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Blues Gang – Five Live (1985)

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  Nuestros protagonistas de hoy fueron el embrión de Blues Wire, uno de los grupos más representativos del blues en Grecia. Incluso, algunos eruditos bluseros lo consideraron la mejor banda de blues de Europa. Obtuvieron el respeto internacional sirviendo como banda de apoyo en las giras europeas de titanes como Albert King, Buddy Guy o Otis Rush. La banda se formó en 1983 en Salónica, Grecia, cuando el guitarrista Elias Zaikos y el bajista Sotiris Zisis decidieron unirse para formar una banda de blues. En aquella época, tocar blues en Grecia y en inglés era visto como una excentricidad. Por ello, tuvieron muchas dificultades para encontrar una casa discográfica que les apoyara (o apoyase). Gracias a su perseverancia, consiguen editar su primer disco, "Dig It", en 1984. Al año siguiente llega su segundo trabajo, "On A Second Thought". En 1986 se inicia la transición hacia "Blues Wire". Con esta denominación consiguieron el reconocimiento internacional acom...

CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Big Big Train - Summer Shall Not Fade Live at Loreley 2022

 Mi relación con esta banda británica estuvo llena de prejuicios sin duda injustificados por mi parte y también - debo reconocerlo - por pereza absoluta en cuanto a prestarles la debida atención. Algo debió pasar probablemente. Alguna escucha fugaz que me sonó al irritante Phil Collins. Previsibles estructuras del neo prog de la tercera generación de los 90´s-2000´s. A ciencia cierta no lo sé. Tampoco el nombre de la banda me era atractivo y además el hecho de meter sección de viento en músicas de sinfonismo rock siempre me ha producido cierto repelús y por supuesto la saturación de escuchar músicas aburridas que no te llevan a ningún sitio.



Los ingredientes para un maniático como yo no eran los apropiados, pero tengo que decir que uno sabe rectificar. No hay nada más estúpido en esta vida que creerse en poseedor de la verdad o considerar un camino correcto en algo. Conforme uno avanza en conocimiento en esta vida sin sentido, cuanto más sabes más fácil es darte cuenta de que en realidad apenas sabemos nada y que la arrogancia es algo tan ridículo como patético. Cambiar de opinión no es en absoluto nada malo. En el método científico se hace constantemente. Uno llega a la sabiduría cuando se da cuenta de que en realidad nadie tiene ni puta idea de nada y mucho menos el ego de uno mismo.

Yo reconozco que el estar atado a un “argumento” toda tu vida no es nada sano mentalmente. El pensamiento sectario y cerrado es el camino más corto hacia la estupidez y si además para colmo añadimos que somos seres completamente contradictorios y volátiles tendremos el ingrediente perfecto para el caos.

En lo de “todo es relativo” hay que saber encontrarle el punto. En música como en cualquier otra actividad hay que reconocer estar equivocado. Lo contrario es el mayor ejercicio de estulticia. En música es inevitable el estar atados al gusto personal pero muchas veces ese “gusto personal” es un arma de doble filo porque también nos vuelve intransigentes y nos hace ciegos y sordos creyendo que lo nuestro es cojonudo y lo demás una mierda. Esa actitud nos hace pasar por alto muchas cosas que en ocasiones tendemos a prejuiciar erróneamente.

En un siglo XXI tan musicalmente empobrecido como el nuestro las opiniones personales toman un sentido a veces muy diferente, de resistencia efectivamente, por la sencilla razón de que lo que en la década progresiva habría sido calificado como mediocre hoy nos parece incluso bueno y excelente. Paradojas de la vida. 

Este es el nivel al que hemos llegado. Todo al final se queda en un: “me interesa o no me interesa” “me entretiene o me aburre” y se acabó el asunto. La arrogancia y vanidad insisto en ello no van nunca a ningún sitio porque además ya carecen de toda base sólida. Además, hay un aspecto importantísimo que la inteligencia nos debe dar: “el saber estar” y más en un mundo donde la calidad de las cosas cada vez es peor y el engreimiento y la mentira es institucional en todo.

Vayamos al asunto. En la década de los noventa la proliferación de bandas progresivas que de alguna forma fueron las continuadoras del neo-prog de los 80´s era interminable. Cierto es que había que seleccionar entre tanta oferta. La ingrata labor de los que hacemos críticas musicales es intentar separar el grano de la paja, pero eso no era ni es sinónimo de ninguna certeza al respecto. Más bien al contrario. Para unos: cinco estrellas para otros una estrella. El tópico de siempre y ya está el lío montado. 

Cada uno de nosotros escuchamos la música y vemos el mundo bajo un prisma cerebral único. Nadie llevamos la misma película en la cabeza. Según las locas teorías cuánticas, el mundo que vemos y la interpretación del mismo, solo está en nuestra cabeza. Quizás la IA nos lo aclare esto algún día. Buen pareado. Efectivamente “hacemos una interpretación” de las cosas completamente diferentes. Luego están los “prejuicios” personales. Y podemos añadir que en los tiempos en que el nivel de imaginación y calidad musical eran generalmente altos, no había necesidad de buscar otras alternativas. Hoy, debido a los bajos estándares de exigencia cualquier banda mínimamente interesante o correcta destaca por encima. 

