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Metropolis - Metropolis (1974)

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 ¿Conoces esas bandas con las que desarrollas una conexión emocional? ¿Una conexión que va más allá de la música? ¿Un cariño que se extiende más allá del sonido, pero donde el sonido sirve como hilo conductor de ese sentimiento? Puede parecer extraño, un poco descabellado e incluso contradictorio, pero la banda de la que hablaré hoy representa una especie de "piedra angular" del rock alemán en mi vida como audiófilo, una de esas que conforman el lado oscuro y olvidado del rock alemán. Es evidente que, como tantos otros fans de este género, conoces a la mundialmente famosa banda Scorpions, que fue y sigue siendo una importante "exportación" alemana, pero este país, que siempre ha respirado contracultura, tenía y tiene mucho más que ofrecer, ¡y el rock siempre ha formado parte de este movimiento rebelde! ¡El krautrock es un auténtico ejemplo de esta subversión! Y no se debe solo a la situación política y económica de la Alemania de posguerra, sino también a la audaz m...

Vanderhoof – A Blur In Time (2002) (Steamhammer / SPV GmbH)

 A Kurdt Vanderhoof se le empezó a conocer en el mundo musical facturando un estilo lejano a su posterior heavy metal, ya que sus primeros pinitos con cierta relevancia fueron militando en las filas de los punk-rockeros The Lewd. Pero sería la banda que fundo en 1983 con Kirk Arrington, Metal Church, la que le llevó a la auténtica repercusión dentro del movimiento metálico. Tras esta agrupación nacerían otras que como puedes imaginar acaban cerrando el periodo con una última creación: el conjunto Vanderhoof. Otra vez con Arrington como compañero de estudio, Kurdt publica en el 97 un disco debut que obtuvo críticas muy alentadoras. Cinco años después, con la lección aprendida y lleno de ganas de sorprender a su público, el proyecto regresa para tomar las riendas de la industria y cabalgar a su antojo –algo que finalmente quedaría cual delicatessen puntual–.



En este álbum de Vanderhoof podrás hallar una extensa lista de influencias y diferentes formas de entender el rock. “30 Thousand Ft.” está en la onda de aquel Ozzy Osbourne ochentas, de aquellas composiciones que le alejaban de su pasado junto a Black Sabbath y empezaban a dar un nuevo color a su carrera. El grupo sigue aquí esas premisas, así mantiene una calmada base melódica que estalla en un estribillo pegadizo, un coro seguido de cerca por el importante trabajo que realizan las teclas de Brian Cokeley. “Electric Love Song” aletea cierto sabor clásico pero, aunque a veces no lo parezca, se acerca mucho a grupos de metal melódico y cuidadas progresiones como Winter Rose o Sharon.



El carácter acústico con sorpresa eléctrica te espera en “High St.”, con un Drew Hart que sabe hacer trabajar a sus cuerdas vocales, consiguiendo con cada pasaje que un sentimiento muy especial le recorra la espina dorsal. Los aspectos progresivos y con ramalazos a Saga o Styx inundan “Un-Changed”, mientras que la balada-medio tiempo con cuerdas de esperanza se esconde tras “Brand New Light”. Así hasta cubrir un tracklist de once canciones, todas llenas de magia, todas rebosando amor por la música original.

por Sergio Guillén Barrantes



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