Dave Greenslade – Cactus Choir (1976 / WB)
Si la semana pasada traíamos a Dave Lawson, hoy lo hacemos con el otro Dave, también teclista de Greenslade, banda de dos teclados sin guitarra. Acababa Dave Greenslade de separar la formación de su propio apellido. Tal vez todavía no repuestos del shock de ver cómo se estrenaba una banda de brutos, abriendo para ellos.....unos tales Motörhead.
Comenzaba pues, carrera en solitario el ex-Colosseum, justo un año después de "Time and Tide", último álbum como Greenslade.
"Cactus Choir" conserva algunas piezas del ajedrez anterior. Visualmente, se recupera la mascota-hechicero alienígena y a su autor, Roger Dean. Que se lucía en los dos primeros álbumes de Greenslade. El debut homónimo y "Bedside Manners Are Extra", ambos de 1973. Siendo Keef el encargado del enigmático arte visual en "Spyglass Guest" (1974). Y Patrick Woodrofee para "Time and Tide" (1975). Éste volverá para "The Pentateuch of the Cosmogony", ya comentado por estos lares.
También conserva a su viejo colega de Colosseum, Tony Reeves, al bajo. Que hace un perfecto tándem con Simon Phillips. El cual ya había puesto su batería al servicio de su majestad prog, (o lo iba a hacer pronto) : Gordon Giltrap, Duncan Browne, Mike Oldfield, Mike Rutherford o Jon Anderson.
Steve Gould era el vocalista, procedente de Rare Bird. Dave Markee, un bajista sesionero de alto reconocimiento, (Stones, Zappa, Who, Clapton...).
Mick Grabham aportaba su magnífica guitarra, desde Procol Harum. Y un tercer bajista, John Perry, venía de Caravan, Gordon Giltrap o Quantum Jump. Realeza británica prog, puesta a las órdenes de Dave Greenslade, (ARP, Solina, Crumar, Hammond, Moogs, Clavinet, Mellotron, Fender Rhodes, Vibráfono y lo que surja, como en Tinder).
Fiesta proggy pues, por todo lo alto. Que inicia con "Pedro's Party" (3'37) y toda la teclada festiva en acción moratziana. Y con la base rítmica galáctica de Reeves/Phillips.
Producción en maravillosa analogía del momento a cargo del propio Greenslade, Gregg Jackman y Rupert Hine. Tres ases. A los que hay que añadir al emergente ingeniero, Chris Tsangarides. Casi nada.
"Gettysburg" (3'57) viene cantada por Gould y aporta las letras, Jon Hiseman. Otro viejo amigo de los tiempos en Colosseum. Son pasajes que clavan la fantasía artística de sus portadas. Era la época de los grandes teclistas británicos y esto es Primera División. Aunque en este país de tristes, quizá no. Que yo sepa, sólo se llegó a editar "Time and Tide".
Grandeza sinfo de aura ELP nos reserva "Swings and Roundabouts" (4'20). Rítmica-espectáculo y teclas protagonistas, aplicando sentimiento sobre virtuosismo. Greenslade fue siempre un músico muy sensible a éste respecto. Priorizando la emoción a todo lo demás.
Sin silencios, enlaza con "Time Takes my Time" (6'50), con voz del propio líder (curioso) y Lissa Gray. Un cierto aire supertrampero sopla levemente, en un tema que suena muy a grupo homogéneo, por la inclusión de la guitarra a cargo de Grabham. Un delicioso paseo por los 70, montados en un genuino Art rock de alta gama.
" Forever and Ever" (3'38) es a dúo teclas-batería. En un corte reflexivo, delicado e introspectivo. De sensibles matices, vibráfono como un teclado más, y pomposidad que presume de auténtica elegancia en el vestir melódico.
"Cactus Choir" (6'14) abre la segunda cara en tres partes dividida : "a) The Rider" (2'52), va con el inimitable Rhodes marca de la casa y aspectos de similaridad a Patrick "Mordaz", en su desarrollo. "b) Greeley and the Rest" (2'00), es más Wakeman piano mediante, y con la bonita voz de Steve Gould, recuerda a Camel. Mientras que "c) March at Sunset" (1'22) parece música para un cuento infantil, dentro de su fantasía pictórico-descriptiva.
"Country Dance" (5'30) tira fuerte del Clavinet, otro de los cacharros favoritos del jefe, con un groove casi funk y en donde John Perry y Simon Phillips se lucen a conciencia. Ante los alegres devaneos de las teclas negroides a lo Billy Preston, Bernie Worrell o así. Qué bueno sabe esto.
"Finale" (8'36) es una hermosa exposición con despliegue de todo el pedigrí prog británico. Al que además agregan Orquesta dirigida por Simon Jeffes. En su segunda parte, el espectro jazz del Hammond toma un protagonismo muy similar a Peter Bardens. Reeves y Phillips se esmeran. Y el líder lo llena todo con su habitual buen gusto, colorido y desbordante fantasía. Una pequeña maravilla dentro de un trabajo lleno de sorpresas, muy entretenido y de escucha completa sin moverse del sillón. Que es como se escuchan los discos que se lo merecen, vaya. "Cactus Choir", sin ir más lejos.
J.J. IGLESIAS


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