Fue una fatalidad que " The Red Planet " apareciera en el fatídico 2020. Un año nada propicio para iniciar proyectos. Y un álbum que como era de esperar, pasó bastante inadvertido. Aún a pesar de contener logros evidentes. Una vuelta al prog por todo lo alto, que ya comenzara con aquel excelente "Out There" (2004), también de temática conceptual sci-fi. De aquel "The Red Planet" permanecen en The English Rock Ensemble el bajista extraordinario, Lee Pomeroy (Anderson/Rabin/Wakeman). Y el guitarrista Dave Colquhoun. Ahora con Adam Falkner en la batería y la vocalista (importante detalle éste), Mollie Marriott. Toda la música es obra del jefe, que está espléndido a lo largo del disco, sin perder forma a pesar de su edad. "The Jezero Crater" (6'56) inicia pompa típica wakemaníaca, en un tema dividido en cuatro partes. El factor grupo, como en el álbum anterior, está muy definido. Rick es el líder, pero deja hacer a una banda sólida y de bombá...
Tras el excelente Cordon Bleu, los tiempos que corren en 1977, se van a notar considerablemente en este su cuarto álbum en estudio. Los vericuetos instrumentales que los habían definido (a su manera) se convierten ahora en elegantes canciones de fusión prog ya encaminadas a la estandarización y a no complicar mucho el oído. Un poco como les pasó a los Chicago del volumen VII, que es un disco agradable, con alta calidad musical, pero destinado a oídos fáciles. Parecen ahora los Spyro Gyra y su jazz de lux o incluso los Shakatak y sumando a los italianos Nova que resuenan por ahí y también quieren acercarse algo a los Return To Forever más asequibles y comerciales.
Conforme escuchas pareces adivinar cada paso de la composición en un armazón completamente previsible y mucho más evidente para los que han oído el suficiente jazz-rock con todos sus trucos rítmicos y cortes inconfundibles. Ojo está muy bien hecho, con una corrección propia de músicos muy profesionales que lo son sin duda. Pero olvídate de sorpresas y emociones imprevistas que es lo que separa la música rutinaria de la chispa inesperada que acapara la atención. Es un disco de “fondo” que rellena el espacio sonoro de una habitación, el pasillo, la cocina o los ratos épicos sentado en el trono del WC. Tras los dos primeros cortes que suenan a club de alterne caro, “Sonic Sea” es un bonito paseo floyd-canterburiano-camelero agitado como un cocktail forzado, con Rhodes, string ensemble y sinte bondadoso que tiende a la caricia con alguna rúbrica del saxo. Siete minutillos para fumarte un cigarro sentado y mirando a la ventana.
“Free Inside” se inicia con relax, pero pronto vuelven a motivos funk-fusión totalmente previsibles, aunque por fin el groove del hammond tiene brevemente algo que decirnos y le da cierto carácter y empujón a la pieza que finalmente repite el esquema funk por muchos compases y nosotros mientras esperando algo que no llega. Acordes a la Richard Wright inician la bonita “French melody” con su perfume sinfónico en forma de balada instrumental de cuando Focus se ponían reposados y solemnes. Sencillo y efectivo. “Empty Faces” termina en una canción de rock melódico que apunta entre unos Electric Light Orchestra o unos los Genesis insulsos de los 80. Agradable y de agitar pañuelito y mechero en alto, pero con lagrimitas de cocodrilo. Disco pasable. Alberto Torró
Temas
A1 Give Some More
A2 Carousel
A3 Sonic Sea
B1 Free Inside
B2 French Melodie
B3 Empty Faces
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