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PROGRESIVO DEL SIGLO XXI - 22: El Santuario de Robert Reed

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 Ya hablé en diferentes ocasiones y artículos sobre este músico británico nacido en Gales y de sus diferentes proyectos que van desde sus bandas progresivas como Cyan o Magenta hasta sus incursiones en cine y publicidad, así como sus numerosas colaboraciones con otras gentes en líneas musicales un tanto dispares. El señor Reed es un multistrumentista y compositor inquieto. Un verdadero amante de su oficio. Prácticamente de los que ya apenas quedan en el mundo de la música. Creo recordar ya hará unos 8 años que me enzarcé en una discusión con algún fan acérrimo del señor Mike Oldfield todo por cargarme el “Return To Ommadawn” y decir simplemente que los “Sanctuary” del señor Reed eran superiores a la falta de ganas compositivas del famoso compositor de Reading. Ni que decir tiene que la cosa acabó bastante tensa y no hay nada peor que llevarle la corriente a un fan iluminado de cualquier cosa porque al final todo acaba en el insulto personal y en perder los papeles.  Hoy ya no ...

ISILDURS BANE - Eight Moments Of Eternity (1987)

Ocho momentos de eternidad es incluso más corto que el anterior. Tan solo 35 mtos de música instrumental que borra el regusto frívolo del Sea reflections y es definitivamente el álbum que va a marcar el futuro estilo de la banda. No tuvo buenas críticas. Porque en realidad ningún disco prog de esa década de los ochenta la tuvo, pero conseguimos algo más importante, el amante prog y el músico que había sobrevivido a la “caza de brujas” de los cerebros de plástico de la crítica y de las compañías del insensible negocio discográfico, lograríamos el concepto de “música de culto” y aunque no me gusta el término de “club selecto” por la gilipollez  y vanidad que implica, fue la única manera de que este estilo de música no desapareciera del todo de la faz de la tierra y pudiese soportar el puente haca la siguiente década, mucho más receptiva e inteligente que la anterior en cuanto a música se refiere. La línea de Isildurs sigue aquí en el lenguaje del jazz, pero ya incluyen una amplia sección de música de cámara que enriquecen a los instrumentos habituales de una banda de rock. 

Los ocho momentos es un trabajo superior en términos generales y bastante más melódico y progresivo que el anterior. No hay tanta “juerga” y sí mejores temas. La simple y clara melodía de “Lady en Green” ofrece el sonido limpio de apertura. El nuevo bajista Fredik Janacek en este disco es fundamental, así como en esa perfecta maquinaria que es la fantástica “The Factory Man” donde lleva al grupo en un pulso irresistible y el percusivo estilo de mamá Zappa parece tocarles con su inspiración a lo largo del entramado. El hombre currando, la mecanización, la falta de aire y las respiraciones agobiantes ofrecen un corte original y con trempera.  “Ben Oni” apunta hacia un festivo jazz rock sacado un poco de la línea del disco anterior.  Pero en “The Second Step” se apunta al futuro estilo de la banda hacia el perfume clásico modernista que, en los siguientes discos, se va a desbordar por completo y desde luego los refinados acentos se aprecian ya en “In the Same Class” con un bonito vibráfono y algo Pat  Metheny si quieres en el trasfondo estilístico y acústico. Luego viene “Gheel” con sus líneas orientales y su exotismo que compite con la fusión jazz-rock.

 Variedad absoluta en esta parte del disco y ganas absolutas de investigación, de romper moldes y de mezclar músicas, está claro que no quieren que te aburras y en ese sentido su música va escalando en complejidad, arreglos y calidad, a un paso bastante rápido porque ya estamos casi enfrente de las construcciones arquitectónicas imposibles y fantasiosas del siguiente álbum.
Alberto Torró

Sea Reflections / Eight Moments Of Eternity 





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