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ETHIVA - Beaten Track (2025 / Clostridium)

 Ya han aparecido por éstas páginas, los asturianos EthivaBanda formada alrededor de 2011 y que en un principio fue un power trío con el bajista-cantante, Jandro Losa. Algunas cosas han cambiado. En 2013 editan su primer álbum,  "Ethiva". Y "Sublime Island" (2017), vendrá posteriormente. 



Así pues, el tercero de la banda ha sido obra de los actuales Javi Lorenzo (guitarras), Ramón Fernández (batería), Iván Muñoz (bajo) y Camil Cinnamon (voz solista).

Que con arrollador ímpetu se instalan en el cerebro con "Rolling Freeze" (7'58), en un entramado de técnico hard que tecuerda a Rush en los 80. Ayuda a ésta percepción la firmeza vocal de la cantante y un estudiado plan arreglista que enriquece su complejidad estructural. Un guiño al "While My Guitar Gently Weeps" de George Harrison, sirve para exponer sentimiento psych en textura hard prog. Cohesión y perfección trabajan en un equipo que se entiende perfectamente.  Su estrategia de escritura no es habitual, como deja entrever el comienzo de "Cut the Top" (7'40). Buscan huir de la rutina mediante sorpresivos cambios y salidas inesperadas. Un alivio para éste escriba. Ahí radica una de las virtudes de Ethiva. El ritmo construye un escudo protector ante la vulgaridad del exterior, y así una guitarra sí que puede trabajar con comodidad, esculpiendo/ escupiendo sonoridades surreales. Que materializan dibujos extradimensionales que abrigan la poderosa y carismática presencia de Camil.

"Run Far Away" (5'52) predica originalidad psicodélica desde pedalera expansiva, sin necesidad de teclados. Sección rítmica que invoca a The Who y una insinuante voz, hermanada con Rosalie Cunningham en algún momento. Psico-prog  desafiante, de fuerte personalidad. 

La racha no se pierde en "Mountain Claim" (7'56), como una versión forzuda de Amon Duul II o los más recientes Wucan. Esto es, modern kraut de implacable pegada acústica,  nervio tensado y cierto misticismo emocional.

Lo original es su lema, su marca registrada, y no es abandonada en "Red Lights" (6'47). Con un desconcertante y killer solo a la Alex Lifeson y un attrezzo rítmico picassiano, esto es blues cubista perfecto para una escena de misterio en un lúgubre y decadente club,  de improbable película de David Lynch.

Y parecida descripción se aplicaría en "Summertime" (7'57). O sea, blues cósmico in disguise, con ecos de Scott Henderson en un escenario krautie-surrealista de desértica road movie ininteligible, (pero molona).



Sin embargo, Ethiva implosionan e impresionan. Exponen una energía y poder atómicos,  que en vivo debe ser letal. Poseen un estilo que los hace únicos.  Unos rara avis con proyección internacional, e incontables superpoderes. Entre los que destacaría la sorpresa, coherencia, técnica colosal y magnetismo.

Más es más.  Siempre lo es.

J.J. IGLESIAS 



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