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LA ESCENA DE CANTERBURY 16. Las cenizas itinerantes y final

 El cambio de década hacia los 80 y en adelante tan solo dejaría a una banda de la escena en los terrenos del rock-pop y esa sería Caravan con sus altibajos y discos bastante mediocres solo para fans (yo incluido).



Lo que entendemos por “Sonido Canterbury” de base como una derivación británica del rock progresivo no pasaría de la década de los 70´s. Todas las bandas a excepción del señor Pye Hastings, Geoff Richardson y demás colegas desaparecerían de las formaciones originales para trabajar en diferentes proyectos individuales o bien con otros músicos de la misma línea, pero con una inclinación prácticamente y principalmente basada en el jazz. La excepción synth-pop Sería Dave Stewart y su señora Barbara Gaskin que ya nada quieren saber de complejidades con la excepción de alguna colaboración puntual en la banda de Phil Miller In Cahoots.

Phil Miller (1949-2017) fue el guitarrista de la escena por excelencia. Lo podemos encontrar en el culebrón canterburiano en multitud de ocasiones. Recuerdo que no era muy hablador cuando National recaló en Zaragoza en 1979. Los músicos por lo general en todos los estilos no son generalmente personas cálidas y agradables. Tampoco sociables, más bien frías y distantes salvo alguna excepción. Esta es la realidad cruda por mucha adoración que se les tenga. Pip Pyle y John Greaves fueron bastante más educados y tratables lo cual es de agradecer. 

Lo que al fin y al cabo nos interesa a nosotros sus “clientes” son sus discos y su trabajo, y yo entiendo que los “fans” somos muy pesados y hasta ingenuos. No somos precisamente sus amigos, solo potenciales compradores de su “producto” pero elevamos a la categoría de “mitos” a personas de carne y hueso con sus luces y sombras que lo que menos quieren cuando están de gira es que la gente les de la tabarra. Es desilusionante, lo sé, pero es así.

Como ya he dicho en páginas anteriores de este dossier, la mente de un músico o cualquier otro tipo de artista en cualquier otra disciplina ya sean pintores, cineastas, actores, escritores o simplemente famosos por cualquier otro motivo no funciona como la de los demás. Es decir, la gente convencional de a pie. Los inocentes entusiastas que compramos sus “obras”. Ellos viven en otro mundo paralelo. Esto no es que sea ni malo, ni bueno es la puta realidad. Cierto es también que el que es simpático y buen tipo es de agradecer. Por eso es chocante ver a gente con “sensibilidades” y capacidad de crear cosas artísticas estupendas colocadas en un elevado pedestal, con su “otra cara”.  Y por eso también cuando no les haces ni puto caso su reacción es distinta y tiene baja tolerancia a la indiferencia no siempre claro y por fortuna hay excepciones y gente muy maja. Es curiosa la patología humana cuando la vanidad entra en juego.

La “fantasía” de Canterbury fue en esencia y alargándola una década de los 70´s y vale. La industria discográfica a partir de los años 80 y en adelante no iba a hacer ninguna excepción hacia el “arte y la creatividad” porque eso es malo para el negocio. La vulgaridad y el mal gusto es lo que vende. El negocio real. Desde la revolución industrial, las tendencias y las modas han sido siempre así.

 Los compradores de buena música en general, tendremos que convivir en adelante con un mundo “minoritario”. Una vez en los 80´s te vas a convertir en un “proscrito” solitario mal visto por la sociedad del “neon” y la modernidad a no ser que formes parte de la tribu en boga. Pero esto tiene innumerables ventajas. Si el camino está lleno de gente tu ve siempre por el contrario.

Tras la disolución de National Health Los músicos de las diferentes entidades de la escena que nos ocupa trataron de sobrevivir en pequeños círculos minoritarios y la mayoría de ellos se centraría en el mundo del jazz, rechazando casi por completo la etiqueta de rock, pop o psicodelia porque el mundo había cambiado. Si ya la gente no compraba eso, tendrían la mayoría que dedicarse a otra cosa o malvivir en circuitos exclusivos, o clubs de amigos que se juntan de vez en cuando para grabar un disco por puro capricho.

