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jueves, 5 de mayo de 2016

Rock Progresivo en Japón: Introducción (colaboración Alberto Torró)

Un nuevo colaborador entra a formar parte de la familia de Rockliquias, Alberto Torró. Antiguo batería de Rocky Khan, el primer rocker de España en los 60. En los 70 estuvo en "Zingenmarz", formación de progresivo-sinfónico, que posteriormente evolucionaron a "Audrey" teloneando a Ibio en la gira de "Cuevas de Altamira". En los 90 fundó el fanzine prog "Lunnar Suite", del que J.J. Iglesias  fue también colaborador Actualmente autoedita sus propios trabajos y colabora con J.J. en el proyecto "De Vermis Mystezyys", editando el año pasado "Book One".


Alberto nos va a descubrir  el desconocido y fascinante mundo del progresivo japonés. En esta primera entrega nos introduce en el tema y nos prepara para que lo que esta por llegar.


INTRODUCCIÓN

Al margen de tópicos y demás historias Japón en lo que a música se refiere sigue siendo ese remoto lugar desconocido, ese paraje extraño a ojos y costumbres de occidente. Lo reconozco. Como a la mayoría que ha intentado ampliar los cauces de la música europea y americana en aras de experimentar de conocer nuevas formas y de entender la música, me ocurre que esto me costó muchísimo, con intentos fallidos, posteriores rechazos y sensación de no merecer la pena. Después de varios años de prejuicios tontos y comentarios tipo como: " ...japoneses?.. ¡debe ser un coñazo macho!"  la verdad es que conseguí adentrarme en el mundo asiático, su música, su filosofía y una pequeña parte de su vasta cultura.

Ni que decir tiene que debes obviar por completo comentarios de amigos, melómanos, musicólogos
y principalmente de críticos musicales que no te van a aportar absolutamente nada. Consecuencia: ... te quedas sólo en ese campo y ahí está la clave: nada de interferencias. Si a nadie le gusta esto es que debe de ser especialmente cojonudo. Efectivamente así fue. Con los años uno tiene que acostumbrarse a estar solo y salvo contadas excepciones y si hay verdadero interés (asunto muy raro este), a no compartir lo que te gusta con nadie. Te evitarás disgustos y discusiones te lo aseguro. Puede parecer duro pero te hace fuerte e indiferente. Dicho esto no debería seguir escribiendo pero a uno todavía le queda una labor docente y un gran corazón.

Isao Tomita

A diferencia de las músicas llegadas de otras partes del mundo, el concepto de lo que llamamos "música moderna" como equivalencia al rock, no tuvo su eco en las músicas provenientes del sol naciente. Básicamente porque aquello no llegó a nuestros oídos y porque aquella música de oriente debía de superar por norma el filtro impuesto por las compañías discográficas que lo catalogaban de pintoresco y peculiar. Jamás en los 70 y 80 yo tuve constancia de que en Tokyo Kyoto u Osaka había grupos que hacían rock progresivo. A lo máximo que alcancé fue a saber de la existencia de
un tal Isao Tomita que reproducía versiones clásicas con sintetizadores moog, o que una especie de monje zen llamado Kitaro hacía música espacial. Alguna referencia al vanguardista Stornu Yamashta y poco más.

Kitaro

Digan lo que digan Japón estaba separado culturalmente de occidente y sólo con la llegada de las compañías discográficas independientes y especializadas ya muy entrados los años 80, alguno pudo empezar a conseguir discos importados de Japón.

En este sentido la llegada de las nuevas tecnologías con Internet a la cabeza, nos abre las puertas definitivamente y (para bien o para mal) un mundo nuevo nos invade.En consecuencia el rock japonés fue a priori obviado y silenciado por la inevitable ignorancia y negocio aparte, por la normativa del desconocimiento típico de la crítica occidental.

