La deconstrucción del pulso: una fenomenología del sonido percusivo. La historia de la batería suele escribirse a partir de la evolución del ritmo. Desde el swing hasta el bebop, desde el rock al jazz fusión, la mayoría de las escuelas han entendido el instrumento como un sistema destinado a organizar el tiempo. Incluso las propuestas más radicales del free jazz norteamericano conservaban, de una u otra forma, la noción de impulso rítmico como elemento vertebrador del discurso. Paul Lovens alteró profundamente ese paradigma. Su aportación no consistió en ampliar el vocabulario técnico del instrumento ni en desarrollar nuevos rudimentos. La verdadera revolución que introdujo fue mucho más profunda: cuestionó la propia necesidad de que la batería organizara el tiempo. En su universo sonoro, el instrumento deja de ser un regulador métrico para convertirse en una fuente inagotable de acontecimientos acústicos. Nacido el 11 de junio de 1949, en Aquisgrán (Alemania Occident...
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MANNA/MIRAGE: Blue Dogs (2015) (Canterbury Ways)
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Ya os hable de los Muffins en su momento y de su canterburiano primer álbum y también de su creciente evolución hacia la vanguardia del Rock In Oposition. Esta nueva entrega despista porque han cambiado su nombre de grupo por el título de su primer trabajo de 1978. Esta revitalización de tres de sus miembros originales con Dave Newhouse como líder a las teclas nos retrotrae en parte al estilo más “accesible” de sus inicios y también a un acercamiento hacia un jazz llamémosle más “convencional” tipo Nucleus o los últimos Soft Machine.
Desde la primera pieza “Canterbury bells” intentan declarar abiertamente el sabor original (sin conseguirlo del todo). No obstante ahora ya son puro jazz y no complican tanto la mente del oyente. Siguen esos vientos característicos de los cuales beben también y mucho, de los Mothers originales. La música suena como más urbana y frívola, más americana si me lo permiten sus señorías, pero sin las ensoñaciones de psicodelia-fusion-jazz british de aquel Manna/Mirage original y más como continuadores del legacy soft machinero. No tienen nada de estándar no os confundáis por mis palabras pero también tiene algo que no contiene aquella magia. La edad…? Y su asentamiento formalista…? puede ser. Hay partes que intentan pellizcarnos del recuerdo como el órgano-piano de “Blind Eye” y una escandalosa y áspera guitarra fuera de tono (totalmente adrede claro) en aras del free.
Los temas se suceden como una escueta orquesta de cámara o grupo de pub snob. Hay partes más atractivas y otras más anodinas de típico álbum de ambiente jazz nocturno. Gustará a quien no pida milagros sonoros pero tampoco convencerá al que busque chica o emoción. La frialdad es más que aparente. Un álbum corto, bien tocado y realizado aunque musicalmente deja cierta sensación de abulia. Por cierto el cover art tiene el mismo mal gusto estético que la mayoría de las portadas zapperas.
Alberto Torró
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