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ISILDURS BANE - Cheval: volonté de rocher (1989)

Ferdinand Cheval fue un cartero rural francés nacido en 1836 y fallecido en 1924 que dedicó 33 años de su vida a ir recogiendo piedras de diferentes tamaños por los caminos de su ruta cotidiana mientras con la paciencia y la locura de un friki auténtico, iba construyendo lo que él denominó el palacio ideal con sus propias manos. En aquellas zonas del drôme, departamento francés, lo llamaban “el tonto del pueblo”, alguien mal vestido y raro que recoge piedras.  En 1879 comenzó su laboriosa locura y durante las dos primeras décadas a partir de ese año, llegó a construir todos los muros exteriores hasta llegar a terminarlo completamente 13 años más tarde ya en los albores de la primera gran guerra mundial. André Breton el icono del surrealismo y hasta el propio Pablo Picasso se interesaron en esa extraña construcción abarrocada y fantasiosa. En 1969 el entonces ministro de cultura francés André Malraux declaró la obra de Cheval como patrimonio cultural. Todo un detalle hacia alguien que hoy día, sería considerado un outsider o artista marginal


Un tema original para dedicar un disco o eso debieron pensar los miembros de Isildurs Bane, claramente más interesados en todo lo relativo a la época modernista y al desarrollo industrial de principios del siglo XX. Una época fascinante agriada por una de las contiendas más desgarradoras y crueles que costó la vida a toda una generación de jóvenes y a muchos artistas y músicos. A mediados de los 90 yo no tenía ni idea de esta banda sueca y alguien de Madrid que por entonces regentaba la tienda Diskpol y conocía mis gustos, tuvo a bien recomendarme este CD y enviármelo por correo. La original portada era terrible. Lástima porque la construcción es sumamente atractiva y hay fotos muy hermosas. No es un tema que cuiden especialmente en este grupo, pero la música atrajo mi atención desde el primer momento. Siempre he dicho y más últimamente, qué, si el rock no hubiese cambiado la historia de la música, yo habría sido un amante irredento de aquella época mahleriana, straviskyana, debussysta o raveliana y de hecho lo soy, aunque también un hijo de mi tiempo y de mi generación. La emoción no ejerce el mismo efecto cuando escucho música de hace 100 años a cuando escucho la de mi tiempo. No hay cosa que defina mejor lo que es ser “sinfónico”.


“Le initiation” es un ejercicio pianístico-percusivo con su épica ritualística y ya el grupo ha dado un salto tremendo hacia la excelencia musical. Ya no puedes sustraerte “a la que se avecina” y a la composición musical exquisita. La sombra de Fripp en la guitarra toma un color diferente. 

La brevísima “L´objet” mima el sonido con susurros vocales en francés para meternos de lleno en ese fantástico viaje al pasado que es “L´interprete” y su música descriptiva con una instrumentación que nos aproxima a los primeros Enid y a los Kraft más sinfónico modernistas que puedas imaginar. Ya no hay peros ni dudas, es música sin tiempo, eterna y totalmente contraindicada a post progres metaleros de portales exquizofrénicos. La alegría se impregna en vena y no hay mejor definición cuando oyes música. Cuando el sonido te esboza una sonrisa y empaña tus ojos. Cuando la música es grande y llena de virtudes. Pero es música de nuestro tiempo arrancada de lo extraordinario. Me gustaría encontrar el adjetivo exacto,  pero es una complicada labor. 



“33 ans” es otra mini suite que parece recordarnos a Borodin o a Rimsky Korsakov con ese trasfondo eslavo en su melodía, preciosa, obscura pero lírica, Renaissance al fondo con su Scherehazade parece apuntar algunos trazos y colores y hasta el bueno de Latimer quiere participar en sueños. 

“Le Cicerone” parece recordarnos a la banda francesa Ange en su discurso y en épica, y aquí el lenguaje rock fusión hace un pequeño inciso llevándonos hasta tiempos más actuales.

 Le “Viellard” nos lleva a esos tiempos metheny de guitarra acoustic jazz con fílmicas instrumentaciones y susurros vocales femeninos con atemporales formas musicales que podrían inscribirse en diferentes épocas. 



Una pieza muy descriptiva. Los dos minutos de “Present” se definen en una extraña forma de vanguardia funk rock fuera de cánones o estructuras musicales habituales. 

La “8 Merveille” se despide de forma “Emerson-cinematográfica” y el final del disco nos deja un regusto a poco. Demasiado bueno y demasiado breve. ¿Acaso las obras maestras no son a veces así…? Esta lo es y ¡ay! del sinfónico que no conozca este disco de finales de los 80. Un pecado.
Alberto Torró

 



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