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BATERISTAS EN LA SOMBRA Cap. 50: Jordi Colomer, el pulso elegante de Iceberg y uno de los grandes bateristas olvidados del rock progresivo español.

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 La historia del rock progresivo español no puede comprenderse plenamente sin detenerse en la figura de Jordi Colomer. Aunque su nombre nunca alcanzó la popularidad de otros músicos de su generación, su trabajo con Iceberg constituye una de las aportaciones más refinadas y musicales de la batería progresiva española de los años setenta. Jordi Colomer nació en 1949, en Tarragona, y falleció el 10 de abril de 2025, a los 75 años, en su ciudad natal, tras una larga enfermedad crónica. Su desaparición supuso la pérdida de uno de los bateristas más elegantes, musicales y técnicamente sólidos que ha dado el rock español. Los comienzos Antes de incorporarse a Iceberg, Jordi Colomer ya era un músico profesional. Formó parte de grupos como The Riders y posteriormente trabajó como batería de la banda de acompañamiento de Luis Aguilé, experiencia que le proporcionó una gran disciplina profesional y una extraordinaria capacidad para adaptarse a diferentes estilos. Más tarde coincidió con Max S...

EL HOMBRE ASTRAL - Tierra (2009, Musea)

El Hombre Astral no nació cual proyecto de un día, por lo que Involución estaba pidiendo el relevo a un nuevo lanzamiento en el que se confirmase la determinación cargada de coraje y valor de un proyecto poco usual. César Díez y sus compañeros han alcanzado a su debut y, gracias a Tierra, lo adelantan para seguir camino. La visión de un rock no tan frecuente como debiese en nuestro país.



Originales pero directos, sin marear florituras que lleven a laberintos que podrían agotar al oyente, El Hombre Astral incluye en su estrenado disco compacto nueve canciones cuyas influencias pueden ir de canadienses como The Smalls a un art rock totalmente deudor de las instrumentaciones progresivas. Si a esto le sumamos unos textos estupendamente amasados, espacios en los que enmarcar la evolución espiritual y el supuesto estirón intelectual de nuestra extraña sociedad, nos encontramos entonces ante una grabación poco oída en las promesas por batirse el cobre frente a la industria musical. 

La acidez de esa “Bienvenida” que describe la realidad del músico que cada noche se lo juega todo sobre la tarima que le ofrece el bar, el pub o la sala de marras, consigue alcanzar a la presa –en este caso tu curiosidad– para introducirla en unas reglas muy particulares que se desglosan gracias a “Suerte”, “Grúas” o “Reina De La Casa”, ese cachetazo a la caja tonta –de sublimes arreglos instrumentales–.



Un álbum como pocos, lugar en el que ese raciocinio de Díez hace del grueso un ejemplo de vanguardia entendida cual manera de dar colores a un rock que en los últimos años se le ha notado a la cuarta pregunta, sobre todo haciendo caso a tanta propuesta insustancial que tiene pagada de antemano una campaña de promoción mastodóntica. El Hombre Astral es otra cosa, y por eso debieron durar en nuestro panorama sonoro.

por Sergio Guillén

https://sguillenbarrantes.wordpress.com


 
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