La música siempre ha servido a grandes rasgos generalmente para dos cosas y es importante captar la sutil diferencia en ambas. Por una parte, está principalmente “para llenar el tiempo” y por la otra “para usar ese tiempo” porque se supone que todos entendemos lo que es decorativo visual y aquello que abriendo sus puertas nos ofrece un mundo dentro de sí mismo. Por lo general toda la música y el arte en concreto ha ido perdiendo ese “mundo interior” para cambiarlo por ese objeto funcional “que está ahí” pero no tiene ninguna función aparte de llenar un espacio vacío. Al igual ocurre con la música actual que solo tiene el propósito de romper el silencio y molestar lo más posible para evitar toda respiración y calma. Porque un mundo sin ansiedad ni estrés no es bueno para ningún negocio. A poco que uno use la “atalaya” que llevamos encima de los hombros se habrá dado cuenta que todo está pensado y orientado para “no pensar” “no sentir” y por supuesto no “cuestionar” porq...
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KINGDOM - Kingdom 1.970 (Colaboración Christian Jiménez)
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¿Podremos contabilizar alguna vez a todas las bandas que llenaron los '70 de buena música?...imposible. Por mucho que alguien lo intente, siempre aparece en el sitio más inesperado un álbum que desconocía realizado por un grupo del que nunca había oído hablar.
Siempre que se nombran los '70 nos vienen a la cabeza los nombres de Deep Purple, Black Sabbath, Jethro Tull, YES, Led Zeppelin, QUEEN...pero detrás de esos dinosaurios inalcanzables había también un numerosísimo grupo de formaciones dispuestas a contribuir en aquella prolífica década. KINGDOM es una de ellas, sin duda.
Un grupo de "rock" tradicional con un sonido que aúna influencias, llevando trazos de los ecos sureños que había dejado The Allman Brothers Band y mucho "blues" bastante reconocible en la sentimental "If I Never was to See her Again", y un progresivo o psicodélico más propio de cualquier grupo de Gran Bretaña, a cargo del uso del órgano de Jim Potkey que se expresa juguetón en "Prelude" y espléndido en "Seven Fathoms Deep".
El sonido fuerte y distorsionado de la guitarra de John Toyne también está muy presente, dándole energía y versatilidad a este producto, expresándose con maestría en una clásica "Everybody's had The Blues" y en una de mis preferidas: "Back to the Farm", pieza que parece una combinación de FACES, The Guess Who y Steppenwolf.
Y luego aparece "Morning Swallow", de casi ocho minutos de duración que tiene un bello lado progresivo y melódico que hace que te acuerdes del "Stand Up" de Tull.
Blind Faith y, sobre todo, Iron Butterfly también pueden encontrarse un poco entre el extenso muestrario de sonidos que inunda este LP facturado por unos músicos que con mucho sentimiento crearon esta obra que no creo que se merezca quedar bajo el polvo imperecedero del olvido.
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