Entrada destacada

ATMOSPHERES featuring CLIVE STEVENS & FRIENDS - Voyage to Uranus (1974 / Capitol)

Imagen
 En 1973, el saxofonista Clive Stevens reunió un dream-team sólo posible para poseedores de artes místicas propias del Dr. Strange. Era el boom del jazz rock. Y atrapar en pleno cénit de la Mahavishnu Orchestra, a su sección rítmica, fue una hazaña imposible para un mortal normal. Sí,  me estoy refiriendo a Billy Cobham y Rick Laird. Por si fuera poco, se trajo (con artes hipnóticas,  no cabe duda), a tres prodigios del mástil: John Abercrombie, Steve Khan y Ralph Towner. Bien es cierto que éste último se dedicó al teclado. Rol no tan conocido en él, pero de efectividad garantizada. Aquel homónimo álbum, como no podía ser de otro modo, resultó ser un disco apocalíptico. De hecho siempre se menciona éste,  cuando el siguiente estuvo a la altura, si no incluso fue más completo. Mantener aquella banda no podía durar mucho. Al año siguiente, sólo John Abercrombie (guitarra) y Ralph Towner (piano eléctrico,  clavinet, 12 string guitar), quedarán del anterior equipo d...

DADA - Jyo (1978/ Vanity)

 Todavía no tengo muy claro si éste dúo japonés se llamaba "Dada" o "Jyo". Ante tal artefacto desprovisto de información nos enfrentamos. De hecho, de dos libros que tengo sobre rock japonés, (uno del insoportable Julian Cope), nada aparece en ninguno de ellos. Aprovecho para decir que el del español Jaime Moreno, "Rokku - Una Historia del Rock Japonés", me parece mucho mejor que el del endiosado Cope.



Éste dúo,  al que me aventuraré a llamar Dada, estaba formado por Kenji Konishi (piano, Korg synthesizer) y Mutsuhiko Izumi (guitar, Korg synthesizer). Éste último logrará cierta repercusión en los 80 con After Dinner, Millplat y ante todo, Kennedy. Notoria formación japonesa de jazz rock prog con cierto influjo de la Mahavishnu Orchestra.

"Jyu" fue el primer trabajo de Dada, como prensaje privado de 200 copias, allá por 1978. De ahí que un original ronde ahora los 800 aurelios como si tal cosa. Pero existen reediciones, no sufras, (de Belle Antique,  sin ir más lejos). El dúo duró hasta 1982, y aseguran que llegaron a editar 11 álbumes en ése corto espacio de tiempo. Imagino que tan ilocalizables como éste. 

Qué tenemos aquí.  Pues glorioso kosmische kraut nipon,  en el mismo nivel que nombres sagrados alemanes del gremio.

"Yuuen-Inraku Gaki" (5'25) comienza con pulsación de tambor tradicional Taiko en reiteración trance, tocado por el invitado Hiroshi Natori (también añade algún synth). Mientras se produce una mística jam session que muy bien podrían ser el primer Klaus Schulze y Michael Karoli. Etérea bruma sintetizada en simbiosis eléctrica  ácida, con dramatismo de guitar-hero West Coast. Plasma el espíritu del género con toda facilidad, felicidad y fertilidad creativa. 

En "Udonbara" (10'28) capturan esencia misteriosa de sus tradicionales dibujos ancestrales, "Hungry Demon Paper Scrolls", de donde se inspiran para la música aquí contenida. Arpegiados en Trankimazin y volutas cósmicas que no ocultan su gusto por Brian Eno, al que dedican el disco. O las partes más relajadas de los primeros Ash Ra Tempel. Deliciosas líneas de acertada improvisación y tímidos roces con algún progger de la casa, dícese Neuronium o Azahar. Consiguen la bilocación del oyente viajero psíquico, a sus rarunos mundos orientales, llenos de fantasmagoría, leyendas aterradoras y ominoso romanticismo. Y ésa es la idea.

En la cara B, "Rokujinzuu" (7'56) aporta experimentación percusivo-electrónica minimalista. Que andaría pareja a experiencias de laboratorio Schnitzler / Roedelius. Sonidos con su propio hábitat. De vida propia. Inteligencia Natural que se manifiesta en fractales cuánticos random.



"Soijyo-no-chi. Mizu" (12'45) es de intro fantasmal en un polvoriento piano olvidado en un desván,  que lanza tristes  notas al espacio con la esperanza de ser escuchado por alguien. Una eternidad en su imposible viaje por el éter cósmico.  La eléctrica acompaña de igual táctica anímica con lánguido e-bow y símiles a Fripp / Eno en bajona post-Nochevieja. Delicadeza, fragilidad y ensoñación oriental. Que acoge y arropa al oyente en su imaginativo espectro sonoro de lacónica y suave  belleza. Ayuda a ello los sonidos de agua aportados como un sinte más,  por Yasuhiko Horiuchi. Ah, si la denostada new age hubiera ido por éstos derroteros........

Precioso álbum de género, que hay que escuchar con tiempo y calma.

J.J. IGLESIAS



¿Te gustó el artículo? No te pierdas de los próximos artículos 



Vuestros comentarios son nuestra energía





Comentarios