Aunque la historia de Comedy of Errors comenzó alrededor de 1985, la banda estuvo marcada por numerosos giros y vueltas hasta que, finalmente, en 2011, pudieron empezar a publicar sus álbumes. House Of The Mind es su cuarto álbum de estudio (sin contar la recopilación de demos lanzada en 1988). Es una lástima que tardaran tanto en lanzar su discografía, ya que cada uno de sus álbumes tiene un sonido muy interesante. House Of The Mind comienza con "Tachyon ", un tema que arranca de forma lenta y melódica, pero que rápidamente gana intensidad, acelerando el ritmo hasta que entran las voces, que aportan un sonido más rockero, por así decirlo. El trabajo de guitarra es excelente, creando una atmósfera envolvente que marca brillantemente el inicio del álbum. El tema que da título al álbum, "House of the Mind ", es ambicioso. Desde el principio, la música rebosa de sonidos e ideas complejas. La banda demuestra inventiva, alternando entre líneas atmosféricas y momentos ...
Tras el excelente Cordon Bleu, los tiempos que corren en 1977, se van a notar considerablemente en este su cuarto álbum en estudio. Los vericuetos instrumentales que los habían definido (a su manera) se convierten ahora en elegantes canciones de fusión prog ya encaminadas a la estandarización y a no complicar mucho el oído. Un poco como les pasó a los Chicago del volumen VII, que es un disco agradable, con alta calidad musical, pero destinado a oídos fáciles. Parecen ahora los Spyro Gyra y su jazz de lux o incluso los Shakatak y sumando a los italianos Nova que resuenan por ahí y también quieren acercarse algo a los Return To Forever más asequibles y comerciales.
Conforme escuchas pareces adivinar cada paso de la composición en un armazón completamente previsible y mucho más evidente para los que han oído el suficiente jazz-rock con todos sus trucos rítmicos y cortes inconfundibles. Ojo está muy bien hecho, con una corrección propia de músicos muy profesionales que lo son sin duda. Pero olvídate de sorpresas y emociones imprevistas que es lo que separa la música rutinaria de la chispa inesperada que acapara la atención. Es un disco de “fondo” que rellena el espacio sonoro de una habitación, el pasillo, la cocina o los ratos épicos sentado en el trono del WC. Tras los dos primeros cortes que suenan a club de alterne caro, “Sonic Sea” es un bonito paseo floyd-canterburiano-camelero agitado como un cocktail forzado, con Rhodes, string ensemble y sinte bondadoso que tiende a la caricia con alguna rúbrica del saxo. Siete minutillos para fumarte un cigarro sentado y mirando a la ventana.
“Free Inside” se inicia con relax, pero pronto vuelven a motivos funk-fusión totalmente previsibles, aunque por fin el groove del hammond tiene brevemente algo que decirnos y le da cierto carácter y empujón a la pieza que finalmente repite el esquema funk por muchos compases y nosotros mientras esperando algo que no llega. Acordes a la Richard Wright inician la bonita “French melody” con su perfume sinfónico en forma de balada instrumental de cuando Focus se ponían reposados y solemnes. Sencillo y efectivo. “Empty Faces” termina en una canción de rock melódico que apunta entre unos Electric Light Orchestra o unos los Genesis insulsos de los 80. Agradable y de agitar pañuelito y mechero en alto, pero con lagrimitas de cocodrilo. Disco pasable. Alberto Torró
Temas
A1 Give Some More
A2 Carousel
A3 Sonic Sea
B1 Free Inside
B2 French Melodie
B3 Empty Faces
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