CRONICAS DE LA RESISTENCIA: Porcupine Tree: Closure+Continuation Live 2022
El adolescente Steven Wilson de los comienzos allá por mediados los 80´s fue muy probablemente un inquieto hijo del punk alternativo que combinaba una extraña mezcla del art pop, el ambient y la electrónica grabando maquetas en cintas de cassette como hicimos muchos al comienzo de tocar música. No voy a contar la ya conocida biografía de este británico, aunque alguien cercano a mi lo conoció personalmente en sus comienzos de juventud encerrado horas y horas en un sótano al más puro estilo nerd o emo gamer investigando-mezclando con todo lo que caía en sus manos con bebida isotónica y escasa iluminación. Seguramente un “outsider” solitario rarito en toda regla.
Hijo de los tiempos visionarios que se avecinaban con una mente avispada que intuía o adelantaba acontecimientos. También es cierto que gracias a él algunas grabaciones polvorientas de los clásicos del género se han visto revitalizadas y expandidas. Caramelo irresistible para coleccionistas y amantes del género que lo quieren absolutamente todo de sus santificadas figuras. Gracias a este señor han salido grabaciones remasters lives y rarezas de los grandes progresivos que de otra forma se habrían quedado en cajones olvidados. Hay que agradecérselo sin duda.
Wilson no es un tipo que venga del progresivo precisamente. Es de tiempos más advenedizos, pero hay que valorar que en principio debió ser un personaje inquieto y curioso hacia todo tipo de vanguardia, tendencia y desarrollo musical sin caer nunca en lo previsiblemente vendible o comercial. Eso vendría después de hacerse mundialmente famoso. Tampoco tiene un gusto definido por ningún estilo en particular. Le da igual. Esto nos lleva a comprobar que los que tenemos gustos y tendencias muy marcadas hacia un tipo de música determinada, no nos podemos fiar de él en absoluto. Es un personaje impredecible que juega con muchas cartas a la vez. Una especie de “frio empresario” calculador que puede cambiar de la noche a la mañana sin inmutarse.
Wilson absorbía con facilidad todo tipo de sonido encerrado en su laboratorio en una línea muy próxima a juzgar por sus primeros trabajos entre la neo psicodelia, el tecno, el rock alternativo y el dub electrónico con pinceladas que podían ir desde los primeros Floyd hasta a algún marciano teutón de la escuela de Berlín.
Yo no soy de “desmenuzar” etiquetas y sub-definiciones dentro de la música en general. Es algo esquizofrénico y mareante. De forma que cuando entro en alguna página de descargas o blogs algunas ya extintas y veo cientos de nombres de géneros musicales me entra mala gana y total desinterés. Muchas veces la misma porquería con múltiples definiciones estilísticas que no sé qué sentido tienen salvo complicar la vida tanto al neófito como al “experto”.
Prefiero reagrupar la música en bloques más generalizados y concretos que irme por las ramas definiendo músicas con “ocurrencias” o sub productos de lo mismo. Es como ver cincuenta pizzas distintas en la misma carta de restaurante y al final me saben todas igual como ocurre con las marcas de tabaco hoy día. En general nos están vendiendo lo mismo repetido en diferentes embalajes. Los expertos en marketing y en economía de mercado saben perfectamente cómo vender el fraude en eso tan ocurrente y moderno llamado hoy “tecno feudalismo”. Engañar se ha convertido el algo muy fácil que genera enormes ganancias. En las últimas cinco décadas no existe nada nuevo ni original. Ni en música ni en arte en general.
Quizás exagere si digo que tanto Porcupine Tree como la carrera en solitario de este hábil “empresario” es un producto mano-facturado al que le reconozco cierto ingenio vendiendo una creación perfectamente calculada para el oyente más snob o pseudo-cultural con aspiraciones a “cierta calidad intelectualoide”. El problema reside en que esto no es real. Es una ilusión inteligentemente pensada. Tan precisa como un novedoso producto engañoso farmacológico de moderno laboratorio próximo al placebo o a la homeopatía. El caso es que “hace creer” que funciona a la mente humana que es fácilmente manipulable.
Wilson tiene tantos seguidores como detractores. Tiene cosas buenas indudablemente pero también un negocio calculado al milímetro. Insisto en lo que dije al principio: los viejos progresivos le agradecemos que tecnológicamente haya remasterizado y sacado brillo a viejos dinosaurios de nuestras colecciones. Un trabajo encomiable. Pero siempre he tenido una duda: ¿Qué música le gusta realmente a este señor?... o dicho de otra manera: ¿algo realmente le emociona?
Ahí está la pregunta incómoda. Lo que escuchamos es una pose o algo realmente excepcional en ocasiones. ¿Estaban locos Dalí, Picasso, Pollock, Warhol etc etc o simplemente eran unos jetas? El eterno dilema de los genios o pseudo-genios. Dejémoslo.
A decir verdad y al margen de polémicas me gustan bastante los discos puercoespines de 1992 a 2000. Esa mezcla elegante de psicodelia-electrónica ensoñadora a lo Floyd con ramalazos berlinescos de sutiles y agradables melodías semi pop elegante que viene muy bien para escuchar sin prejuicios y hacerte el interesante. Reconozco también que tengo más problemas de “In Absentia” en adelante por la incorporación de ese tecno- metal devastador desalmado que está perfectamente pensado para los compradores seguidores de bandas estéticamente afines al metal progresivo o incluso al metal extremo. Con bandas como Opeth me ocurre exactamente lo mismo por muy buenos que sean, qué lo son. No soy partidario de la música esquizofrénica de contrastes o de ese King Crimson caótico industrial de finales de los 90´s padre putativo de muchas de estas tendencias muy probablemente. Que me metan un suave rasgueo acústico con una aparentemente tierna voz melódica y al segundo un agresivo trallazo guitarrero bipolar completamente atronador me pone de los nervios.
A lo que vamos:
La edición de “Closure/Continuation” de 2022 trajo de nuevo a la banda a la vida y efectivamente siguieron en esa línea de música radical “sin alma” casi perfecta en sonido y ejecución que es como enamorarte de un precioso robot japonés, coreano o chino femenino perfectamente realista y blandito al tacto. El gusto por lo irreal. La audición es como tomarte un tramadol para el dolor articular acompañado de una infusión de plantas relajantes o un ansiolítico de última generación para buscar “ese vacío con ausencia de sufrimiento físico y mental” Algo parecido igual o similar que ver por youtube un impecable video realista ultra detallista creado por inteligencia artificial.
La única música que se puede o podrá escuchar en el presente futuro llamada icónicamente “decente” solo va a ser una simulación. Eso me ha ocurrido con este doble en directo grabado en Amsterdam de 2023 calificado en Prog Archives con cinco estrellas. Impecable. Perfecto. Cuando algo no se puede criticar porque está muy bien hecho y con músicos de un nivel como el polirítmico baterista Gavin Harrison o los teclados inmaculados de Richard Barbieri… ¿qué vas a decir? Un mundo aséptico de sensaciones prefabricadas. Tan perfecto como irreal.
Es el futuro… que ya nos advirtió Aldous Huxley en un “Mundo Feliz”
Alberto Torró
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