Stornu Yamashta

Los que no comemos con palillos y no bebemos sake tendemos a defender unos valores y unas odiosas comparaciones establecidas en tomo a unos supuestos cánones de calidad. La mentalidad del europeo o del yanqui está llena de prejuicios. Lo que no es nuestro carece de valor o tiene  bastante menos. Hecho el dogma la estupidez ya no tiene límites. La cultura se vicia y se contamina
de tal modo que la tendencia a ridiculizar y menospreciar lo que se desconoce o esta fuera de ..forma parte intrínseca e indisoluble de nuestra querida condición y de nuestro patrimonio.

Romper los lazos que nos unen a todo concepto y educación sospechosa recibida, es deber de todo individuo Inteligente y creativo que se precie. A este respecto nuestra mentalidad occidental no tiene porqué ajustar a la comodidad de nuestros parámetros el mundo propio de los asiáticos en términos de bueno
o malo, bello o feo porque de hecho, Japón probablemente nos da mil vueltas en términos de estética, refinamiento y buen gusto.

Motoi Sakuraba

La búsqueda constante de la belleza, del equilibrio y perfección de las formas es patrimonio milenario en la cultura y tradición niponas y así lo han reflejado todas sus manifestaciones y expresiones artísticas a través de los tiempos. Pero a mi juicio lo que diferencia principalmente a Japón de occidente, a parte de los convencionalismos sociales tan diferentes, es su absoluta indiferencia al ridículo y su ausencia de prejuicios. Por el contrario son muy celosos de su intimidad y no son partícipes de dar el coñazo a los demás con su vida privada.

En contrapartida, para los japoneses la pérdida del honor y la dignidad o el sentir que han fallado es un drama y una vergüenza muy arraigado en su cultura. En España por el contrario la deshonra y la deshonestidad están totalmente bien vistos e incluso se alardea de ello y se presume para ver quién es más rufián y más canalla. Se que todos estos conceptos entre culturas suenan a tópicos generalizados pero también sabemos que hay mucho de verdad en ello.

Los orientales no ocultan sus sentimientos y sus gustos como hacemos nosotros según nos convenga, o al menos no tan descaradamente. Si algo les gusta o les entusiasma lo hacen y punto. Sus inclinaciones artísticas se desarrollan con mucha más naturalidad. Si se sienten, indistintamente si procede o no, infantiles, exagerados, estrambóticos, épicos, profundos, extraños, frikis, tristes o alegres, desmadrados, fantasiosos, vulgares. creativos, irreverentes, chistosos tontos, cursis o incluso ridículos (humor amarillo viene a cuento), no tienen ningún problema en mostrarlo en cualquier faceta. Por eso la música que realizan en este sentido está totalmente despojada de prejuicios o de modas.


Lo que para nosotros se interpreta como kitsch o trasnochado para ellos es natural o simplemente divertido. En definitiva carecen por completo de los miramientos y del "que dirán" que tanto trastornan y avergüenzan al hierático y encorsetado occidental. Por otra parte el japonés posee una ingenua curiosidad innata y lo digo con más virtud que sentido peyorativo. Son como niños que todo les atrae. Les interesa todo globalmente hablando. Yo diría que son cultos por naturaleza. A ellos les atrae lo nuestro. Nuestra cultura y nuestra historia, pero en un sentido inversamente proporcional a lo que ellos nos interesan a nosotros. Así nos va. Una lástima porque los japoneses son un pueblo fascinante y extraordinario. 

El eterno tópico es considerar a Japón como el imitador de todo. Copiones de todo lo copiable. Pero tengo que decir que desgraciadamente para nosotros lo que normalmente consideramos copias superan con creces en calidad a nuestros queridos originales. Esto debe hacemos pensar que es la clave para entender muchas cosas de ellos y de su manera de ser. El clásico gañán español diría que se quite el shushi teniendo la tortilla de patata y yo le diría a él
que nosotros hacemos muy mal el shushi pero que sin embargo ellos construyen unas guitarras clásicas españolas infinitamente superiores en calidad a las nuestras, y espera que descubran como
elaborar artesanalmente el jamón de pata negra porque entonces lo tendremos claro y que dios asista al guijuelo y al jabugo.

Los japoneses lo que hacen lo hacen bien y punto. Si algo se les puede achacar es su permanente sentido del perfeccionismo y su infinita paciencia.

