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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Green Desert Tree - Fighthing Dragons (2026)

 En una época como la que vivimos donde todo el mundo es experto en algo, uno se siente realmente empequeñecido. Entrar en YouTube y en menor medida en Facebook o Instagram y comprobar que la sabiduría y el control influencer con altísima experiencia en cualquier tema de ayer, hoy o mañana lo abarca todo, superando incluso a los grandes pensadores del pasado lo deja a uno realmente asombrado y sumido en un terrible complejo de inferioridad, humildad y vergüenza.



 El mundo ha llegado a la sabiduría suprema. Lloro de emoción porque finalmente lo hemos conseguido. De la nada a la absoluta miseria en cero-coma ha sido siempre el objetivo y lo hemos cumplido con creces. Por ello imploro a voces, que algún prócer licenciado en sapiencia infinita de las redes sociales, especialmente de TikTok o “X” me ilumine definitivamente y me enseñe el camino correcto que me saque de mi absoluta ignorancia. Mi agradecimiento porque han encontrado la luz y por fin, el día que desaparezcamos (a no tardar) será un alivio para los animalicos y otras especies del planeta y la naturaleza que nos soportan.

Los que quedamos en la resistencia nos pasa como el título del disco que encabeza esta entrada. Luchando contra dragones, aunque ya naturalmente solo en el aspecto alegórico del asunto. Ya no precede ninguna temeridad al respecto.

Para mayor alegría y según el reciente informe Pisa, los españoles hemos conseguido por fin estar a la cola de Europa en educación escolar y universitaria. Un trabajo impecable de años en intentar hacer en la docencia todo lo peor posible en aras de la idiotez absoluta. Un estudiante medio en mi país es incapaz de leer cuatrocientos caracteres en un folio. Mi enhorabuena. Decirles que lean un libro es un chiste y que escuchen música ya ni te cuento.

En otro sentido y creo que lo he dicho en alguna otra ocasión y lo reafirmo: lo más revolucionario y raro que puedes hacer hoy es llegar a ser absolutamente normal y aburrido y desde luego quedarte en casa. Si sales que sea de incognito a comprar el pan y poco más. Buenos días y adiós. Efectivamente ser superficial, estrafalario, llamativo, molesto, broncas y visualmente estridente hoy es lo normal. Lo raro es lo contrario: callado, educado, discreto, tranquilo y visualmente neutro.

Con la música y el arte ocurre lo mismo: el equilibrio, el gusto, el trabajo inteligente y la lucidez son bienes escasos y tremendamente raros de encontrar. Después de décadas de escuchar música al final el rio se va secando y casi todos acabamos resaltando o rebuscando “lo menos malo”. Esto no tiene que ser o interpretarse como algo patético en absoluto. Patético sería que no hubiese música y sí que la hay. Poca de calidad a decir verdad, pero la hay aunque mi sentencia sea que tienen los días contados.  Lo que nos queda entonces es una actitud realista y pragmática de adaptación para proteger ese pequeño riachuelo que sin duda acabará secándose, pero como la mayoría ya no estaremos y a los que queden eso les importará tres cojones, alabado sea todo.

Encontrar interesantes propuestas musicales que no sean previsibles y que no produzcan dolor físico y mental es cada vez más difícil. Tampoco pedimos ya que sea original y fantástico, pero al menos que mantengan cierto nivel de dignidad y sea mínimamente entretenido con el menor sufrimiento posible.

Los berlineses progresivos Green Desert Tree son un quinteto poco conocido y ya no son unos críos por las fotos, tan solo tienen un par de trabajos editados. Los etiquetan como neo progresivo pero lo cierto es que su estilo se bifurca con ingredientes algo más complejos con sorprendentes cambios de texturas y contrastes de planos a veces chocantes pero que trabajan en unos arreglos en absoluto aburridos. Pueden ser vertiginosos y rápidos o melódicos en imprevisibles instantes y con una técnica bastante más alta que la media con una arquitectura sonora elaborada. Además, el trabajo vocal está sumamente cuidado evitando las vulgaridades o mediocridades que terminan arruinando a la mayoría de las bandas modernas. 

Son unos tipos competentes que dominan y controlan muy bien sus instrumentos dosificando el torrente sonoro qué, en otras manos, resultaría ensordecedor o un ejercicio completamente estéril de técnica, auto-indulgencia y frialdad. No es el caso. La potencia está perfectamente dosificada y controlada y saben jugar con los silencios y la respiración tan ausente en la mayoría del prog moderno y a decir verdad en este caso me ha sorprendido porque sin ser algo estelar consigue quitarme la espera de lo previsible o el típico producto de metal moderno usurpador del estilo original que en lo que a mí respecta no me produce el más mínimo interés.

Después de una obertura relativamente impactante que no está nada mal, sorprenden con temas con cierta originalidad y fuera de las tendencias agotadoras al uso. “The Storyteller” por ejemplo logra encajar una estructura qué, aunque con su potente guitarra solista, no tiene un encaje temporal con el presente. Hay melodía, cortes, cambios estructurales que al menos no resultan aburridos. Lo mismo diría de “Talk to me” donde afortunadamente siguen la onda ya prácticamente descontextualizada de utilizar arreglos y orquestaciones tanto en voces como en instrumentación que pertenecen a otras épocas cuando había cierta inteligencia en la composición y cierto trabajo de “encaje” a la hora de perfilar una canción o tema. 

Digo esto porque la tendencia actual a que la música “no diga absolutamente nada” está tan extendida que parece que ha aglutinado un consenso generalizado. No voy a ser yo el que lleve la contraria y si a la mayoría del prog moderno le gusta que la música no diga nada pues adelante. Más datos para el informe Pisa. Todo está acorde con los tiempos que vivimos y nada puede sorprendernos.



La homónima de los “Dragones Luchadores” sigue en esa línea retro tan querida por los que estamos en la tercera edad con clavicémbalo inicial y melodías del pasado que lejos de ser un ejercicio de nostalgia, intenta decirnos qué con teclados, guitarra bajo y batería todavía pueden ponernos en la tesitura de saber conversar y mantener imágenes atractivas tanto en el oído como en la retina. La importancia de la imaginación y de activar nuestros neurotransmisores es la clave en casi todo estímulo del arte. Todo lienzo hay que rellenarlo y no sirve cualquier cosa. Por eso todo reducto de lo válido en esta vida es tan radicalmente pequeño y tan fácilmente maltratado.

Alberto Torró





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