 Aquí os hago un pequeño resumen de discos ocasionales de la gente de Canterbury en las décadas siguientes.



“Soft Head” una agrupación jazz formada por Elton Dean, Alan Gowen, Hugh Hopper y Pip Pyle formada en 1978. Un solo disco en estudio y tres más en directo grabados hasta 1982. Las reminiscencias de Soft Machine son evidentes, pero ya en clave de jazz exclusivamente. 



En ese mismo 1982 recién fallecido Gowen “Before a Word is Said” sería una interesante y única reunión en vinilo de Phil Miller, Richard Sinclair, Alan Gowen y Trevor Tomkins e una misma tónica de moderno jazz fusión.



Hugh Hopper por su parte no pararía de sacar algunos discos de jazz y vanguardia muy ecléctica entre diferentes proyectos entre 1972 hasta 2009 año de su fallecimiento.

Pero fue Phil Miller que nombro en el encabezamiento él más activo y de mayor continuidad entre 1987 y 2011 con su proyecto In Cahoots

Cutting Both Ways” de 1987 quizás sea el mayor esfuerzo de reagrupación porque en este disco volvemos a encontrarnos con Dave Stewart, Barbara Gaskin, Hugh Hopper, Pip Pyle, Peter Lemmer, Elton Dean y el propio Miller recordando los viejos tiempos, aunque bien es cierto que el “toque” de nuevo jazz-fusión sobresale a los recuerdos mustios de los National Health. Temas largos como el excelente “Green and Purple Extract” con vuelos instrumentales que nos reviven hacia tiempos pasados mucho mejores. 

Repetirían en 1989 con “Split Seconds” con una formación similar más la inclusión de Richard Sinclair. Siguen sonando en parte a National Health algo más mustio con el nuevo filtro jazzístico y la inclusión del bajista Fred Baker que forma parte de la nueva revitalización de Soft Machine de quienes se espera nuevo disco este 2026 y que probablemente cuando leáis estas líneas ya esté editado.

“Recent Discoveries” apareció en 1994 en la misma línea jazz casi purista y cercano a lo que Miles Davis había estado haciendo en los 80´s y casi podríamos decir lo mismo de los siguientes “Parallel” “Conspiracy Theories” y un largo etc. Incluidos algunos en solitario del propio Miller. No entro a desgranarlos porque esto no tiene que ver con “progresivo” y pertenece exclusivamente al mundo del jazz y hay gente más capacitada que yo para hablar de este tema. Hay suficiente información en la red para los interesados.



Pip Pyle sería otro de los protagonistas en una línea bastante similar a Phil Miller y tendría su aportación a esta historia con el proyecto “Equipes Out” en esa línea de jazz fusión moderno con ese toque “cool” que el reputado Pat Metheny pondría en primera línea. Para el neófito en el mundo del jazz puede sonar todo muy similar si no se conoce muy bien el estilo y si no se está muy familiarizado con las formas musicales y sus complejos entramados.

 Pip sacaría en 1998 su único CD en solitario “7 Year Itch” y lograría reunir un gran número de personalidades y amigos de la escena: 20 músicos nada menos, en un proyecto que le llevaría el tiempo que indica su título. Casi me atrevería a decir que es el último “testamento” del sonido Canterbury. Están casi todos y alguno más. Es un trabajo lleno de nostalgia. Suena como a hojas secas, muertas. Todos ponen su granito en la participación en un trabajo interesante, pero algo “aséptico” si tú quieres porque le falta la fuerza y emoción sonora de antaño. Es un sonido donde las granulosidades analógicas ya no están. “Limpio y vacío” al mismo tiempo. La intuyo como una especie de “biografía” personal. Canciones en francés, retazos prog, psych, jazzy, hasta ligeramente pop a veces. Me descoloca por completo la versión de Stramberry Fields Forever” cantada por la Gaskin excesivamente lenta, arrastrada y exasperadamente decadente al principio y caprichosamente ruidosa en la segunda mitad. Caprichos caprichosos como digo. Tampoco toca la batería como se esperaría de él. Hay más efectos percusivos secos y metálicos que swing.