 Terutsugu Hirayama

Paradójicamente cuando el rock progresivo desaparece de la escena internacional a finales de los años 70 es cuando Japón goza de un esplendor interno del estilo y aunque durante las dos décadas anteriores si hubo bastantes grupos de rock japoneses, es a partir de los años 80 y parte de los 90 cuando el rock sinfónico y las diversas fusiones de músicas progresivas se encuentran cómodos y
tienen cierta popularidad entre las jóvenes audiencias japonesas. La proliferación de grupos durante este tiempo daría lugar a un movimiento que en años posteriores volvería locos a los coleccionistas y melómanos de todo el mundo. Solo a través de la importación de sellos autóctonos como Made In Japan Records o Belle Antique sería posible conseguir aquellas pequeñas joyas aunque evidentemente a precios muy elevados. Los franceses Musea a este respecto hicieron una encomiable labor reeditando algunos discos para Europa a precios más asequibles.

El rock progresivo japonés fue un fenómeno históricamente atípico y eso influye en parte sin duda en su revalorización y en su leyenda.

Las formas progresivas de occidente no fueron ajenas al estilo nipón, de hecho las principales influencias parten de grandes clásicos como Genesis, Yes, King Crimson, UK, Camel, ELF o Renaissance. También la escuela italiana de unos Banco o Premiata y curiosamente el llamado sonido Canterbury muy a lo Hatfield and the North principalmente.

En general tanto el sinfónico, el jazz, la fusión, la clásica, el folk o la vanguardia (R.I.O, Zeulth etc) aparecen disgregados en multitud de estilos.La característica que define a los grupos japoneses es la precisión técnica y el cuidado con que graban sus producciones.

En cuanto a la temática ponen mucho énfasis en las composiciones fantasiosas. No en vano Japón posee una rica tradición literaria fantástica y mitológica y que mejor que llevar al rock sinfónico tales historias.

Una constante en todas las bandas que he escuchado y ya son muchas, es su alto nivel instrumental. Tocan perfectos y esto es una garantía que eleva mucho el interés en ellos. También se les acusa de fríos, sistemáticos y hasta rutinarios. Impresión que desaparece conforme penetras en su escucha y en ese sentido hay que ponerles mucha atención porque son muy detallistas. Gustan del preciosismo y de la melodía fina. Unas veces muy complejos, otras ampulosos y épicos y otras rozan una orquesta de cámara o una canción infantil. Por lo general en los grupos más inclinados al clasicismo sinfónico las composiciones son muy ricas en melodías y destilan una irresistible ternura.

Aunque por lo general abundan los pasajes instrumentales francamente creativos, las voces la mayoría femeninas, le dan su toque de personalidad. Efectivamente cantan el japonés salvo pocas
excepciones. La voz es un sello característico y advierto desde el principio que no es fácil entrar en ellas. Muchos de mis amigos se echan atrás cuando escuchan a una cantante japonesa. A mi me parecen unas voces preciosas pero me ha costado tiempo adaptarme. El timbre de voz es mucho más agudo y hasta chillón en algún momento (acordaros de Kate Bush) y las armonías a veces te
desorientan. Son otra mentalidad y requiere cierto esfuerzo acostumbrarse. A fuerza de escucharlas te aseguro que te llegan a encantar porque algunas son realmente maravillosas. También las hay que entonan al gusto occidental y no hay mayor problema. Apuntar aquí que la práctica totalidad de cantantes y músicos japoneses tienen estudios musicales y base académica.

Para terminar esta introducción y antes de pasar a hablar de cada uno de ellos, quiero recalcar que es fundamental para el que quiera iniciarse en los grupos japoneses que se libre de todo prejuicio y de toda historia que le hayan contado. Si no hace esto se perderá discos verdaderamente fabulosos. Muy importante también aunque sea innecesario decirlo, que cuanta más base musical tengas
mucho mejor.

Como todo en la vida cuanta más experiencia tengamos mejor disfrutaremos de las cosas.




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