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SCANDINAVIAN SYMPHONIC TALES - Moon Safari (prólogo) - A Doorway To Summer

Inauguramos nueva sección y esta vez nos vamos para allá arriba. Tierras frías de escasa luz durante meses. Pueblos bárbaros de vikingos y fiordo con sus topicazos y filón literario de sagas, runas y naturalmente leyendas épicas fantásticas. 


Mi relación con la música de estas tierras fue previamente con la clásica: Sibelius y Grieg principalmente y sigo metido en ese mundo de la sinfonía, el ballet y el concierto. No es nada raro ni friki. De crío como no me gustaba el fútbol me dedicaba a escuchar los discos de mi padre y a ver películas de romanos o históricas en el cine. Mí conversión al rock fue posterior o a la par probablemente. Se dice que en los años 70´s el rock progresivo creó muchos adictos al mundo clásico sinfónico y es cierto. A mí también me ayudó y me abrió puertas. ELP ayudaron a conocer a Modest Mussorgky, a Bela Bartok. a Leos Janacek, a Aaron Copland, o a Alberto Ginastera. Renaissance hizo lo propio con influencias de Prokofiev, Rimsky Korsakov, Bach o Albinoni. Zappa lo hizo con Igor Stravinsky, Varesse o Schoenberg. The Enid lo hicieron con Elgar y Mahler y en lo que a España respecta lo hicieron los Canarios con las estaciones de Vivaldi en su Ciclos. Manuel de Falla o Joaquin Rodrigo, más apreciados en el extranjero que por nosotros, fueron lo más florido que hemos dado al mundo, pero vemos por contra que casi obviaron por completo sus mejores y menos conocidas obras. La aportación nacional a su propio legado musical es escaso y anecdótico. Algo muy propio y muy nuestro. Pero curiosamente siempre son los de fuera los que nos valoran. Por otra parte, no hay que tener miedo de los dogmas culturales. Ni de las elevadas alturas de los que creen saber y se piensan vivir en un olimpo intelectual inaccesible a los mortales. Todo es fachada pedante os lo aseguro y lo mismo pasa en el resto de las artes. La música no depende de juicios ni de verdades absolutas porque es el mayor ejercicio de libertad personal que existe. Patrimonio de la humanidad. Nada lo supera.

Yo en lo que a rock progresivo respecta suelo ser algo particular lo reconozco, pero solo para mí. No todo me vale. Sin embargo, todo el mundo tiene derecho a hacer la música como le dé la gana y como le apetezca, faltaría más. Pero también odio el perfeccionismo y la seriedad como único objetivo. Se trata de hacerlo bien y entretenido que no es lo mismo que perfecto, porque si no la música pierde vida y naturalidad. La música ante todo debe emocionar y ponernos contentos por eso no suelo deslumbrarme con fuegos artificiales ni exageradas técnicas que solo consiguen aburrir. La música no necesita anabolizantes ni enfermizos y exagerados ejercicios.  De ahí mi reticencia hacia las “franquicias”, a la velocidad metalera con el único objetivo que apabullar al oyente. Son las tendencias del momento, que todas pecan de lo mismo: escaso sentido para la melodía y para la composición imaginativa.  Eso de que está muy bien hecho, pero no me dice nada, me ocurre con cantidad de bandas actuales que suenan tan perfectas como vacías. Los hay a cientos hoy día. Pero la música es como un calambre eléctrico. Si no emociona, si no duele o alegra, excita, quema o nos estremece, no nos dice nada. Por eso no soy muy proclive a día de hoy a admitir a cualquier grupo progresivo en mi personal “biblioteca musical de Alejandría”, aquella del saber prog antiguo, de la sinfónica Hipatia de principios los 70´s y su violación y muerte por las hordas enfermizas del “cristianismo punkarra-nuevaolero” y sus san cirilos de afilada pluma de finales 70´s. La destrucción de cualquier atisbo de inteligencia, avance positivo y cultura en la historia del hombre, es una máxima que se repite en el tiempo casi siempre por culpa de las creencias o las ideologías. Dos cánceres a extirpar en una mente inteligente. Desde el despertar de segundas y terceras generaciones progresivas, muy pocos ejemplos son dignos de figurar en esa imaginaria Alejandría musical que acabo de inventarme.

En los países nórdicos hay actualmente una importante generación de músicos afincados en los terrenos del prog rock. Siempre la hubo, otra cosa es que aquí llegasen o se tuviese acceso a ello. Independientemente del estilo que practiquen, tienen una norma común: hacerlo bien e inteligentemente. Suecia por ejemplo y desde hace algunas décadas se ha convertido en sello de calidad en un porcentaje de grupos y músicos por encima de la media. Ellos llevan las riendas a la hora de que un producto pueda llegar a interesar tanto a la audiencia más veterana y más curtida como a la más joven e interesada en las lides del estilo. Hay muchos ejemplos y grupos recomendables y para mí por ejemplo los suecos Moon Safari son actualmente un claro ejemplo de ello en mezclar lo agradable con lo inteligente. 


