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LA ESCENA DE CANTERBURY 12: Henry Cow

 No todo en la llamada escena de Canterbury es simpático, agradable, melódico, interesante o entretenido porque en las músicas que quieren ser “diferentes, arriesgadas y únicas” siempre hay aspectos que yo denomino “hacerlo raro es inmune a la crítica” para atrapar al snob y conseguir una especie de “élite intelectual superior avanzada en el tiempo”. Dejad que me explique o al menos lo intente.



 No habéis oído alguna vez eso de “no sé si es una mierda o una obra maestra”. Pues todo arte de los últimos cien años se puede denominar así. Lo voy a poner más sencillo. Cuando en los años de la primera mitad del siglo XX se llegó a la conclusión de que los conservatorios y los estudios académicos determinasen la “libertad de formas” y que había que profundizar en el estudio de la música atonal, serial y aleatoria y sus caprichos electrónicos ya fuesen orgánicos o artificiales, de alguna forma hicimos algo bastante habitual en los humanos: complicar innecesariamente el orden natural de las cosas. Confundir bueno malo según interese. Es decir, como diría irónicamente Schopenhauer perpetrar la inercia de la voluntad ciega en todo tipo de expresión artística que rompa las normas de lo agradable en la tonalidad y la armonía. 

Traducido si queréis: aplicar el sufrimiento, el martirio y el dolor innecesario en la creación del arte. Al conocer esto, algo en mi produjo un tremendo rechazo y no se salva con decir.. “bueno es un ejercicio intelectual”. Algo parecido al que me produce el llamado “arte abstracto” o más exactamente el expresionismo abstracto reflejados en galerías y ferias como ARCO donde llegados a un punto: “todo vale”. Basura incluida.

 Ahora bien, si el arte, aunque sea rematadamente malo y desagradable al menos se vuelve hilarante y sirve como burla para descojonarse ya tiene todo mi apoyo más incluso si traspasa toda regla escatológica y delirante. La burla y la irreverencia en el destartalado mundo en que vivimos da mucho juego y es absolutamente interesante y hasta necesario para la salud mental.

Con la pretendida vanguardia lo intenté de todas las maneras. Escuché todas las músicas extravagantes que puedas imaginarte y al final un terrible vacío me decía: esto es mentira y una tomadura de pelo y para colmo lo cuelan como cultura. 

No es ni por asomo un interés de confrontar a los seguidores acérrimos y juramentados seguidores del Rock in Opposition y a toda la música atonal y serialista hasta llegar a las radicalizaciones aleatorias y electrónicas.  Me es completamente indiferente. Desde luego que sí porque sencillamente ya no hay capacidad de sorpresa y trabajo inteligente. Ironizando las patologías psiquiátricas expresadas en música puedo interpretarlas como peculiaridades freaks y para un rato pueden ser hasta divertidas, es decir un minuto como mucho. Pero poco más.

 Con el rock conforme envejeces y estoy convencido de que no soy al único que le pasa porque el conocimiento de la vida es mayor y te va cambiando la percepción que tenías del mismo. Es la música qué escuchamos en la adolescencia y la vía de muchas utopías e idealizaciones que conforme maduras y te vuelves reflexivo pierde todo su halo y toda esa película imaginaria que nos montamos de altivez, libertad y rebeldía quedando tan solo en un patético recuerdo de la ignorancia y bendita inocencia. Conste que no siempre madurar significa hacerlo mejor y todo muchas veces resulta desconcertante. Pero el rock no tenía nada de inocente. Fue la música que nació de la ira, la agresividad y la violencia y por supuesto el negocio. Un espejo de la inexperiencia y de la vanidad vacua y también de la rabia e impotencia. De la divina juventud que aún se empeñan en llamar tiempos felices. Que diferente es todo cuando desenmascaramos la vida y muestra toda su crudeza.

Muchas veces utilizar la música o el arte en general como pretexto para otras cosas diferentes a su esencia son actos que vemos a menudo en el desarrollo de los tiempos. Con la excusa de libertad creativa o “creación multidisciplinar” o eso tan estiloso de “performances de arte total” y otras ocurrencias nos cuelan auténticas tomaduras de pelo. Dudo mucho que algunas de estas “disciplinas” sonoras que en su momento de auge gozaron de auténtico fervor snob, de pedantería petulante y altanería en lo moderno y no va más, pasen el día de mañana a los libros de historia o en su momento alguien se acuerde de ello. Dudoso cuando menos.

