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BATERISTAS EN LA SOMBRA XXXV: Antolín Olea Barriga

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 El ilustre músico vallisoletano acumula más de treinta años de experiencia como baterista. Antolín fue aducido en la fase media y la recta final de la década de los ochenta por el elenco de sucedáneos del Air Metal, lo que supuso para el castellano leonés una inyección de adrenalina cautivadora que a modo de impulso, le conduce pocos años más tarde a Madrid para formarse en la disciplina de la batería y la percusión con Pedro López, un baterista que deambulaba por la escena del Jazz de la capital durante los años setenta, hasta llegar a desembocar en otros horizontes sonoros más vanguardistas y arriesgados con los que Pedro López, llegó paulatinamente a ir esfumándose de la escena profesional.  A lo largo de la trayectoria de Antolín como profesional, su férrea apuesta por especializarse en la defensa y la práctica de un género concreto le han convertido en un músico versátil cuyas devociones se engloban en el Jazz clásico y contemporáneo, el Rock expansivo y ¿Cómo no?. ese r...

MacArthur – MacArthur (1973)

 Otra de las bandas injustamente enterradas en el olvido, sin apenas información sobre ella, es desconocida para la mayoría de público rockero. De origen Norteamericano con solo 2 Lp's pero de categoría superior, pasarían sin pena ni gloria por los circuitos comerciales masivos. Realizaron un progresivo inusual en las costumbres del nuevo continente, con un trasfondo muy europeo en las estructuras compositivas, confunde y sorprende la procedencia del otro lado del charco.



El derroche de calidad y creatividad es total, el potencial enorme y el virtuosismo patente, sin embargo no hubo continuidad. Su sonido se sostiene sobre una importante base de teclados, mayoritariamente sintetizadores moog y minimoog,  última tecnología del momento, que nos retrotraen a la memoria irremediablemente los muros de sonidos uniformes y punzantes que solían aplicar EL&P en sus años dorados. Composiciones técnicas arropadas por unas guitarras arpegiadas a ritmo muy atractivo, dan una nota más humana a los temas. La guitarra solista hace acto de presencia en ese escenario poseída por el espíritu de JACK ACKERMAN, sobre todo en aquellos pasajes en que la velocidad de los dedos sobre el mástil es imposible de seguir, dando lugar a una fusión de notas enmarañadas e indivisibles formando cabriolas, rizos y rimbombancias adictivas.

Melodías que aunque en una primera impresión no lo parece son de esqueleto sencillo, pero a la vez elegantes, carente de elementos superfluos y directas, donde la dualidad guitarra - teclados es absoluta dueña de la situación.

La voz, por debajo de lo que debería representar, no está a la altura de las circunstancias, sin mostrar expresividad, falta de fuerza, no consigue alcanzar la garra necesaria. El parecido con el cantante de NEUSCHWANSTEIN es muy cercano, una entonación rígida que no consigue meterse al oyente en el bolsillo. Es cierto que el sonido del grupo también coincide en ciertos aspectos con el de MACARTHUR.



Se observan pasajes que coinciden bastante con secuencias realizadas por la banda canadiense RUSH , y eso ocurre en aquellos escenarios en los que las guitarras toman un cariz más duro y pesado. Incluso las coincidencias llegan a ser increíbles donde uno de los tracks suena de tal forma que el ritmo te atrapa y por un instante piensas que estás  ante una versión modificada de "la villa Strangiato" del magnífico álbum "Hemispheres".

De obligada escucha, el buen fan del progresivo no queda insatisfecho.

Juan Carlos Rustarazo



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