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Tatsu Akiba – Akiba Tatsu (2026 / AT)

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 Que los japoneses lo copian todo es un tópico que en música,  ya no funciona. Hoy tenemos grupos que hacen Canterbury (y muy bien, y con Richard Sinclair!), hasta en Galicia. Amoeba Split es un orgullo.  Pero sí que en Japón saben clonar estilos como nadie. Recuérdese por ejemplo, el caso de Ain Soph , Asturias o más recientes, De Lorians. Akiba Tatsu o "Tatsu Akiba", como titula su tercer disco, que tanto da, también se dedica en cuerpo y alma a la suprema religión de Canterbury. Secta peligrosa  para los sentimientos, si se es lo suficientemente sensible para saber de qué va esa vaina. Que hay mucho mastuerzo suelto. Y aquí, un poquico sabemos de qué va. El tipo se encarga de prácticamente todo, (guitarras, teclados, bajo, voz, contrabajo, violín o percusiones). Aunque lleva invitados al saxo, flauta, sintetizadores o varios excelentes baterías. Que solo no está el hombre. Hay amigos que entienden su enfermedad. Yo también. Me hago cargo. Capta y transmite la sen...

EL HOMBRE ASTRAL - Tierra (2009, Musea)

El Hombre Astral no nació cual proyecto de un día, por lo que Involución estaba pidiendo el relevo a un nuevo lanzamiento en el que se confirmase la determinación cargada de coraje y valor de un proyecto poco usual. César Díez y sus compañeros han alcanzado a su debut y, gracias a Tierra, lo adelantan para seguir camino. La visión de un rock no tan frecuente como debiese en nuestro país.



Originales pero directos, sin marear florituras que lleven a laberintos que podrían agotar al oyente, El Hombre Astral incluye en su estrenado disco compacto nueve canciones cuyas influencias pueden ir de canadienses como The Smalls a un art rock totalmente deudor de las instrumentaciones progresivas. Si a esto le sumamos unos textos estupendamente amasados, espacios en los que enmarcar la evolución espiritual y el supuesto estirón intelectual de nuestra extraña sociedad, nos encontramos entonces ante una grabación poco oída en las promesas por batirse el cobre frente a la industria musical. 

La acidez de esa “Bienvenida” que describe la realidad del músico que cada noche se lo juega todo sobre la tarima que le ofrece el bar, el pub o la sala de marras, consigue alcanzar a la presa –en este caso tu curiosidad– para introducirla en unas reglas muy particulares que se desglosan gracias a “Suerte”, “Grúas” o “Reina De La Casa”, ese cachetazo a la caja tonta –de sublimes arreglos instrumentales–.



Un álbum como pocos, lugar en el que ese raciocinio de Díez hace del grueso un ejemplo de vanguardia entendida cual manera de dar colores a un rock que en los últimos años se le ha notado a la cuarta pregunta, sobre todo haciendo caso a tanta propuesta insustancial que tiene pagada de antemano una campaña de promoción mastodóntica. El Hombre Astral es otra cosa, y por eso debieron durar en nuestro panorama sonoro.

por Sergio Guillén

https://sguillenbarrantes.wordpress.com


 
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