BATERISTAS EN LA SOMBRA XLIV: NIGEL GLOCKLER
Su nombre no da pie a pensar en que éste músico británico que permanece en activo como fiel sajón en defensa de la causa del Rock de entraña jovial, sea un baterista acechado por la sombra. Pero detrás de la figura de Nigel, a quien tuve el placer de conocer personalmente en el año 2011, por la mera casualidad que en ocasiones nos concede el tránsito por la vida, a través de vías estrechas o anchos latifundios. Lo que puedo certificar, es que detrás del nombre de Nigel Glockler existe un universo personal tan extrovertido como introspectivo, que durante largas décadas ha dado vueltas a la faz de la tierra depositando la mayor parte de su energía mecánica en formar parte de conjuros de pleitesía al atronador Heavy Metal practicado por Saxon, e inclusive por haber militado en los GTR más embaucadores hasta llegar a desembocar en las variantes más notables del Neo Prog de vanguardia, como es el caso de la banda Six By Six.
Nacido el veinticuatro de enero de 1953 en Hove, East Sussex, inició su singladura profesional en la banda británica Krakatoa. Poco después, trabajó como músico de sesión para la vocalista Toyah Willcox hasta que en la recta final del año 1981, es reclutado por la banda Saxon para reemplazar al baterista original Pete Gill. Su primera aparición oficial con ésta banda fue en el aclamado álbum en vivo The Eagle Has Landed.
En el año 1987 desierta temporalmente de Saxon para unirse a GTR, y posteriormente se reincorpora a Saxon en 1988, aunque debido a problemas de salud, tras la culminación de la destacada gira del aclamado disco: Solid ball Of Rock en 1992, se ve obligado a colgar las baquetas durante un largo proceso de tiempo hasta que retoma su carrera de forma definitiva en 2005 hasta la actualidad.
Probablemente alguien recuerde el fatídico e inoportuno día del mes de Diciembre del año 2014, cuando Glockler sufrió un aneurisma cerebral. A pesar de la gravedad del diagnóstico inicial, el baterista inglés se sometió a una segunda intervención quirúrgica experimentando una evolución mucho más favorable. Pero antes de éste incidente y como he comentado al inicio de éste nuevo capítulo de titanes del Groove, tuve la ocasión de conocer a Glockler y al vocalista Bife Byford quizá en el lugar menos insospechado, pero la vida no dicta meras casualidades manipuladas por la inercia. A pesar de haber presenciado a Nigel Glockler en numerosas ocasiones con Saxon y otros proyectos durante los ochenta y primeros noventa, una calurosa mañana invernal en el avanzado mes de Diciembre en la localidad levantina de Denia, mientras esperaba para acceder al Ferry Federico García Lorca de la entidad Balearia, que conecta Alicante con Palma de Mallorca, aunque me lo hubiese jurado una aliada al soplapollesco tarot de la videncia como Esperanza Gracia, no hubiera dado crédito de que a aquel mismo Ferry se sumarían dos pasajeros especiales hasta Ibiza estos dos bolingas de auténtico órdago a la chica, de noble casta y de comedida desfachatez como emblema de alianza a ignorar el qué dirán.
Pero lo cierto es que tras haber embarcado en este juguete marítimo que recorre aguas mediterráneas a una velocidad de sesenta y cinco nudos, y tras acomodarme en la cafetería del mismo observando cómo Denia se convertía en una simple calcomanía de miniatura en el horizonte, me percate que en un rincón de aquella coqueta cafetería, poblada de personajes de diversas apariencias esculpidas en vidas cotidianas, probablemente argumentaras en un juego llamado vida, se hallaban Bife Buford y Nigel Glockler, quienes por dudas razonables, destacaban sobre el resto de pasajeros y tripulantes, no solo por llevar consigo entre su ligero equipaje una descomunal trufa a las 17:14 horas de la tarde, sino por las compañeras de aventura desventurada que ambos músicos adoptaron por sombra, y porque los dos pueden ser reconocidos a cientos de nudos de distancia por el entrañable Ernesto Muñiz, conocido por la venta de cupones de la suerte que reparte un bombo mal engrasado llamado ONCE. Así que me acerqué a la mesa en la que estos cuatro jinetes del desparramelipsis se encontraban ingiriendo Cardhu (con hielo para más cojones), y guiado por el caradurismo de mi consigo mismo, me planté en aquella mesa con un sonado: ¡Hi Guys! Y obteniendo por respuesta un: Yeahhh ¿How are you? A lo que les dije que me llamasen Jesús del Mediterráneo Nazaret, o simplemente Luis, Sierran del barrio de Salamanca de Madrid. Y en tono de mera ceremonia de genuino cachondeo Byff respondió: ‘’Usas nombres muy raros, pero eres un cachondo. Siéntate aquí con nosotros, viajas a Ibiza?’’ Y de esta manera empezó un trayecto de dos horas comprendidas entre Denia e Ibiza, en el que entre vasos de Cardhu, pude conversar de forma extendida y natural con ambos personajes.