Ser lo más raro posible para hacerse el interesante es una constante en cada década y sus respectivas tendencias y disciplinas. Forma parte de la condición humana. Todo para figurar. Dar la nota. Ser diferente. Estar por encima. 

En lo superficial, el malote y macarrilla ligón de la clase curiosamente tenía estos mismos rasgos, pero también podía tomar la forma de “friky” o “nerd” como dicen hoy.

No hace mucho en You Tube vi una actuación-efemérides reciente de Henry Cow reunidos como venerables octogenarios de leyenda: Tim Hodgkinsom, John Greaves, Fred Frith y Chris Cutler y me dio la sensación de que se estaban descojonando de todo el mundo a base de ruidos y efectos sin sentido alguno ante un enfervorizado público babeante y de elevada cultura seguramente. Lo doloroso del asunto es que me consta que son músicos con altos conocimientos académicos que dominan sus instrumentos y tienen un alto reconocimiento en esa “élite” superior. También entiendo que llegada a su edad y con esa aureola de “raros y especiales” ya se la suda todo. A mí también me la sudaría. Si te tiras un pedo y alguien influyente te dice que es una sutil fragancia de perfumistas famosos solo para espíritus refinados ya tienes el trabajo hecho. Ya te lo puedes creer de por vida. Creo haberme explicado. Más o menos

Pues vamos con Henry Cow. No confundáis el prólogo-ironía con una pretendida animadversión mía hacia este grupo porque no es cierto en absoluto. Tengo toda su discografía y no hablo desde el desconocimiento.

Esta banda no es de Canterbury precisamente. Se gestaron en la Universidad de Cambridge en plena revolución del 68. Militantes radicales del partido comunista británico y enemigos acérrimos de la industria discografía y capitalista. La izquierda de hace 50 años tenía unas inquietudes, educación académica y formación intelectual muy superiores y diferentes a las de hoy y no voy a entrar en polémica.

 Por el motivo que sea su contacto con la escena de los de Kent ya fue prácticamente desde el principio. Recordemos que Wyatt también era militante de extrema izquierda y ambos compartían simpatías y parecidas ideas estéticas musicales. La diferencia además es que los Henry tenían unos estudios musicales muy superiores a otras bandas hippies de la época. Personajes femeninos como Lindsay Cooper o Georgie Born (académica, musicóloga y antropóloga) por ejemplo eran verdaderas maestras de conservatorio y estudiosas en su oficio que dominaban como nadie la música de cámara más avantgarde. En realidad, todos venían del lado más complejo de la música clásica contemporánea. Te diría incluso que auténticos maniáticos de la precisión y ejecución. ¿Resulta chocante verdad? Pues efectivamente no eran unos advenedizos. Otra cosa es el “uso que se le da a la música”. 

En sus inicios se referían a compositores como Bela Bartok, Kurt Weill, Stravinsky ,Varese  y como no John Cage y dicho esto naturalmente Frank Zappa. El bigotudo de Baltimore, sin quererlo era una figura apreciada en ese circuito británico. Siempre desde el principio se orientaron hacia la música más experimental y extrema.

 Como buenos outsiders del underground artístico tardaron en grabar el primer disco hasta 1973. “Legend” que es a día de hoy considerado una de las piezas del Canterbury Sound “asociado” más buscadas y apreciadas. Las nueve piezas de este disco son sin duda un desafío, pero no una posibilidad inaudible. De hecho, personalmente es un disco fascinante por lo extraño y avanzado a su tiempo. Por fortuna la música es sumamente elaborada y meticulosamente estructurada. El más asequible de los cuatro que os voy a comentar que resulta hasta incluso agradable. No siempre lo serán a partir de este disco. Nada de rock. En absoluto. La coordinación entre difíciles vericuetos instrumentales de viento, cuerda, guitarra y teclado hacen de él un disco fundamental en la colección. Casi como broma diría que es el único disco con sentido y hasta razonable. Pero ojo… muy lejano a oídos convencionales acostumbrados a músicas aceptadas y normales.  “Teenbeat” en su tercera parte por ejemplo es una estupenda virguería tan rara como fascinante.



