Entrada destacada

Showmen 2 – Showmen 2 (1972)

Imagen
 Lo que me fascina de las escenas de rock locales es la efervescencia, la intensidad y, sobre todo, la sinceridad sonora con la que se conciben. Factores conductuales, sociales y económicos: todas estas influencias son, al menos para mí, predominantes en la construcción de las bandas, la música y el público que las sigue. Liverpool, Canterbury, Birmingham, Belo Horizonte, São Paulo, entre muchas otras que nacieron con un cariz muy "regionalista", muchas veces dictan el rock n' roll de todo un país, sobre todo cuando éste alcanza cierto nivel de protagonismo y acaba influyendo en esa generación de jóvenes ávidos de música, ávidos de dejar salir toda la furia cotidiana que el sistema podrido les impone. Además de las escenas antes mencionadas, tan conocidas y que han ganado reconocimiento en sus países e incluso a nivel mundial con sus bandas, existen aquellas que no alcanzaron protagonismo global, pero que influyeron mucho en su país de origen, sirviendo como referencia pa...

ISILDURS BANE - Eight Moments Of Eternity (1987)

Ocho momentos de eternidad es incluso más corto que el anterior. Tan solo 35 mtos de música instrumental que borra el regusto frívolo del Sea reflections y es definitivamente el álbum que va a marcar el futuro estilo de la banda. No tuvo buenas críticas. Porque en realidad ningún disco prog de esa década de los ochenta la tuvo, pero conseguimos algo más importante, el amante prog y el músico que había sobrevivido a la “caza de brujas” de los cerebros de plástico de la crítica y de las compañías del insensible negocio discográfico, lograríamos el concepto de “música de culto” y aunque no me gusta el término de “club selecto” por la gilipollez  y vanidad que implica, fue la única manera de que este estilo de música no desapareciera del todo de la faz de la tierra y pudiese soportar el puente haca la siguiente década, mucho más receptiva e inteligente que la anterior en cuanto a música se refiere. La línea de Isildurs sigue aquí en el lenguaje del jazz, pero ya incluyen una amplia sección de música de cámara que enriquecen a los instrumentos habituales de una banda de rock. 

Los ocho momentos es un trabajo superior en términos generales y bastante más melódico y progresivo que el anterior. No hay tanta “juerga” y sí mejores temas. La simple y clara melodía de “Lady en Green” ofrece el sonido limpio de apertura. El nuevo bajista Fredik Janacek en este disco es fundamental, así como en esa perfecta maquinaria que es la fantástica “The Factory Man” donde lleva al grupo en un pulso irresistible y el percusivo estilo de mamá Zappa parece tocarles con su inspiración a lo largo del entramado. El hombre currando, la mecanización, la falta de aire y las respiraciones agobiantes ofrecen un corte original y con trempera.  “Ben Oni” apunta hacia un festivo jazz rock sacado un poco de la línea del disco anterior.  Pero en “The Second Step” se apunta al futuro estilo de la banda hacia el perfume clásico modernista que, en los siguientes discos, se va a desbordar por completo y desde luego los refinados acentos se aprecian ya en “In the Same Class” con un bonito vibráfono y algo Pat  Metheny si quieres en el trasfondo estilístico y acústico. Luego viene “Gheel” con sus líneas orientales y su exotismo que compite con la fusión jazz-rock.

 Variedad absoluta en esta parte del disco y ganas absolutas de investigación, de romper moldes y de mezclar músicas, está claro que no quieren que te aburras y en ese sentido su música va escalando en complejidad, arreglos y calidad, a un paso bastante rápido porque ya estamos casi enfrente de las construcciones arquitectónicas imposibles y fantasiosas del siguiente álbum.
Alberto Torró

Sea Reflections / Eight Moments Of Eternity 





Notasi te gusta el artículo compártelo (Facebook, Twitter, g+, etc) pulsando en
                                                                                      
que está al final del artículo, de esta forma contribuirás a la continuidad del blog. Gracias

Comentarios