Los dos mostraban un carácter costumbrista tan extrovertido como dinámico en el que la naturalidad, la sencillez y la transparencia cimentaron una confianza especial que hace de encuentro un relato, que por momentos me conducía a percibir la sensación de estar ante dos personas de índole bizarra, a quienes sientes conocer de toda una vida. Por lógica y afinidad pasional en cuanto a la compatibilidad de conversación se refiere, me impliqué más en dialogar con Nigel, dejando a Biff en su afamado mundo de conquistador de tetudas medievales. Aquellas dos mocetonas sombra que acompañaban a parte de arteria central de Saxon, tenían un buen par de aqueles para que ‘’Byford-Fiesta’’ el conquistador, las pudiera embalsar con sus movimientos capilares, su indumentaria de indomable rockero vagando por el milenio de la mazmorra, y su verborrea sincopada debido a que el Cardhu de un Ferry resulta más explosivo que el de su propio origen.
Nigel (que también demostraba tener un buen saque), cuya actitud pausada me sugirió abordar otros temas de conversación al margen del abismo de Saxon, GTR o las dominas de Toyah, como por ejemplo el misterio que siempre ha envuelto la respuesta en ataque de la firma de baterías Premier, los mil mundos de Ash Ra Temple, el lado más vertical del teclista Tony Banks… O esa ‘’ZONA’’, auto denominada por él mismo, en que se ha zambullido durante toda su trayectoria profesional antes de saltar a un escenario, e incluso de enfrentarse a una grabación de estudio. También charlamos de ese respeto que durante largas décadas ha campado a sus anchas entre los músicos británicos, independientemente a los estilos practicados tanto por veteranos como por otros emergentes. Y es que desde los años cincuenta hasta la actualidad, nunca resultado extraño para el foráneo ver en un determinado local de ocio alternar bajo el amparo del buen rollo a músicos Mods con rebeldes rockeros de consentida causa, hasta punkys con representantes de la innovación, o el Jazz con otros pop stars sumisos de la ambición sujeta a la homicida fama. La camaradería siempre ha sido el nexo común en la escena británica, mostrándose independiente y ajena a estilos y etiquetas. Un Roger Daltrey podía compartir charla y cervezas con un Syd Vicious, o Kith Emerson también podía hacer lo propio con Bob Geldof. Nadie cuestionaba el trabajo, el estilo y las metas de cada músico profesional veterano o en desarrollo, inclusive los amateurs y aficionados tenían la misma caída en este circuito en el que la noche y sus ingredientes mágicos, auspiciaron en un determinado lugar a sacerdotes y practicantes de una ciencia cuasi iniciática. Algo que nunca hemos percibido en nuestra ibériay sus países colindantes.
Aquella tarde de travesía marítima, Glocker me contó que ser veterinario fue vocación frustrada, que es fiel amante de la Fórmula 1 y en especial de Michael Schumacher, así como también de la escena musical progresiva británica entre la que destacó a Genesis, Gentle Gigant o Yes entre otros. A su vez, confesó ser un defensor nato de las grandes producciones musicales en inversión económica, tiempo y calidad. Nigel también recordó con cierta sarna, algunos imprevistos que se pueden sufrir sobre un escenario, desde un incendio a tocar en el Long Beach con la pierna izquierda escayolada, como resultado de un accidente ocurrido en el mismo show.
A pesar de los años de trayectoria sin persuadir el reconocimiento que siempre le ha dado la espalda, Glocker siempre destacó por ser un digno representante del subgénero más prodigioso del Rock Progresivo, y de lograr expandir conceptos de la batería del Heavy Metal hacia otras fronteras más arriesgadas, sin contar con el aval del perfeccionismo y la disciplina técnica.
Nigel Glockler es transparencia orgánica, conmoción en la fuerza y gentileza británica dentro y fuera del cuarto arte.
De lo que no cabe la menor duda, es de que en los trayectos más cortos realizados en los medios de transporte más peculiares, los viajes se convierten en uno de placeres más enriquecedores que a modo de regalo, y en determinadas ocasiones nos ofrece la vida.
¡Cheers to Nigel! A solid man Of Rock.
Luis Arnaldo Álvarez (Baterista y Locutor profesional independiente
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