Los holandeses Focus o mejor dicho la banda de Thijs Van Leer no pudo hacer la gira de su 50 aniversario por culpa del covid y como les pasó a muchos otros fueron meses de paralización total de actividad. Aparentemente siguen en activo ya que el 2024 apareció el Focus 12 aunque no encuentro información de si siguen tocando en directo. El caso es que siguiendo esta línea de “testamentos musicales” o últimos coletazos de actividad neuronal de progresivos veteranos (o no prog si se da el caso) que niegan jubilarse. He de admitir qué, de algunos músicos de tiempos pretéritos, aquellos en que se hacía música de verdad, lo llevan mejor que otros. El señor Van Leer es uno de ellos porque aún mantiene sus capacidades. En otras circunstancias los más sensatos y dignos lo dejan para evitar dar una imagen patética, pero otros intentan revivir o mantener la gloria de lo que fueron sin capacidades ya para hacerlo ya sea pérdida de voz, artrosis en los dedos o lentitud de reacción y el resultado pre...
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THE TANGENT - The World That We Drive Through (2004)
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Hay tanta música concentrada en este disco y tanta complejidad de composición, que no puedo evitar una vez bien asimilado, una predilección especial por él. Reconozco que la primera escucha me produjo un barullo mental algo parecido al que me producen los Transatlantic y sus castigos sonoros de sus últimos trabajos que resultan tan agotadores como pasar una pista americana militar en pleno mes de agosto. Porque considero que una composición debe estar equilibrada y bien construida, pienso que este segundo trabajo de The Tangent lo ha conseguido con creces respecto a la anterior entrega.
Sigue el mismo equipo anterior pero con la sustitución de David Jackson por Theo Travis. Un tipo competente y muy solicitado y respetado en las altas esferas progresivas actuales. El cambio en los vientos va a acentuar más la parte canterburiana de la banda. Una parte, porque la banda de Tillison utiliza todos los caminos, variantes y estilos del genero progresivo clásico de los 70´s y además se jactan de ello. “No vamos a sonar a nadie en particular pero queremos recoger el espíritu imaginativo de toda aquella maravillosa música”. ¡Y vaya si lo consiguen! Tangent prescinden no obstante de todas las temáticas fantasiosas o mitológicas afines al rock sinfónico, para basar sus textos en temas más sociales y políticos. Más realistas y con clara sensibilidad de denuncia del mundo horroroso y estúpido en el que nos vemos metidos. Pero vayamos por partes porque este álbum merece la pena ser desmenuzado.
“El mundo que atravesamos…”(no sé si es muy correcta una traducción libre) consta de cinco largas piezas elaboradas al milímetro y sin ningún momento en que digamos que baja la calidad y el atractivo de las composiciones.
Ya desde la primera “The Winning Game” se nos disparan las antenas para decir “hostias…esto es cojonudo”. La variedad sonora es impresionante y las referencias estilísticas incontables. Imposible aburrirte en una música activa y casi cinematográfica de cambios constantes, riqueza rítmica y constantes intervenciones solistas que irrumpen gozosas y creyendo en lo que hacen: guitarra, teclados, vientos y complejas armazones instrumentales solo hacen que abrirnos boca para la siguiente “Skipping The Distance” yéndonos a las caravaneras tierras de Kent y dejándonos la melodía en la cabeza y los pies inquietos.
Preciosa y completamente nostálgica de un tiempo pasado, la flauta nos transporta y el tren rítmico nos alegra con unos solos de sinte, un órgano tremendo, piano jazzístico, y el cabroncete del Roine Stolt demostrando lo bueno que es. Energía y pasajes extraordinarios. Pieza currada hasta lo indecible. Estupendo trabajo vocal femenino. Música feliz en estado de gracia.
“Photosynthesis” es la tercera pieza que nos relaja en su evocador ambiente jazzy inicial de ritmo y tempo lento y arrastrado que se anima por momentos. Vuelve la flauta de Travis a recordarnos al bueno de Jimmy Hastings. Sam Baine nos da un buen recital pianístico. La melodía vuelve a ser encantadora y las partes centrales te llevan a sitios diferentes.
La siguiente pieza del título del disco pone el listón en lo más alto del trabajo. Casi trece minutos inenarrables y épicos que llegan a emocionar. Sinfónico de primera con un riff melódico que por momentos del tema (casi Camel del mejor) te levanta literalmente del asiento en una sensación de alegría y emoción que pocas músicas actuales consiguen. Pero los cambios y vericuetos de la música no paran en imbricados pasajes de lo mejor que puedas escuchar. Las melodías se superponen y la vanidad que todo progresivo llevamos dentro se reafirma sin posibilidad de vergüenza. Con dos cojones.
Finaliza esta joya de disco con una suite de 18 mtos llamada “A Gap In The Night” con sus nueve secciones en una música más introvertida y misteriosa que nos lleva por infinidad de caminos y pasajes musicales y ahora la sombra de Crimson y Vander Graaf y hasta Floyd están más presentes para equilibrar la euforia anterior de música exultante y alegre. Stolt casi suena a Allan Holdsworth por momentos hasta caer en abismos descriptivos y algunas asperezas que se recuperan con partes acústicas y la cálida y británica voz de Guy Manning con perfumes Tull que atraviesan brevemente el ambiente. La pieza cobra energía y se desvanece hacia partes sinuosas en alternancias constantes y momentos más hard rock a veces y más bluesy otras. Es una pieza compleja con variados ingredientes. Disco fundamental y respetuoso con la música que como dijimos la semana pasada nunca debió morir.
Alberto Torró
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