BATERISTAS EN LA SOMBRA XXXI: Hermes Calabria
Un ‘’Baron’’ tan legendario como mitológico, que ha sobrevolado el cielo desde Montevideo, (su lugar de nacimiento el diecisiete de Diciembre del año 1950) a Madrid, donde llegó en el año 1975 Hermes Calabria junto con Rubén Melogno como siendo ambos conocidos por su trabajo en la banda: Psiglo, una de las muchas bandas naufragas en mares de nadie, a pesar de navegar un acorazado buque del Rock Progresivo. Lamentablemente Psiglo no lograron atracar el navío en ningún puerto de la esperanza en España.
Después de la disolución de Psglo, continúan avistando otros horizontes musicales y Hermes Calabria logra acompañar a grupos tan dispares como Los Marismeños, Paloma San Basilio o Moris. Y es precisamente en el año 1980, cuando Hermes Calabria y José Luis Campuzano ‘Sherpa’ deciden reclutar a los hermanos Carlos y Armando Castro para emprender un nuevo proyecto conjunto, tras haber mantenido coloquios musicales de forma puntual especialmente en el año 1979 en el mismo local de ensayo.
En ese inicio de la década los ochenta es cuando Baron Rojo emprenden un vuelo que con tan solo dos años de singladura les conduce a aterrizar en Inglaterra, para que pudieran dar testimonio de sus primeros esfuerzos discográficos en escenarios como el del festival de Reading de 1982 o el Marquee londinense. Es sobradamente conocido por todos que de la ciudad de Londres, Baron Rojo sacó gran partido gracias al impulso del productor Christopher Andrew Tsangarides, quien decidió jugársela a una sola carta con el segundo álbum de Baron Rojo: Volumen Brutal. Cierto es que Hermes, Carlos, Armando y José Luis, lo tenían todo para aprovechar un viento favorable, en el que ese quinto miembro de la formación, aceptó llenar su mochila de transeúnte para aportar letras que rebasaron inclusive, a las de mucho representantes de la canción de autor vinculada a la protesta, que tan en auge se hallaba en la recta final de los años setenta. Estos cuatro músicos tenían la experiencia dilatada como se puso de manifiesto en Psiglo, Franklin o Coz, e inclusive, aquellos trabajos intimistas con cierto carácter innovador con los que José Luis Campuzano merodeó durante la década de los setenta.
Baron Rojo, desde el año 1982 y hasta 1989 fueron claramente dos bandos, los hermanos por un lado y Hermes y ‘’Sherpa’’ por la vía más flexible, dispuesta al razonamiento y a obrar en consecuencia con un potencial de instrumentistas de muchos quilates. Carlos y Armando han estado solapados en lo dictatorial, lo incómodo, lo impertinente e inoportuno en cuanto a decisiones musicales tanto competitivas, como el ensayos, grabaciones y las extensas giras. Pero tenían algo claro, y es que Baron Rojo era una de las empresas emergentes de facturación aprovechando el enlace con el sello Chapa-Zafiro, una entidad que si en algo contribuyó, fue en la asfixia a la banda conduciéndola al caos extremo.
Hermes Calabria siempre ha sido un hombre de valores éticos, morales y profesionales. Alguien que ha conseguido progresar haciendo de un hobby una profesión destinada a ser defendida con dignidad. Sus ideas y prácticas en ebullición constante, le dieron a Madrid durante años la academia Rockervatorio o una tienda de instrumentos especializada en percusión, ubicada en el barrio de Aluche. Este ejemplar músico uruguayo ha formado a un alto porcentaje de los bateristas que actualmente siguen en activo en diversas parcelas musicales, y en el año 1989 su renuncia a Baron Rojo, fue una costosa decisión antepuesta a su salid física y mental.
Amante del Jazz y devorador de su vertiente bebop, Hermes Calabria sentía especial atracción por bateristas clásicos del Jazz norteamericanos y por otros británicos contemporáneos de la escena innovadora como Barriemore Barlow, Ian Paice, Mark Nauseef, Phil Collins o Dave Holland entre otros. Tampoco escatimó en estudiar a otros percusionistas avanzados como Christian Vander, Dave Kerman, El Tacita, Kiko Guerrero, Pedro Barceló o Jordi Colomer entre una longeva lista de sus referentes expresivos. Todo este influjo de referentes cuñado a su inquietante exploración de la batería, le condujo a orquestar solos e incorporar compases a numerosas canciones en los que las amalgamas reforzaban un amplio despliegue técnico en el que su capacidad ambidiestra, le permitía dialogar con comodidad en un contexto de rudimentos muy poco aplicados en el Hard Rock español de cosecha añeja. En cada formato musical, Hermes Calabria ha sabido imprimir sin cometer pecados de exceso, una forma de ejecutar limpia, dinámica y precisa.
Desde su huída de Baron Rojo, su respaldo de iniciativas y prolongaciones musicales ha sido, es y seguirá siendo José Luis Campuzano ‘’Sherpa’’, con le une algo más que el amor por la música. Desde finales años setenta y hasta la actualidad, ambos artistas han sido siliconados por una amistad inquebrantable en la lealtad por la misma, ha sido su insignia, y más aún, cuando en el año 2009 el oportunismo externo y su audacia, deciden organizar una gira conmemorativa del treinta aniversario de Baron Rojo con los cuatro jinetes originales, que volvería a desembocar en el puerto del llanto, de las lágrimas de azúcar y sal que pocos años después darían pie a que Hermes y ‘’Sherpa’’ adoptasen el nombre de Los Barones, para proseguir paseando himnos de mitológica amargura desde un entusiasmo perenne que por razones que han dado pie a controvertidas opiniones acerca de ‘’Sherpa’’ y su declinación ideológica, Los Barones se quedan sin el suficiente combustible para mantener un en optimas condiciones un vuelo sentenciado a un aterrizaje de emergencia.
A sus setenta y cinco años de edad, Hermes Calabria sigue siendo todo un referente para quienes han recibido sus lecciones o los que han catado de cerca el aroma de Psiglo o la ochentera década de Baron Rojo, mientras para el neo pasotismo, tan deudor como heredero de la homicida necedad sellada a la devastadora inmediatez en tiempos del actual nadismo, Hermes Calabria, estará condenado perpetuamente a seguir siendo un baterista en la sombra de la desvergonzada ignorancia. Pero tanto en él como en otros de sus contemporáneos, persiste la resistencia dotada de fuerza y carente de temores porque desde la independencia, la vida se disfruta día a día.
Luis Arnaldo Álvarez (Baterista y Locutor profesional independiente


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