Este joven sexteto natural de la localidad de Skelleftea inicia su actividad en 2003, es decir estamos hablando de una banda actual con un amplio despliegue instrumental: dos teclistas, dos guitarristas, batería y bajista. La característica primordial de esta banda son un extraordinario empleo de las voces, ya que todos cantan y de guitarras acústicas y finos teclados en buena parte de sus composiciones. Su estilo vocal es inconfundible y es lo que le da la personalidad al grupo. En los ambientes progresivos que vivimos hoy son un rara avis, ya que no es habitual encontrarnos con el nivel vocal tan fantástico que poseen estos tipos. Se les achacan ciertos defectos (que para mí no lo son), como el exceso de azúcar en el empleo de encantadoras melodías y pasajes propios casi de película de Walt Dysney. Son líricos hasta la extenuación, preciosistas hasta el detalle y alegres como nadie. Es música completamente luminosa, sin dobleces, pero en absoluto ñoña o cursi como afirman algunos críticos muy espabilados que piensan que su música es para pipiolos amantes de los cuentos de hadas. Naturalmente quién no asimile el lado más “cariñoso” y bonito de la música, no los va a soportar. No así los buscadores empedernidos de la belleza. Este grupo es para ellos. Así que desde aquí advierto a los amantes del ruido, la bronca, lo oscuro y lo desagradable, que se abstengan de escuchar a esta banda delicatesen porque no es para ellos y les hará vomitar. No hay problema. Bastante horroroso es el mundo en que vivimos así que bienvenido este otro mundo paralelo completamente imposible de hacerse realidad, salvo en tu imaginación y en tus sueños. Sus voces y sus pasajes instrumentales, son parafraseando a Jon Anderson: All Good People “para toda la buena gente” que muy a mi pesar, son minoría. De todos es conocido que los caminos del prog han sido prácticamente copados por bandas de metal pesado. Es un estilo evidentemente asociado al mundo y a la forma en que vivimos. Poco espacio para la calma y la fina degustación y mucho para la velocidad y la violencia. Es lo que toca. Es el siglo XXI, un siglo sin misericordia para nadie donde el atisbo de un mínimo gusto o excelencia está hasta mal visto. No soy nada optimista con respecto al futuro de la música porque todo lo delicado está condenado a su desaparición.

Estos entonces chavales, sacaron su primer CD en 2005 bajo el título de “A Doorway To Summer”, música veraniega pero no de chiringuito festivalero en la playa. Las voces pueden recordarnos a una mezcla entre CSN&Y, Beach Boys, America, Magna Carta o Yes y alguno más probablemente. Los que rugen en lugar de cantar pondrán el grito en el cielo: “vaya panda de maricones” y benditos sean, diría yo. Luego de escucharlos me encuentro con una banda que construyen perfectamente las composiciones, que se atreven con largos pasajes y que tienen un sentido para la melodía excepcional. Poseen todos los ingredientes para agradar al sinfónico en su vertiente más delicada y hermosa. Si estos discos los acompañasen de bonitas portadas ganarían muchísimo, pero no se lo han currado nada a este respecto y son bastante malas visualmente. No todo van a ser alegrías.


 Cinco largas piezas componen este caramelo: acústicas, piano soñador y angelotes cantando ya desde el principio: “Doorway” 11 mtos con mellotrones, sintes, órganos y guitarras de ensueño. ¿Qué alma cándida como yo va a resistirse…? Imposible. Sonido completamente analógico. Guitarras Latimer-Hackett-Phillips deliciosas. Hasta la ola de calor de estos días parece amortiguarse en su escucha. Bonito realmente. “Dance Across The Ocean” son los Yes que siempre deberían haber sido en su faceta más mágica y desbordante. Precioso. Hay un toque folky siempre en el trasfondo que rubrica lo dicho. “A Sun Of Your Down” es más reflexiva y calma. Todo es benigno y hermoso, no hay lugar para el mal rollo ni lo borde. Es como un mundo inocente y hasta un ligero recuerdo a los mejores Beatles vía Paul McCartney se me cruzan en la mente. Esto pide escuchas, muchas escuchas. Está tan bien hecho que parece imposible a día de hoy un grupo de estas características. “We Spin The World” dura 24 mtos del mejor rock sinfónico que puedas imaginarte con constantes cambios, a veces peculiares ciertamente y si existe un concepto de gusto exquisito, estos suecos lo tienen y van completamente sobrados. Cuando una banda disfruta con lo que hace se nota a la legua. 

Se me olvidó deciros que esta banda fue apoyada y lanzada por Tomas Bodin el teclista de otra banda sueca fantástica como The Flower Kings a quienes conocí personalmente y comí paella con ellos en un pequeño restaurante barcelonés en los tiempos del Lunar Suite. “Beyond The Door” pone el epílogo a este primer disco deslumbrante. A la semana que viene más porque ya me he alargado demasiado.
Alberto Torró






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