y apagados. Para ser Virgin Records la grabación es bastante oscura y baja de volumen lo cual ayuda mucho menos. Puede parecer una tontería pero cuando escuchas tanto un vinilo o un CD independientemente de la calidad de la música, la brillantez y un volumen más alto atraen inconscientemente mucho más al oyente y le aminoran en parte la sensación de aburrimiento.
El siguiente “Forever Blowing Bubbles” del mismo año aunque tiene peores críticas, lo encuentro más entretenido y en parte se aproxima mucho al segundo Gong. Aquí son canciones más o menos inofensivas con un sonido agradable rayanas a veces en la languidez con algunos contrastes chocantes enérgicos en la misma canción. De fondo escuchamos a un generoso equipo de músicos franceses, incluido el violín del recién ex Crimson David Cross. Las secuencias sintetizadas nos recuerdan a Tim Blake que también aparecerá de vez en cuando en los siguientes discos. Un tercer disco aparece en 1975: “Delired Cameleon Family” en realidad una banda sonora con toques de world music, canciones desubicadas de contexto, arabescos, perfumes orientales y hipismo tardío.
Mucho mejor sería “les Contes du Singe Fou” de 1977 con un mejor sonido y producción y algún músico de la talla del incisivo violinista Didier Lockwood (ex Magma) y de nuevo Tim Blake a los sintes marcianos EMS-VSC3. Las portadas de los álbumes siguen sin ser ninguna maravilla aunque tampoco demasiado feas. La música podemos encuadrarla en ese peculiar rock prog galo que abre caprichosas puertas inespecíficas. El instrumento base casi siempre suele ser el piano clásico. El peculiar “Cruzado Cósmico” es la pieza más larga a medio camino entre ecos a lo Jean Luc Ponty y la Mahavishnu.
En línea parecida seguirá “Visions” de 1978 con Lockwood y Malherbe de nuevo. Música agradable con ese toque jazz rock que imprimen los solistas entre vuelos de violin, flauta, saxos, moog, sintes, sitar y agradables acordes de piano con terciopeladas orquestaciones a veces con perfumes de raga indu y los habituales orientalismos de hippie madurito. Me sigo acordando de la Mahavishnu y de gurus fantasmas revoloteando por ahí.
Tras ese quinto disco hay un salto temporal largo hasta 1990 y el señor Verdeaux decide revisitar el primer álbum con el escueto Symphony II en una nueva versión regrabada esta vez en seis movimientos. Vuelve a contar con Steve Hillag , Tim Blake y Didier Malherbe. El resultado por lógica es una mejor producción, mejor sonido y diría que también mejor musicalmente. Un sinfonismo épico más robusto que en el primer intento y quizás para mal con un tufillo excesivo cinematográfico. Lo cinematográfico siempre me resulta previsible. Las “masas musicales” intentando dar una descripción “física” de postal fotográfica le quitan impacto a la sorpresa sonora, a la originalidad y a la expresión musical pura. Con todo es agradable.
“Mosaique, in your hands” en 1994 y con gente desconocida para mí al menos sigue en esa onda de sinfonismo descriptivo melancólico-romántico para gente con rostros que expresen la “alegría de la huerta”. Alguien escribió o leí por algún sitio que se parece bastante a los discos de Ayreon. Nunca me interesó esa banda del holandes Arjen Lucassen y aunque creo recordar algún tema suelto, la verdad es que que no me dijo nada. Hay canciones teatralizadas con voces en onda “opera rock” que igual gustan a los afines a esa variante. Prefiero lo instrumental y sí que partes destacables si no fuesen arruinadas por la voz.
En “Infinite Symphony” de 2003 vuelve un poco hacia atrás y sí que suena algo más “canterburiano” a ratos en las intervenciones de Malherbe y el violinista aquí invitado y por la rítmica fluida instrumental jazzy a veces a lo Caravan. Pero también por otra parte tampoco hay demasiados discos de rock sinfónico que suenen verdaderamente a “sinfónico de pura influencia clásica” como pudieran ser The Enid, Renaissance y ELP. Clearlight a veces están entre dos mundos y dos tierras indefinidas. “Progresivo” es siempre sinónimo de mezcla híbrida y casi siempre las líneas están completamente desdibujadas lo que hace inútil su catalogación o etiquetado. Quiero decir que aquí las partes clásicas convencionales académicas y los desarrollos jazz se combinan, pero no funcionan a la par, como “un todo”. Esas partes “cinematográficas” le restan naturalidad. El bucólico segundo movimiento es quizás lo más parecido a las bandas de Kent por la progresión de acordes típica del estilo. Con todo este es uno de sus mejores trabajos sin ninguna duda.
El cierre a esta andadura musical sería la “Sinfonía Impresionista” de 2014. Otra vez encontramos a Hillage, Malherbe, Blake y una larga lista de músicos asociados. Aunque la temática sonora no cambia sustancialmente, sí que las composiciones quieren dar la ilusión “afrancesada” clásica mágica y vaporosa “debussyana”, pero siempre con “ese híbrido” de estilos indeterminados. El disco en general es bonito y fácilmente escuchable.
En definitiva, esta banda tiene sus momentos buenos y también irregulares y probablemente su falta de fama o aceptación popular siempre estuvo determinada por encontrarse en una indefinida “tierra de nadie”. En una especie de “impersonalización”
Continuará
Alberto Torró

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