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LA ESCENA DE CANTERBURY 8: Matching Mole - Robert Wyatt

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 Tras la grabación del volumen four la máquina reblandecida optó por expulsar imagino que de manera poco agradable a su batería y voz Robert Wyatt lo que restó originalidad y lo apartó de la esencia pop bizarra típica del estilo. Los Soft sin Wyatt se convertirían en una cámara frigorífica de jazz-rock intelectualoide como ya os comenté con anterioridad.  El deambular de músicos por esa zona geográfica era la norma habitual y prácticamente se extendió toda la década y la infidelidad incestuosa entre bandas, una constante. Como ya expliqué raro era llegar a grabar más de dos discos en estudio por parte de cada formación de la escena. A veces uno y otras ni siquiera eso. La impresión que siempre he tenido sobre este movimiento surgido en el este de Inglaterra es la falta de seriedad y desdén por parte de todos los músicos implicados. Vivían sobre la marcha y sobre planteamientos de inmediatez del día a día sin preocuparse del mañana. Cuando se es joven es normal “tener pajaritos...

Vanderhoof – A Blur In Time (2002) (Steamhammer / SPV GmbH)

 A Kurdt Vanderhoof se le empezó a conocer en el mundo musical facturando un estilo lejano a su posterior heavy metal, ya que sus primeros pinitos con cierta relevancia fueron militando en las filas de los punk-rockeros The Lewd. Pero sería la banda que fundo en 1983 con Kirk Arrington, Metal Church, la que le llevó a la auténtica repercusión dentro del movimiento metálico. Tras esta agrupación nacerían otras que como puedes imaginar acaban cerrando el periodo con una última creación: el conjunto Vanderhoof. Otra vez con Arrington como compañero de estudio, Kurdt publica en el 97 un disco debut que obtuvo críticas muy alentadoras. Cinco años después, con la lección aprendida y lleno de ganas de sorprender a su público, el proyecto regresa para tomar las riendas de la industria y cabalgar a su antojo –algo que finalmente quedaría cual delicatessen puntual–.



En este álbum de Vanderhoof podrás hallar una extensa lista de influencias y diferentes formas de entender el rock. “30 Thousand Ft.” está en la onda de aquel Ozzy Osbourne ochentas, de aquellas composiciones que le alejaban de su pasado junto a Black Sabbath y empezaban a dar un nuevo color a su carrera. El grupo sigue aquí esas premisas, así mantiene una calmada base melódica que estalla en un estribillo pegadizo, un coro seguido de cerca por el importante trabajo que realizan las teclas de Brian Cokeley. “Electric Love Song” aletea cierto sabor clásico pero, aunque a veces no lo parezca, se acerca mucho a grupos de metal melódico y cuidadas progresiones como Winter Rose o Sharon.



El carácter acústico con sorpresa eléctrica te espera en “High St.”, con un Drew Hart que sabe hacer trabajar a sus cuerdas vocales, consiguiendo con cada pasaje que un sentimiento muy especial le recorra la espina dorsal. Los aspectos progresivos y con ramalazos a Saga o Styx inundan “Un-Changed”, mientras que la balada-medio tiempo con cuerdas de esperanza se esconde tras “Brand New Light”. Así hasta cubrir un tracklist de once canciones, todas llenas de magia, todas rebosando amor por la música original.

por Sergio Guillén Barrantes



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