Józef Skrzek – Around The World In Eighty Moogs (2018 / Viator)
Desde los primeros 70, revolucionando con sus teclados el rock progresivo polaco, bien con Czeslaw Niemen, bien con el trío SBB ("Search, Break-Up & Build" en inglés). Un músico completo, de influencia Mahavishnu en el portentoso trío, pero con perspectiva de Polonia. Esto es, otra cosa.
Siempre a la sorpresa, con una imparable energía, realmente abrumadora. Cerca de una treintena de discos en solitario. El primero de 1979, "Pamietnik Karoliny". Todos interesantes. En este más reciente de 2018, no baja la guardia. Dos únicos temas de media hora. Álbum grabado en vivo, ojo.
"South to North" (26'00) exhibe sonoridad analógica en estado de combustión nada espontánea. Su estilo al Moog tiene parecidos en sus arranques solistas con Manfred Mann's Earth Band. Gusta también de elegidos "fat sounds", llenos de calidez y fuerza emocional.
El piano usa guía minimal, no alejada de Roedelius o Vangelis. Cánticos misteriosos de origen étnico se confunden en la jungla electrónica de ordenado discurso melódico. Veterano explorador de sonidos poco habituales, su conversación al pentagrama fluye con total sapiencia alquímica. Sabe manejar todos los mandos de su nave, y son muchos.
Por el minuto 10" torna en sinfonía coral de otros mundos. Con una orquesta sinfónica se convertiría en una odisea wagneriana. Por lo que conlleva ecos schulzianos de su etapa dorada. Sin embargo, Skrzek es más ágil como solista. No tan perezoso como el teutón (bendita "pereza"!). Y lo demuestra por el minuto 13", en un arranque de cabreo cyber. Pronto va a mutar a la reflexión, a la sobriedad melódica vangelisiana. Todos los nombres que se citan son como guía comparativa. Jozef Skrzek está a la altura de todos ellos sin rechistar. Un genio no tan conocido como se debiera, por su origen polaco.
Su serpenteo de Moogs en un crescendo magistral puede levantar de la tumba a un faraón egipcio. Para volver a dormirlo plácida y eternamente en una mecida de suavidad y ternura anímica sobrecogedora. Un placer de dioses. Casi como una nana, cierra la pieza magistralmente.
"East to West" (33'29) va a ser la otra mitad del álbum. Que sin pausa, encadena otra aventura kosmische de primera magnitud. No exenta de sinfonismo colosal en alguno de sus próximos pasajes. Dramatismo que desgarra como una historia de amor de imposible felicidad (alguna la tiene?). El estilo de Skrzek brilla en todo su esplendor y magnificencia Moog.
La parte de órgano sacro conecta directamente con "Irrlicht", el debut de Klaus Schulze de inolvidable recuerdo. Pero aquí se busca el masaje cardíaco antes que la experimentación. El polaco domina todas las artes y secretos, creando momentos bellísimos.
Casi recomendaría tomarlo a pequeños sorbos, no apto para seres impresionables. Puede ser un peligro anímico para el alma.
Música en estado puro, sin contemplaciones ni falsos giros estilísticos que confundan. Que es como se deben hacer las cosas. Con un par, y el corazón en la mano.
J. J. IGLESIAS
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