La siguiente bizarrada sería “Unrest” de 1974 donde pasan de momentos excelentes como “Ruins” a torturas sonoras insoportables con una parsimonia y flema sin despeinarse. Obra maestra para unos, música insufrible sin alma para otros. Cuando la cacofonía supera la media de lo aceptable habría que hacérselo mirar. Pero aquí hay alevosía y premeditación. Los más “selectos” pondrán esto a la altura de la vanguardia clásica contemporánea más divina y extrema al lado de Boulez, Nono, Ligetti, Xenakis, Berio, Maderna, Stockhausen, Cage etc. Iluminados terroristas sonoros que consideran vulgar e inferior todo lo que sea melodía académica. Y causantes a la vez de cargarse la música clásica a mediados de siglo XX. Se podría emplear el término gastronómico “deconstruir”



El tercer acto de agonía sonora sería “In A Praise Of Learning” de 1975 donde las complicadísimas estructuras en la arquitectura compositiva van desde lo fascinante hasta lo difícilmente soportable. La voz de la cantante Dagmar Krause lo complica todo más. Puede resultar entre jocoso y divertido y conociendo el retorcido humor inglés puede que hasta ellos mismos lo forzasen adrede. Es imposible tomarse esto en serio. La música es tan exageradamente extraña, caótica y difícil de escuchar que resultaría delirante tomarla en serio. Si pones una película en blanco y negro del expresionismo alemán de los años veinte o incluso el futurismo de arte soviético de la misma época y de fondo la música de este disco tienes la pesadilla completa. Reconozco que los 16 mtos de la suite “viviendo en el corazón de la bestia” son impresionantes y un encomiable trabajo que incluso por momentos me gusta bastante si te dejas llevar a un estado de placer masoquista. No necesitas beber nada de licores fuertes ni meterte estupefacientes para potenciar su efecto. El veneno sonoro ya viene tal cual. 

Nunca llegué a verlos en directo y eso que llegaron a actuar en Zaragoza en un colegio mayor universitario. Que por lógica siempre eran los sitios más adecuados para tocar su música. Si le preguntas a la IA de Google te dirá que no hay registros de esa actuación que debió ser entre el 77-78 como tampoco la hay de la de National Health en la discoteca Liverpool en 1979. Os podéis hacer una idea del escaso eco publicitario y la dejadez cultural de mi país.



En 1976 editarían un tremebundo doble en directo “Concerts” tan atrayente como terrorífico. Realmente son una banda casi mejor en directo que en estudio porque debido a la libertad absoluta de su música llegan a sorprender por el altísimo nivel de ejecución. Robert Wyatt participó en el evento de esta “aventurosa” época.



“Western Culture” de 1979 con la hoz y el martillo en la portada fue la última sangrante puñalada sonora de una gente que vivía en una extraña realidad paralela o sueño alternativo de radicalismo e intransigencia. Escasos 36 minutos que podrían haber sido perfectamente la banda sonora de “Saló y los 120 días de Sodoma” de Pier Paolo Passolini. Música inhumana, difícil y exigente que desde luego necesita de altos conocimientos musicales y técnicos. Eso no lo pongo en duda. Pero su escucha desafía por completo la salud mental de cualquiera y está completamente contraindicada para gente que sufra de ansiedad y estrés y ya no digo para otras enfermedades mentales. Tras su disolución algunos de sus miembros continuaron como Art Bears grabando tres discos más. Los más snobs intelectuales y raritos los tienen en un pedestal y desde luego crearon escuela en muchas bandas extravagantes posteriores del llamado RIO.

Son interesantes algunas cajas de rarezas de varios CD´s editadas entre 2009 y 2017 exclusivamente para seguidores y coleccionistas.

Continuará

Alberto Torró


Temas
Nirvana For Mice 4:53
Amygdala 6:47
Teenbeat Introduction 4:32
Teenbeat 6:57
Nirvana Reprise 1:11
Extract From 'With The Yellow Half-Moon And Blue Star' 2:26
Teenbeat Reprise 5:07
The Tenth Chaffinch 6:06
Nine Funerals Of The Citizen King 5:34






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