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CAN - Soon Over Babaluma (1974)

Creo recordar que éste fue el primer disco de CAN editado en prensaje español. Es posible por tanto que el primer acercamiento hacia la música de CAN en mi país fue a través de ésta referencia. En esos años el por entonces llamado “rock alemán” se abría un hueco comercial en las tiendas de discos de aquí, con una importante promoción de sellos como Brain o Bacillus entre otros, en una baraja de grupos de los más variado y peculiar: Embryo, Amön Düul, Niágara, Faust, Popol Vuh, Ash ra Tempel, Guru Guru, Neu, Tangerine Dream, Klaus Schulze y por supuesto los super comerciales Kraftwerk. Fue una campaña que renovó a los oídos tradicionales más acostumbrados al rock y al blues y también abrió la futura puerta aséptica a lo que se conoció posteriormente con términos sospechosos como techno, trance, étnico, new age  o “minimalista”. 


Ya sabéis que tarde o temprano todo lo original termina en franquicia y los hippies y los modernos acaban promocionando la coca cola, el acuarius y el feng shui para el salón, el dormitorio y el wc donde defecar en comunión con la naturaleza con sonidos de gamelán y flautas de bambú y limpiarte el culo con aloe vera. Precioso. 

CAN, fieles a su tendencia de no repetirse en ningún disco de estudio, cambian completamente de registro ahora reducidos a cuarteto. Las voces en este grupo alemán siempre han sido algo así como un instrumento más. Damo se les marchó porque vio a dios, pero la esencia instrumental del grupo siguió tan corrosiva como antaño para lo bueno pero también para lo malo. El reggae se empezaba a poner de moda y los ritmos caribeños jamaicanos también. Ese insidioso y plomizo ritmo, daba suficiente juego para que inteligentemente mezclado con otros ingredientes, le diese cierto aire de actualidad y moda.

 “Soon Over Babaluma” tiene esos ingredientes novedosos para 1974, donde la pesadez y el coñazo musical en ciernes todavía no había hecho sus estragos. Por eso se escucha como “cierta originalidad” para su época. Tengo que reconocer que la primera pieza “Dizzy Dizzy” atrapa como la luz a una polilla. El sonido en eco con el golpe de Liebezeit, el bajo tremendo de Holger y el violín de Karoli son imposibles de pasar por alto. Es un corte, vicioso, atractivo y tremendamente sensual. 

“Come sta la luna” parece una broma, entre un bolero, un tango, un chachacha, una salsa…que se yo. Es verdaderamente horroroso o como una película surrealista de David Linch o algo sacado del expresionismo alemán de Murnau o Fritz Lang. Las voces son de Karoli o Irmin y no sé si estoy escuchando una mierda o una obra maestra. Probablemente las dos cosas. 

“Splash” podría ser el desarrollo marciano-cool-jazzero de lo anterior o una rumba indigerible. Las disonancias y la cocktelera de estilos alérgicos como sacados entre un vómito de Santana o una verbena de la paloma. Entre sí dan como resultado un brebaje difícil y chocante. Recuerdo que este disco fue lo más entre los progres snobs melómanos del momento. Pocos años más tarde estos mismos cambiarían el color de pelo y en su caso la largura del mismo incluyendo imperdibles en zonas erógenas. CAN quizás sin proponérselo había fracturado la música, algunos dicen que fueron unos proto-punk sonoros. Bueno CAN fueron músicos que sabían tocar, los punk no. Lo cual resulta grotesco. Incluso se dijo de Robert Fripp que había roto toda regla musical en aras de una “progresión interesada a los nuevos tiempos” y también tuvo mucho que ver en los cambios a peor sucedidos a finales de los 70´s como tuvo que ver Peter Gabriel y sus pseudo trabajos étnicos que dejaron patidifusos a los seguidores de Genesis. Se achacan a Phil Collins las enfermedades sonoras contraídas en ese encantador grupo de rock sinfónico. Collins volvió a Génesis tonto, pero el verdadero traidor fue Peter Gabriel. Yo viví todo aquello que se ensalzó como la panacea de lo moderno y guay y asistí a mezquindades sin nombre en torno a la verdadera música. Son los pros y los contras de haber sido testigo directo de la historia.


La cara segunda de “Soon Over Babaluma” son dos piezas instrumentales con alguna vocalización enlazada “Chain Reaction” y “Quantum Physics”. La primera vez que las escuché me dejaron relativamente frío, ya que no oía el “punch” sonoro de antaño incluso se me antojaba cierta falta de “poder”. Algo había cambiado y los ritmos me parecían más inocuos, machacones, con menos garra y fuerza que antaño. Las posteriores escuchas con los años no han cambiado significativamente mi apreciación y el problema es que Liebezeit ha bajado de intensidad hacia unos ritmos étnicos con menos personalidad que antaño. La maraña instrumental está en la misma onda que Bel Air pero no llega a calar de igual manera. Se intuyen visos de “rockerización” pero el sonido es más débil y previsible. La intención del sonido vanguardista está ahí sin duda, pero no consiguen la sorpresa, la bofetada y el peligro del aburrimiento está servido. Para un post-rockero o un indie de hoy recién llegado le parecerá la madre del cordero, pero para un oído veterano y cabroncete como el mío resulta insuficiente y muy abúlico. Pero todavía son CAN y no podré decir lo mismo de aquí en adelante.
Alberto Torró










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