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CIRRUS BAY (Discografía. Primera parte)

Me he propuesto comenzar de manera agradable y lírica esta nueva andadura sinfónica porque como ya sabéis los que me leéis habitualmente, lo épico y melódico es mi género favorito dentro de la familia de lo que denominamos música progresiva. 


No siempre soy un sinfónico recalcitrante tengo que decir, he escrito sobre músicas muy diversas, es cierto, pero aunque os hable de otras tendencias dentro del estilo, “la cabra siempre tira al monte” que es un dicho español para definir nuestros gustos e inclinaciones. El lado hermoso y clásico de este tipo de música siempre fue vilipendiado y atacado por la prensa y la crítica internacional. Esto siempre me ha dado coraje y motivos para su defensa durante toda mi vida. Incluso en los peores momentos de décadas anteriores que declararte “sinfónico” era motivo de apestado o leproso musical. Si de algo estoy orgulloso es de no haber cambiado nunca de bando y reconozco que a veces quizás me exceda en intransigencia con otros estilos de rock que en mi caso tan solo se traducen en indiferencia que no debe confundirse con animadversión. Si no afecta no molesta. Cada uno es como es y cambiarlo no se debe si quieres ser honesto contigo mismo y con los demás.

Asentados los principios os hablaré de Cirrus Bay una banda originaria de Buckley, Washington que en realidad comenzó como dúo acústico en 2001 de la mano de Bill Gillham y Sharra Gillham (ahora Sharra Acle). Supongo que padre e hija por las fotos y apellidos. Tocaban en pequeños clubs y cafeterías. Al poco tiempo se convirtieron en grupo con la incorporación del batería, bajista e ingeniero de sonido Mark Blasco y Anisha Gillham (la otra hija supongo) en guitarras y voces. Bill es el compositor y líder y se encarga del peso instrumental con teclados, guitarras e instrumentos de cuerda. El estilo inicial se encuadraba dentro del folk y el refinamiento del jazz más ligero. Se nota que en sus comienzos la banda estaba tratando de encontrar su estilo, pero una cosa ya queda clara desde el principio que son las voces femeninas. Una de mis debilidades dentro del rock sinfónico. Reconozco que me paso horas buscando por la red bandas con front singers femeninos. No todas las voces femeninas me sirven debo aclarar. No es lo mismo una desgarrada y áspera Janis Joplin que una Annie Haslam renacentista. Ni una rockera gritona al lado de excelencias líricas como Sandy Denny de Fairport Convention o Christina Both de Magenta y ya las folk célticas son mi delicatesen. Las Whitney Houston y similares me ponen de los nervios y dolor de cabeza. Desde que Pink Floyd metiese la irritante voz femenina en Dark Side me he vuelto alérgico. De los cantantes masculinos en general mejor no hablo.


Una de las características de Cirrus Bay es que las voces femeninas en todos sus discos son preciosas. Yo os voy a decir que una buena voz salva de la quema a muchas músicas. Pero si una excelente música emplea una voz mediocre o mala es la ruina total de todo por muy buena que sea la instrumentación. ¿Parece sencillo de entender no?... pues muchos no se dan cuenta de ello. Si una banda de rock sinfónico no tiene un o una cantante de alto nivel y bonita voz que se dé por jodido. Es así de simple. No hay nada más horrible en la música actual que la mayoría de los cantantes de rock, pop o lo que sea. Terrible. Tener una buena voz es un don reservado a muy pocos porque aparte de “dar la nota” correctamente, que no es suficiente, debes tener sensibilidad y cautivar al que escucha. Ahí surge la magia. Dicho esto, si no tienes una buena voz, haz música instrumental.


“The Slipping Of A Day” lo graban en 2008. Se trata de un álbum que tiene las virtudes y los defectos de una ópera prima. Dura excesivamente hasta los 76 mtos. El potencial de las composiciones es excelente, hay piezas de 12 y 19 minutos (The color in your head) de bonitos trazos acústicos, pero suena débil, inconexo y falla la producción. Puede dar la sensación de esbozos inacabados sobre todo en las primeras piezas del disco y afortunadamente la mediocre voz masculina de Alex Brighenti solo aparecerá en este disco. Los arreglos vocales son inmaduros e ingenuos. No fue el primer álbum que escuché de Cirrus Bay ya que probablemente habría tirado la toalla y este error del que fueron conscientes no volverá a repetirse en los siguientes discos. No obstante, las canciones y la composición en general tienen su encanto. El atractivo de esta banda reside en la melodía y el preciosismo instrumental que imprimen en todo su trabajo.


 

“A Step Into Elsewhere” de 2009 es otra cosa. La prometedora música hermosa que se apunta en su primer disco se presenta aquí en todo su esplendor. Las dos cantantes Gillham redondean un disco precioso. Los errores se han corregido y la música es verdaderamente encantadora. Llegados hasta aquí si no te van las delicadezas y la música bonita no sigas. Hay gente alérgica al azúcar y a la sensibilidad. No pasa nada. Mariconadas las justas dirían con sonrisa torcida. Os descojonaríais de la cantidad de tipos duros que existen qué luego se emocionan con una canción de America o Simon & Garfunkel.  



La influencia progresiva de Cirrus Bay parte de los primeros cinco años de la década de los 70´s pero llevados a la actualidad. Han cogido lo mejor del género, pero con un sonido fresco y actualizado. Claro que las bandas folkies de esa época también están presentes de alguna manera y desde luego Bill Gillham conoce bien los secretos de aquel sonido maravilloso.  Las seis piezas del programa se inician con “Serenity in a Nutshell (13.11) aquí ya la debilidad sonora patente en su primer trabajo desaparece y muestran un lujurioso sinfonismo genesiano muy época Phillips con encantadoras guitarras acústicas, sonidos modernistas de oboe y maravillosas voces. Déjate llevar ya que solo es preciso eso. Tu oído no te va a pedir ningún esfuerzo. Oyes el disco con la misma facilidad que te comes una caja de bombones o te bebes un agradable refresco. La amabilidad melódica es una delicia llena de finura y los ecos del Floyd más elegante aparecen en pasajes intermedios instrumentales casi acariciando. 



 

Música bonita pero además con alta dosis de ternura que pondrá de los nervios a los que tengan problemas con la educación, gusto por lo vulgar y áspero y escasa tolerancia a la bondad. Todas las piezas parecen mecerte en una nube. Cuando los norteamericanos se ponen finos ojo con ellos. La tónica general de todo el álbum es de una ensoñación absoluta, hasta llegas a pensar que hay buena gente en algún universo paralelo. “Zenobia” que cierra el disco es una suite de casi 17 mtos con todos los ingredientes que un sinfónico amoroso y una persona de buen corazón necesita. Lástima que en el mundo los buenos corazones sean tan escasos. Seguiremos la próxima semana.
Alberto Torró








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