Este es el caso de los Big Big Train. Ya sabéis el dicho: en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Esto nos pasó en los 80´s. Si hay sequía cualquier agua, aunque no sea de manantial es mejor que nada.

Hay bandas cuyos caminos pueden ser contradictorios: unos empiezan mal y mejoran con el tiempo y al contrario. El caso de este “Gran Tren” todo empezó con unas discretas grabaciones demo nada destacables en esa onda neo aburrida mediocre aunque con el tiempo la cosa mejoró notablemente hasta el punto de que a día de hoy los Big Big Train parecen ser el referente británico de lo más sólido del estilo clásico en la herencia de los años 70´s principalmente en esa línea genesiana

Hay que tener en cuenta y recordar si es preciso que el Reino Unido y los cuatro pueblos que lo integran fueron realmente los creadores de todo sinfonismo progresivo clásico. Luego si acaso ya vinieron el resto de la comunidad europea y los del otro lado del atlántico y lo continuaron los asiáticos en sus peculiares formas de entender el asunto. Pero el germen real se encuentra en la Inglaterra de finales de los sesenta.

Como digo al principio a esta banda, como a muchas otras no le presté la debida atención y es preciso enmendar cierta injusticia por mi parte. Fundamentalmente y que sirva de precedente que todavía no he tenido tiempo de escuchar más allá de una primera toma de contacto, pero lo suficiente para darme cuenta de algo primordial: la base compositiva da mucha importancia a la melodía y a los arreglos, tanto instrumentales como vocales. Insisto en que ante la falta de “algo mejor” acabamos en la resignación. Para mí ya es un importante punto de partida. Si en algo fallan la mayoría de las bandas progresivas modernas es en la absoluta inutilidad e incapacidad de crear melodías. Esto es un hecho. Me da igual que toquen de la hostia si no trasmiten absolutamente ninguna emoción. 

En el caso de esta banda con el paso del tiempo se han sabido relacionar bien e integrar a gente conocida competente y profesional: Nick De Virgilio, Andy Tillison, David London, Francis Dunnery, Martin Orford, Dave Meros, Steve Hughes y más gente asociada al neo prog de ayer y hoy. El hecho de integrar en la época del cantante David London una sección de viento le dio a la música un carácter y una personalidad muy concreta. Aunque no soy muy proclive salvo la flauta a saxos, trombones, trompetas y similares en el sinfonismo progresivo, admito que en este caso no quedan nada mal en las estructuras compositivas.

David London, el cantante que de alguna forma los lanzó a un nivel de mayor consideración falleció en 2021 a los 56 años en un absurdo accidente doméstico. Este doble trabajo grabado en Loreley poco antes nos muestra a la banda probablemente en su mejor momento alternando efusivas épicas con emotivas canciones cuya melódica tiende a recordarnos a los Genesis post Gabriel antes de su paso al pop cargante y con un sonido más actual que probablemente nos hace pensar que podría haber sido la línea más correcta que los señores Banks, Rutherford, Collins podrían tomar en los 80´s pero desgraciadamente no fue así. La manera de integrar la sección de vientos es afortunadamente muy correcta y hasta original sin llegar a lo verbenero y festivo hacia lo vulgar que en manos de un Phil Collins habría sido inevitable. Big Big Train a diferencia de sus fuentes mantienen un elaborado entramado compositivo integrando instrumentos analógicos y haciendo que de alguna manera que su escucha se nos haga de alguna forma atemporal. Sin duda algo de agradecer.



Lo que llevo escuchado de esta banda en general me parece muy correcto y controlan bien pasajes instrumentales con emotivas baladas. Al menos su música “tiene un sentido” que yo, salvo pequeñas excepciones, no suelo encontrar en las bandas modernas. La entrada del cantante italiano de la PFM Alberto Bravin les ha dado un nuevo enfoque y continúan grabando discos en plena forma como el reciente “Woodcut

En definitiva Big Big Train no te van a dar un impulso o una patada que te lleven a lo alto de una colina o a la cima de una montaña, pero al menos su música tiene una dignidad y un buen hacer muy difícil de encontrar a día de hoy.

Alberto Torró



Temas

CD1-1 The First Rebreather 10:12
CD1-2 Folklore 8:22
CD1.3 A Mead Hall In Winter 15:45
CD1-4 Kingmaker 10:24
CD1-5 Summer's Lease 5:29
CD1-6 Brave Captain 12:40
CD2-1 Prelude & Fugue 3:01
CD2-2 Judas Unrepentant 7:34
CD2-3 The Transit Of Venus Across The Sun 7:58
CD2-4 The Permanent Way 8:13
CD2-5 East Coast Racer 16:37
CD2-6 Drums & Brass 3:47
CD2-7 Wassail



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