 Me dejaba en el tintero a los primos Sinclair con una carrera inconsistente y llena de altibajos. Han estado picoteando como las palomas de aquí para allá y lo que más pena me da es que aun teniendo un montón de grabaciones, muchas de ellas “semi caseras” por no decir otra cosa, ninguno de sus trabajos llega a la categoría media de calidad. Con la capacidad que poseen musical y su excelente trabajo en todo el área de Canterbury, casi cabrea que al menos un disco de ellos respectivamente no pase de lo mediocre.

Ambos dos fueron contratados por Andy Latimer de Camel en 1978 para la gira de Breathless junto con el otro Caravan Jan Schelhaas. La crítica los llamó cariñosamente “Caramel”. Fue la misma crítica que se empeña en incluir a Camel en el Sonido Canterbury con lo cual yo nunca he estado de acuerdo. Camel estilísticamente no tienen ninguna afinidad. Son rock sinfónico con alguna inclusión de jazz-rock muy ligera pero nada más.

David Sinclair dejó los mejores momentos para el sonido Canterbury pero lamentablemente ninguno de sus discos en solitario llega a ese nivel ni siquiera en un porcentaje. Tiene siete agradables discos pero ninguno a la altura de lo que se esperaría de un teclista de su categoría. Es un buen compositor de canciones baladísticas que no pasan de lo amable e inofensivo pero eso no basta. En ningún disco de flojas canciones se puede pensar que este hombre compuso una vez “Nine Feet Underground” incluso “O Caroline”. En ninguno de sus mediocres trabajos encontramos ese sonido que lo representa y eso es triste y lamentable.

En el caso de Richard Sinclair sucede algo similar si bien sus Caravan Of Dreams” no están nada mal. Abusa demasiado de sus “particulares efectos vocales”. Están bien en Hatfield con medida, pero abusar de ello en todos sus directos y colaboraciones a lo largo de los años carga mucho.

EPILOGO

Es bastante probable que me haya dejado algo en el tintero, pero sinceramente rascar por rascar información y buscar incansablemente algo relacionado con mayor o menor proximidad con la escena de Canterbury, es un ejercicio que me produce hastío y no creo que sea relevante. Ya hice el “Canterbury Ways” con los alumnos e imitadores repartidos por el mundo y reconozco que ninguno en realidad es “masa madre” como el pan. Ni siquiera los más avanzados y entusiastas fueron capaces de simular eso “sonido” de órgano y esa sucesión o progresión de acordes en cambios de medio tono tan característicos. Pero esto ya no da para más. Es lo que hay. 

Si he hecho esto ha sido por realzar lo importante que es “recordar” cuando la música era “música” y porque seáis conscientes de que esto jamás volverá a repetirse en nuestra vida. Ni por supuesto en las que vengan. A poco que uno sea estudioso en la historia de la música se dará cuenta de que este arte en realidad murió hace años y en lenta agonía. Lo poco que queda de música con cierta dignidad tiene los días contados al igual que todo lo que sea cultura. La llamada música funcional no tiene otro objetivo que ser un complemento para cualquier otra actividad orientada al negocio consumista. Aunque se empeñen en lo contrario la música ya no tiene una función cultural. Hoy es simplemente un entretenimiento vacío y superficial que precisamente evite el desarrollo cultural en la persona. Nada es inocente o abandonado por desidia. Convertirnos en idiotas está perfectamente calculado y estudiado. Conservar lo que tenemos es una necesidad individual y separarnos del círculo un acto vital para conservar en lo posible la salud mental. 

Tal como está el futuro de la música yo recomendaría incluso que ya no se perdiese el tiempo en realizarla. ¿Para qué…? Casi nadie ya la escucha. Sinceramente el esfuerzo ya no merece la pena.

Alberto Torró



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