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WOBBLER - Hinterland (2005) Noruega

Dejamos a Suecia de momento porque hay otros vikingos progresivos que se reparten por Escandinavia tan buenos o mejores que los suecos, aunque estos lleven más fama por ser una especie de “central prog” de la zona y hayan gozado de un mayor y mejor uso del marketing discográfico.


 Recientemente me he visto las series de Netflix de Vikings y The last Kingdom, ambas recomendables para entender un poco la esencia de estos pueblos y lo que significaron para Europa en la llamada “edad oscura” entre los siglos octavo y noveno de nuestra era. La educación en mis tiempos colegiales con los curas pre-constitucionales obviaba por completo esta parte de la historia de los pueblos paganos y no aparecían en los libros de texto. En realidad en los libros de texto de mi época no aparecía nada interesante salvo la vida de algún santo o el glorioso pueblo español y su reconquista. Había que recurrir a otras fuentes si tenías curiosidad por otras cosas que no fuesen rezar o jugar al fútbol. 

Pero hablemos de los noruegos Wobbler. Si se quiere hacer un progresivo con denominación de origen habrá que recurrir a lo analógico y a lo vintage. Imaginad la música clásica hecha con un teclado Casio o el jazz con un programa de ordenador. ¿Va a ser que no verdad…?. Pues al progresivo le pasa lo mismo. Hoy día se puede hacer música con juguetitos digitales y lo puede hacer cualquiera con conocimientos escasos o nulos de música. Como diversión me vale. Como música no. El 90% de lo que oímos hoy es tan falso como cualquier otro arte o como cualquier programa de entretenimiento de la TV. La música no escapa del artificio ni de la mentira en la que vivimos. Prefiero a mi amigo José, un aragonés de 76 años cantando jotas a pelo, que cuando va borracho es maravilloso por sus tonalidades de voz imposibles, a cualquier grupo rock high tech extreme, indie o alternativo. 

Wobbler lo formaron Tony Johannessen a la voz, Morten Andreas Eriksen a las guitarras, Lars Fredik Froislie en la abundancia de teclados viejunos, Kristian Karl Hultgren al bajo y saxo y Martin Nordrum Kneppen al drums y percusión. Añadir la flauta de Ketil Vestrum Einarsen y la guitarra barroca de Ulrik Gaston Larsen entre alguna colaboración más. En definitiva una banda vintage analógica en toda regla y con toda la pureza del rock sinfónico más exigente. 

Su primer CD “Hinterland” se grabó en 2005. Si a la música de Anglagard le faltaba vida y sangre a la de Wobbler se le puede calificar de más profana, directa y entretenida. Volvemos a los mellotrones, pianos, sintes, guitarras finas y melodías hermosas de pastorales momentos desgranados pero ahora con entusiasmo y ensoñación sin centrarse en el olor a cadáver anglagariano y sí en deliciosos pasajes mucho más humanizados jugando con constantes cambios de ritmo como mismamente lo harían los Gentle Giant porque hay mucho perfume del gigante gentil aquí y un delicado Fender Rhodes sinfonizado como nunca antes. Todo suena a antaño la música era, como en los 70´s más imaginativos, con sus alternancias de prog folk, su órgano pausado, su vida orgánica propia. 



Sus lujuriosos mellotrones sinfónicos y su sintetizador carnoso y real. No parece un disco de 2005 sino grabado en 1972 o 73. Estoy hablando de la suite “Hinterland” y son 27 mtos de música descarada y auténtica. Las pausas, los silencios, los timbres matizados en altura y bajos. La música respira por fin. Nadie intenta taladrarte el tímpano como en el odioso metal. La música trascurre de forma plácida, fuerte cuando se precisa, delicada cuando lo pide guitarra clásica en mano, fantasiosa o paranoica si se requiere. La música es un relato para el oyente sin efectos gratuitos ni salidas de madre. 





“Rubato Industry” nos ofrece un King Crimson salvaje sin necesidad de explicaciones y argumentos, pero la rudeza inicial no esconde sus lirismos personales en el desarrollo del tema. Buenas voces, melodía con carácter y pasajes encantadores en esa medida rítmica que a mí personalmente me encanta en esos 3/4, 5/4 de base jazz a la canterbury y vuelta a pesadillas crimsonianas apetecibles por momentos siempre que no se pasen. 





El glamour mellotroniano nos inicia en “Clair Oscur” que parece una chopiniana pesadilla de gótico romántico a la Goblin ELP and Crimson again con resolución sinfónica bastante densa y épica oscura. Como Cd inicial del grupo lleva bastante especiado sonoro en un progresivo completamente genuino y clásico.
Alberto Torró





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