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Bill Wyman's Rhythm Kings – Live (2005)

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  Hace ya mucho tiempo, Keith Richards declaró: "Nadie deja esta banda a menos que sea en un ataúd". En 1993 abandonó el grupo la persona que había sido su bajista durante 30 años, Bill Wyman. El ex Rolling Stones alegó que quería desarrollar nuevos proyectos y que estaba cansado de hacer siempre lo mismo. Lo cierto es que su relación con Mick y Keith no era buena y que no se sentía lo suficientemente valorado en la banda. Durante los dos años posteriores a su salida de los Rolling Stones, Bill a penas tocó el bajo. Se volvió a casar y se centro en su cadena de restaurantes Sticky Fingers. A finales de 1995 comienza a ensayar con el guitarrista Terry Taylor con la intención de formar un nuevo proyecto. Contactan con diversos músicos teniendo como resultado "Struttin' Our Stuff" (1997), con la participación de Eric Clapton, Albert Lee y Peter Frampton, entre otros relevantes músicos.  Al año siguiente publican " Anyway The Wind Blows" y realizan una gir...

Uzva - Uoma (2006)

 Hace unos días tuve el capricho de volver a ver aquella película de 2015 sobre el mundo de las escuelas de jazz estadounidenses llamada “Whiplash” y que si alguno de vosotros aficionados a la música de cierto nivel, por un casual no ha visto, recomiendo encarecidamente su visionado y sobre todo por si queréis pasar un mal rato. No porque la película sea mala, al contrario, está perfectamente realizada, sino por su contenido psicológico y violencia que de alguna forma te hará odiar la música casi definitivamente. 



La mayoría de las veces vemos el resultado de la excelencia cuando escuchamos músicas extraordinarias perfectamente ejecutadas, lo que no sabemos y eso solo el músico puede experimentarlo es la pesadilla y el infierno que hay detrás. Maravillosos directores de música, maestros y genios encumbrados los tenemos en todos los estilos “nobles” del arte del sonido. Lo que la mayoría pasamos por alto es el infierno interior que subyace en el mundo del arte y no solo en la música. 

Desde que nacemos nos empujan a competir en prácticamente todo y a aprender a aplastar la cabeza del vecino. A veces pienso que la persona mentalmente más equilibrada es aquella que no hace absolutamente nada y después descansa. Este pensamiento toda mi vida ha sido recurrente y me ocurre siempre que escucho músicas perfectamente realizadas, libros excelsos y profundos, películas magníficas, cuadros maravillosos y arquitecturas asombrosas y luego me doy cuenta que detrás de eso hay una terrible patología humana que se llama perfeccionismo.

Al escuchar a esta banda finlandesa de jazz y clásica de cámara casi al mismo tiempo me ha recorrido un escalofrío porque he intentado encontrar algún error o fallo interpretativo y no lo he encontrado o mi torpeza lo ha pasado por alto. Uzva son instrumentales. Con tres discos magníficos Trece músicos que casi suenan perfectamente como una big band cruzado con una orquesta de cámara. Todo está en su sitio. Todo es limpio e inmaculado. Casi perfectos o directamente perfectos. La escucha es un placer lógicamente pero no sé porque narices me ha sonado como una implacable disciplina inmune al fallo. Por eso me he acordado del miserable profesor de música Fleicher de la película antes mencionada o incluso podría ser cualquier otro músico famoso a los que adoráis con veneración. Sin duda todo es producto de mi imaginación o no, y veo siempre a una implacable figura dominante controlando el cotarro.

 Esta misma sensación la tengo con los encumbrados y odiosos líderes de grupos de rock, con los directores de orquesta, compositores, directores de cine o incluso con las bandas japonesas de prog instrumental que las imagino castigándose con una terrible disciplina zen al igual que aquel profesor de gramática del colegio de curas que te daba una hostia si te dejabas una coma o levantabas la cabeza en la hora de estudio en perfecto silencio. Personas que hayan pasado por un conservatorio o por complejas carreras académicas comprenderán lo que quiero decir.



 El aprendizaje es un camino costoso y duro no hay duda y la música es una de las disciplinas más exigentes que existen si lógicamente lo que queremos es un resultado final óptimo. Pero al final yo siempre me hago la misma reflexión…”es necesario hacer tanto el gilipollas y mortificarse para disfrutar de la vida y del tiempo de ocio?”. Incluso estar varios días en silencio sin escuchar músicas y sin hacer absolutamente nada es una terapia recomendable os lo aseguro. Bromas y sarcasmo aparte esta banda finlandesa es estupenda y lo hacen maravillosamente.

Alberto Torró


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