En éstas últimas ediciones de bateristas en la sombra, hemos hecho un pequeño recorrido por las mujeres más simbólicas del Groove contemporáneo, y hoy, completamos en pequeño círculo con otra baterista que a pesar de ser la esposa de Carlos Santana y de poseer un palmarés dotado de reputación, no se escabulle del acecho de la sombra. En próximas entregas, iremos abordando a otros bateristas mucho menos populares que permanecen tanto en activo como fuera circuito, y que han dejado un legado imprescindible para el buen gusto y el criterio. No vamos a descubrir pólvoras humedecidas al hablar de Cindy Blackman Santana, de una baterista virtuosa cuyo arte abarca los ámbitos del Jazz y el Rock en calidad de líder de banda y como músico. Cindy es otra innovadora sonora que persiste en empujar los límites creativos y la exploración del movimiento y el cambio. Es conocida tanto por los matices y colores que aporta en sus notas y por los rellenos elegantes y concisos, y la potencia de su in...
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MANNA/MIRAGE: Blue Dogs (2015) (Canterbury Ways)
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Ya os hable de los Muffins en su momento y de su canterburiano primer álbum y también de su creciente evolución hacia la vanguardia del Rock In Oposition. Esta nueva entrega despista porque han cambiado su nombre de grupo por el título de su primer trabajo de 1978. Esta revitalización de tres de sus miembros originales con Dave Newhouse como líder a las teclas nos retrotrae en parte al estilo más “accesible” de sus inicios y también a un acercamiento hacia un jazz llamémosle más “convencional” tipo Nucleus o los últimos Soft Machine.
Desde la primera pieza “Canterbury bells” intentan declarar abiertamente el sabor original (sin conseguirlo del todo). No obstante ahora ya son puro jazz y no complican tanto la mente del oyente. Siguen esos vientos característicos de los cuales beben también y mucho, de los Mothers originales. La música suena como más urbana y frívola, más americana si me lo permiten sus señorías, pero sin las ensoñaciones de psicodelia-fusion-jazz british de aquel Manna/Mirage original y más como continuadores del legacy soft machinero. No tienen nada de estándar no os confundáis por mis palabras pero también tiene algo que no contiene aquella magia. La edad…? Y su asentamiento formalista…? puede ser. Hay partes que intentan pellizcarnos del recuerdo como el órgano-piano de “Blind Eye” y una escandalosa y áspera guitarra fuera de tono (totalmente adrede claro) en aras del free.
Los temas se suceden como una escueta orquesta de cámara o grupo de pub snob. Hay partes más atractivas y otras más anodinas de típico álbum de ambiente jazz nocturno. Gustará a quien no pida milagros sonoros pero tampoco convencerá al que busque chica o emoción. La frialdad es más que aparente. Un álbum corto, bien tocado y realizado aunque musicalmente deja cierta sensación de abulia. Por cierto el cover art tiene el mismo mal gusto estético que la mayoría de las portadas zapperas.
Alberto Torró
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