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BATERISTAS EN LA SOMBRA Cap. 47: El Rock & Rios, la historia de dos bateristas que participaron en el icónico disco de Miguel Ríos. Capítulo I Sergio Castillo

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 Cuando se recuerda el histórico doble álbum Rock & Ríos, publicado en 1982, suele hablarse de la energía de Miguel Ríos, de la extraordinaria respuesta del público y del impacto que aquel disco tuvo sobre varias generaciones de aficionados al rock español. Sin embargo, pocas veces se analiza con detenimiento el trabajo de los músicos que hicieron posible aquel acontecimiento. Entre ellos destaca la figura del baterista Sergio Castillo, un instrumentista de enorme solvencia cuya aportación fue decisiva para convertir aquellas actuaciones en uno de los mejores directos de la historia del rock en castellano. Sergio Castillo pertenece a esa estirpe de músicos que nunca buscaron protagonismo. Su carrera ha estado marcada por la profesionalidad, la precisión y una extraordinaria capacidad para adaptarse a estilos muy diversos. A diferencia de otros bateristas más espectaculares, Castillo siempre entendió que la misión principal de la batería consiste en sostener la música y hacer cr...

Vanderhoof – A Blur In Time (2002) (Steamhammer / SPV GmbH)

 A Kurdt Vanderhoof se le empezó a conocer en el mundo musical facturando un estilo lejano a su posterior heavy metal, ya que sus primeros pinitos con cierta relevancia fueron militando en las filas de los punk-rockeros The Lewd. Pero sería la banda que fundo en 1983 con Kirk Arrington, Metal Church, la que le llevó a la auténtica repercusión dentro del movimiento metálico. Tras esta agrupación nacerían otras que como puedes imaginar acaban cerrando el periodo con una última creación: el conjunto Vanderhoof. Otra vez con Arrington como compañero de estudio, Kurdt publica en el 97 un disco debut que obtuvo críticas muy alentadoras. Cinco años después, con la lección aprendida y lleno de ganas de sorprender a su público, el proyecto regresa para tomar las riendas de la industria y cabalgar a su antojo –algo que finalmente quedaría cual delicatessen puntual–.



En este álbum de Vanderhoof podrás hallar una extensa lista de influencias y diferentes formas de entender el rock. “30 Thousand Ft.” está en la onda de aquel Ozzy Osbourne ochentas, de aquellas composiciones que le alejaban de su pasado junto a Black Sabbath y empezaban a dar un nuevo color a su carrera. El grupo sigue aquí esas premisas, así mantiene una calmada base melódica que estalla en un estribillo pegadizo, un coro seguido de cerca por el importante trabajo que realizan las teclas de Brian Cokeley. “Electric Love Song” aletea cierto sabor clásico pero, aunque a veces no lo parezca, se acerca mucho a grupos de metal melódico y cuidadas progresiones como Winter Rose o Sharon.



El carácter acústico con sorpresa eléctrica te espera en “High St.”, con un Drew Hart que sabe hacer trabajar a sus cuerdas vocales, consiguiendo con cada pasaje que un sentimiento muy especial le recorra la espina dorsal. Los aspectos progresivos y con ramalazos a Saga o Styx inundan “Un-Changed”, mientras que la balada-medio tiempo con cuerdas de esperanza se esconde tras “Brand New Light”. Así hasta cubrir un tracklist de once canciones, todas llenas de magia, todas rebosando amor por la música original.

por Sergio Guillén Barrantes



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