CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: It Bites FD- Live From The Black Country 2023
Puede que el caso de los It Bites grupo originario de Cumbria al norte de Inglaterra surgido a mediados de los “incomparables años 80´s” no sea el ejemplo más paradigmático de esa etiqueta “neo prog”. Más bien se les veía como unos prog boys que ocultaban sus gustos por precaución disfrazados y maqueados a semblanza de los tiempos del fashion plastic modern o como quieras llamarlo. Aunque se les suele asociar con toda la peña del movimiento desde Marillion a Pendragon e IQ pasando por Pallas o Twelfth Night, no necesariamente se “alineaban” con ese revival y lo cierto es que musicalmente los parámetros y forma compositiva del señor Dunnery y cia no eran tan descaradamente deudores de los acordes armonías y tempos de los Genesis, Yes, Camel y Pink Floyds de turno que tanto nos recuerdan los representantes del género de la segunda generación.
A decir verdad, antes de escucharlos su estética visual solo me decía que se trataba de otra banda de art pop rock con ramalazo de la tecno new wave típica de la época. Las pintas siempre confundían en ese momento. Las portadas de discos eran amaneradas hasta el sarpullido estético algo que al que buscaba discos con cierta “profundidad” y calidad musical echaba para atrás. Pero claro en aquella época las hadas, castillos y duendes o portadas abarrocadas no vendían una mierda.
La primera vez que escuché a los It Bites que sería a finales 80 y principio de los 90´s me dijeron algo ligeramente diferente y sí, efectivamente me parecieron más bien una sofisticada banda de pop rock con algo de new wave pero con unos arreglos y precisión realmente inteligentes y también con una pegada comercial indiscutible sin ninguna duda. Ahora bien, allí había una calidad compositiva muy por encima de los productos de la época. Esto es muy difícil de hacer. Transitar la cuerda funambulista entre calidad y atractivo de ventas sin caerte y además conseguir un respeto de la gente “con oído musical” no fue ni es tarea fácil en absoluto. Los dos primeros discos de la banda, no tanto el tercero, tienen un irresistible tirón y una calidad melódica a la par que asequible que los hace interesantes incluso al oído inteligente-exigente. Los de mi generación recordaran que encontrar en aquella época algo que no fuese un sonido de “plástico” oxigenado pegadizo monótono y bailable era una misión complicada y ya si se hablaba del nuevo “open prog rock” la mezcla indigerible ya en ciernes, empezaba a “invitar” a hijos e hijas bastardos a unirse a la fiesta para remodelar-modernizar el asunto. Todo pasó a etiquetarse de manera ocurrente con otros estilos y empezó a ser la forma mucho antes incluso de que el sindicato del metal oscuro se apropiase y desvirtuase casi por completo el término. No es algo nuevo. Pasamos del chico-chica guay colorido superficial de los 80´s al malo peligroso con trastornos de conducta psicópata del siglo XXI. La estética del terror. Encantador.
Antes los músicos progresivos y sus pintas, no todos, quizás pecaban de “líricos angelicales hippis” o de “etéreos juglares transcendentales moñas”. Hoy los ves a todos musculados, vestidos de negro con barbas pelos y tatuajes excesivos entre oscuros escombros distópicos y caóticos recién salidos del gimnasio del valhalla y con pintas de darte una hostia por mirarlos a la cara. Da cosa y grima. Mundos antagonistas. El gusto actual sin duda.
Por ello, la desconexión por lo actual a la que hemos llegado algunas personas no ha sido por quedarnos anticuados u obsoletos con lo “nuevo” y por lógica muchos lo verán así, sino más bien por constatar la acrítica degradación colectiva hacia el cero absoluto orwelliano generalizada. Eso produce una soledad psicológica y un sentimiento de aislamiento tremendo por ser conscientes de la inutilidad de hablar o expresar ideas ante un mundo incapaz ya de comprender nada. Cuando llevas siete décadas vividas y comprobado el descenso social hacia el desastre y el abismo la sensación del presente es extraña. Has visto como la música se ha trasformado en algo que yo me atrevería a decir que incluso no tiene ya nada que ver con la propia música. Es algo entre curioso y devastador.
Francis Dunnery dejó su banda en los 90 e inició una serie de discos en solitario que no sabría clasificarlos o definirlos. Solo recuerdo que no me gustaron. A principios de 2006, los It Bites se reformaron con John Mitchel y los miembros restantes con un par de discos de estudio más que respetables y algunos lives que recuperaban los viejos hits de manera convincente y agradable. Por su parte el señor Dunnery ya con más años encima y menos pinta ochentera se juntaba en garitos con amigos y conocidos músicos como por ejemplo Steve Hackett y seguía tocando los viejos temas.
En 2023 apareció este doble CD/DVD con unos It Bites completamente rehabilitados en la figura de Dunnery como único miembro original pero rodeado de elementos como Luke Machin (The Tangent- Cyan) y el teclista Peter Jones (Camel entre otros) Pues tenemos probablemente el típico disco de nostalgia de tiempos pasados más algún material propio reciente donde repasa los temas más emblemáticos se puede decir de aquellos entusiastas y alegres It Bites de los inicios y evidentemente al rodearse de una gente competente nada podía salir mal y esta grabación es sumamente entretenida con el plus de la experiencia adquirida por la edad. Ahí tenemos los mejores temas como Yellow Christian, Underneath Your Pillow, Old Man and The Angel o la suite Once Around The World entre otros buenos momentos y piezas encantadoras.
No todos los 80´s fueron terriblemente malos como tampoco los 70´s fueron absolutamente fantásticos. En absoluto. En realidad, esta constante aparece en cada década. La mala música ha estado siempre presente desde el inicio de los tiempos y hay cosas terribles en todas las épocas. La diferencia es que antaño la música se hacía o bien en altos círculos sociales o reducida en el ámbito cultural popular. Nunca fue mayoritaria. Con la llegada del fonógrafo y el rápido desarrollo tecnológico hoy llega todo al instante y atendiendo al logaritmo que nos dice que cantidad y calidad son inversamente proporcionales, lo malo y vulgar gana siempre por goleada. Si a ello sumas que lo malo y lo atroz es sinónimo de negocio, todo se responde por sí mismo. También a veces sin embargo en toda escombrera aparece misteriosamente alguna flor o planta atractiva. Si algunos seguimos en esto es precisamente por intentar regar esa planta con mejor aspecto y mejor olor.
Algunas bandas adolescentes de los 80´s como It Bites supieron madurar, crecer y terminar en leyenda, referencia o culto. Con el paso de los años nos damos cuenta de que aquella música estaba muy bien hecha. Fue el reflejo de unos tiempos sin duda, pero afortunadamente no el peor de ellos. Música alegre y adictiva a años luz de la tenebrosa papilla indigesta actual, esa que te lleva directamente a la colonoscopia por gastritis funcional y al bífidus activo para no tener que defecar pesadillas y heces retenidas.
Alberto Torró
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