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BATERISTAS EN LA SOMBRA Cap. 53: BARRIEMORE BARLOW, el arquitecto rítmico de Jethro Tull

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 Existen bateristas capaces de marcar el tempo. Otros poseen una técnica tan deslumbrante que convierten cada interpretación en una exhibición de virtuosismo. Y luego están aquellos músicos que consiguen algo mucho más difícil: transformar la batería en un instrumento narrativo. Barriemore Barlow pertenece a esta última categoría. Nacido como Barrie Barlow el 10 de septiembre de 1949, en Birmingham (Inglaterra), fue rebautizado por Ian Anderson como "Barriemore", un nombre que encajaba con el humor surrealista y la estética teatral de Jethro Tull. Aquel pequeño cambio de nombre acabaría formando parte de la mitología del grupo. Aunque nació en Birmingham, pasó buena parte de su juventud en Blackpool, donde conoció a quienes acabarían siendo compañeros fundamentales de su carrera: Ian Anderson, John Evan y Jeffrey Hammond. Aquellos años estuvieron marcados por la explosión del beat británico y el nacimiento de la llamada British Invasion. Como muchos jóvenes de su generación, ...

MICHAEL PERLITCH - Keyboard tales (1972)

 Este es uno de esos discos que hace un tipo desconocido, especial, de naturaleza extraña, una vez en la vida. Pero como ha ocurrido en otras ocasiones, el éxito se les resiste, pasan desapercibidos a pesar de su excelente trabajo, se sumen en la sombra y desaparecen injustamente, cuando en realidad no puedes comprender como alguien así puede caer en el ostracismo. Porque si una conclusión se saca al escuchar el álbum es que estamos frente a un personaje de profundo sentimiento, de potente talento y dotado de virtudes en la interpretación de instrumentos con teclas.



Poco o nada se sabe de este solitario espécimen capaz de levantar el solo un trabajo excepcional donde escribe, interpreta todos los instrumentos y aporta su propia voz. Vamos, que se lo hace todo, recordándome a otros niños prodigio que si llegarían muy lejos como el emblemático Steve Winwood.

Trabajo excepcional de principio a fin, una obra erigida sobre el piano que conduce a lo largo de todo el conjunto vertebrando todas las composiciones con predilección por los acordes de mano izquierda, más profusos, tensos, y oscuros que dejan patente el concepto que quiere presentar. Será atacándolo con fuerza como consigue ritmo suficiente para no caer en el aburrimiento. Para vestir a este piano también se ocupará del órgano, e introducirá pasajes de instrumentos clásicos y percusiones elaborando un cuerpo y unos arreglos más que buenos. Es decir no vamos a encontrar nada más, no esperemos guitarras, bajos, metales o baterías. Todo gira alrededor de los teclados como señala el título del Lp, bueno y su voz, claro, que intenta incorporar la parte más dulce  buscando armonías acompañada en numerosas ocasiones de coros.

Si solo incluye teclados podemos inclinarnos inevitablemente a pensar que la música puede ser de carácter pomposo, grandilocuente, exagerado, pero no es así. Al contrario se trata de un producto que parte del interior del artista, una visión del mundo desde lo más hondo. Se suceden los momento melancólicos, tortuosos y sin embargo son hermosos y sinceros. Melodías basadas en estructuras sencillas formadas a través de acordes limpios, sin grandes demostraciones de virtuosismo, cuya pretensión es expresar sus inquietudes y preocupaciones.



Relatos de pasajes ambientales bellos dibujando escenas en el aire, sensibilidad, elegancia y clasicismo, cercano a la idiosincrasia de bandas como PROCOL HARUM. Piano para disfrutar y paladear.

Juan Carlos Rustarazo




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